Esta semana, el pediatra e investigador Enrique Gómez reflexiona sobre cómo la búsqueda del bienestar para los más jóvenes hace que los padres recurran a sustancias que se publicitan todo el día. Aquí analizaremos, por edades, qué está recomendado, a qué le falta evidencia y qué no se debe hacer.

Por Enrique Gómez, MD, MSc.*

Los padres quieren lo mejor para sus hijos. Por eso no es extraño que cada año aumente el consumo de vitaminas, probióticos, omega-3 y otros suplementos en niños y adolescentes. Sin embargo, que un producto se venda sin receta o tenga una etiqueta atractiva no significa que sea necesario o beneficioso.

La mayoría de los niños sanos obtiene todos los nutrientes que necesita a través de una alimentación equilibrada. Los suplementos pueden ser útiles en situaciones específicas, pero también pueden generar gastos innecesarios e incluso riesgos cuando se utilizan sin supervisión médica.

Desde el nacimiento hasta los 12 meses

Lo recomendado: La vitamina D es uno de los pocos suplementos con recomendación universal. Los lactantes alimentados con leche materna deben recibir 400 UI diarias desde los primeros días de vida, con el respaldo de la Academia Americana de Pediatría (AAP) y la OMS, para prevenir el raquitismo y asegurar el desarrollo óseo. En bebés prematuros también se recomienda hierro durante los primeros meses para prevenir la anemia ferropénica.

Lo que no está claro: Algunas cepas específicas de probióticos pueden reducir la duración de ciertas diarreas o la diarrea asociada a antibióticos, pero no existe evidencia suficiente para recomendar su uso diario en lactantes sanos.

Lo que no se recomienda: No se aconseja administrar multivitamínicos de rutina a bebés sanos con crecimiento adecuado. Tampoco productos para “fortalecer las defensas” o “estimular el desarrollo cerebral” sin indicación médica.

De 1 a 5 años: la etapa de los hábitos

Durante estos años se consolidan las preferencias alimentarias que acompañarán al niño toda la vida.

Lo recomendado: A partir del primer año, los niños necesitan aproximadamente 600 UI diarias de vitamina D. El hierro sigue siendo fundamental. En Perú, donde el 40,1% de niños de 6 a 36 meses padece anemia, la prioridad debe ser el plato, no el frasco. El Instituto Nacional de Salud recomienda incluir al menos dos cucharadas diarias de alimentos de origen animal ricos en hierro: sangrecita, bazo, hígado de pollo, bofe, carne de res o pescado oscuro como bonito y jurel. Para potenciar la absorción del hierro vegetal de lentejas, quinua o frejoles, combínelos con limón, naranja o camu camu.

Lo que no está claro: Los probióticos continúan siendo un área de investigación activa. Algunos estudios sugieren posibles beneficios sobre infecciones respiratorias o alergias, pero los resultados son inconsistentes y no permiten recomendaciones generales.

Lo que no se recomienda: No existe evidencia sólida de que los multivitamínicos aumenten el apetito, mejoren el crecimiento o incrementen la inteligencia en niños sanos.

De 6 a 12 años: la edad escolar

Es frecuente que durante esta etapa aparezcan preocupaciones sobre rendimiento académico y concentración.

Lo recomendado: La principal recomendación sigue siendo una alimentación variada que incluya frutas, verduras, proteínas, lácteos, cereales integrales y actividad física regular. Los suplementos solo son necesarios cuando existe una deficiencia documentada.

Lo que no está claro: Los omega-3 han generado interés por su papel en el desarrollo cerebral. Aunque algunos estudios muestran pequeños beneficios en atención, las revisiones Cochrane concluyen que los efectos son modestos y no sustituyen los tratamientos establecidos para el TDAH. La vitamina C y el zinc pueden reducir ligeramente la duración de algunos resfriados, pero no previenen la mayoría de infecciones.

Lo que no se recomienda: No existen vitaminas que mejoren significativamente las calificaciones escolares o aumenten la inteligencia de niños sanos. Las promesas de “memoria”, “concentración” o “desarrollo cerebral superior” rara vez están respaldadas por evidencia sólida.

De 13 a 18 años: adolescencia

La adolescencia es una etapa de rápido crecimiento y mayores necesidades nutricionales.

Lo recomendado: Las adolescentes presentan mayor riesgo de deficiencia de hierro por la menstruación. Ante síntomas como fatiga o palidez, es importante realizar una evaluación médica antes de iniciar suplementos. Los adolescentes con dietas vegetarianas estrictas pueden requerir vigilancia de vitamina B12, hierro, calcio y vitamina D.

Lo que no está claro: Los suplementos proteicos para mejorar el rendimiento deportivo no suelen ser necesarios si la alimentación es adecuada. En la mayoría de los casos, las necesidades de proteínas se cubren con alimentos convencionales.

Lo que no se recomienda: Los quemadores de grasa, potenciadores musculares o productos para aumentar masa muscular pueden contener sustancias peligrosas y no deben usarse sin supervisión profesional. Tampoco se recomiendan megadosis de vitaminas para aumentar energía, estatura o rendimiento académico.

Recomendaciones finales para padres

  • La mayoría de los niños sanos no necesita multivitamínicos diarios.
  • La vitamina D es uno de los pocos suplementos recomendados rutinariamente durante la infancia temprana.
  • El hierro debe administrarse únicamente bajo indicación médica o en situaciones de riesgo reconocido; en casa, priorice la alimentación real.
  • Los probióticos pueden ser útiles en enfermedades específicas, pero no como suplemento diario universal.
  • No existen vitaminas que aumenten la inteligencia ni garanticen mejores notas.
  • Desconfíe de productos que prometan resultados rápidos o extraordinarios.
  • Nunca administre megadosis pensando que “más es mejor”; las vitaminas en exceso pueden intoxicar.
  • Consulte siempre con su pediatra antes de iniciar cualquier suplemento.

La nutrición infantil no se encuentra en una pastilla. Aunque algunos suplementos tienen un papel importante en situaciones específicas, la evidencia demuestra que la salud de los niños y adolescentes depende mucho más de sus hábitos diarios que de cualquier producto comercial. Antes de comprar un suplemento, vale la pena hacerse una pregunta sencilla: ¿mi hijo necesita realmente este producto o necesita mejorar su alimentación?