Cuidar el corazón y los vasos sanguíneos es fundamental para evitar microinfartos cerebrales silenciosos, según advierte el neurólogo Bryan Woodruff.
El cerebro, al igual que cualquier otro órgano de nuestro cuerpo, depende por completo del sistema cardiovascular. Por esta razón, las mismas decisiones asociadas al estilo de vida que nos ayudan a reducir el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, cáncer o diabetes, tienen también un impacto directo en la protección de nuestra salud cerebral. Así lo explica el Dr. Bryan Woodruff, neurólogo cognitivo de Mayo Clinic en Arizona, Estados Unidos, quien destaca la profunda conexión que existe entre el bienestar corporal y el rendimiento de nuestra mente.
A las puertas de celebrarse el Día Mundial del Cerebro, este 22 de julio, el especialista señala que, si bien el origen de la enfermedad de Alzheimer se vincula tradicionalmente con la acumulación de proteínas tau anómalas y placas de beta amiloide, los análisis científicos post mórtem revelan otros factores críticos. Con mucha frecuencia, los investigadores descubren una acumulación excesiva de grasas y colesterol en los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro, sumado a evidencias de accidentes cerebrovasculares microscópicos, conocidos técnicamente como microinfartos cerebrales.
Los peligros del daño silencioso
A diferencia de los accidentes cerebrovasculares comunes, que presentan alertas evidentes como dificultades para hablar o entumecimiento corporal, los microinfartos son completamente silenciosos.

Sin embargo, a medida que estos episodios microscópicos se acumulan en el tiempo, el tejido cerebral se ve privado de oxígeno y nutrientes esenciales. “Si se acumulan suficientes alteraciones microvasculares, pueden aparecer síntomas como lentitud del pensamiento y dificultades de concentración”, advierte el Dr. Bryan Woodruff de Mayo Clinic.
La buena noticia es que nunca es demasiado tarde para introducir cambios que protejan al cerebro. El Dr. Bryan Woodruff detalla las principales recomendaciones prácticas para construir una sólida reserva cognitiva:
- Controlar los factores de riesgo del corazón: Es indispensable vigilar la hipertensión arterial, los niveles inadecuados de colesterol y la glucosa alta. Asimismo, se debe mantener un peso saludable y evitar por completo el consumo de tabaco.
- Adoptar una alimentación cardiosaludable: Dietas como la mediterránea o la Dieta Mayo Clinic, enfocadas en alimentos integrales, vegetales y frutas mínimamente procesadas, ayudan notablemente a controlar la grasa corporal y la inflamación crónica.
- Garantizar un descanso óptimo: Diversas investigaciones asocian el insomnio crónico con el deterioro cognitivo, además de elevar el riesgo de sufrir diabetes e hipertensión.
- Mantener una vida social activa: La interacción social estimula la liberación de dopamina y serotonina, neurotransmisores que mejoran el estado de ánimo. También favorece la creación de nuevas conexiones neuronales.
- Tratar la pérdida de visión y audición: Las fallas sensoriales aíslan a las personas. “Si no lo ve o no lo oye, no puede codificarlo ni recordarlo”, explica el especialista.
- Realizar actividad física y mental: El sedentarismo duplica las tasas de deterioro cognitivo. Enfrentar al cerebro al reto de aprender habilidades nuevas de manera continua genera una “cuenta de ahorros” o reserva cognitiva frente a los problemas neurodegenerativos.
El Dr. Woodruff forma parte de un equipo en Mayo Clinic enfocado en lograr diagnósticos mucho más tempranos de la demencia y el deterioro cognitivo leve. De acuerdo con el experto, contar con herramientas de detección precoz —como los nuevos biomarcadores y exámenes de sangre— resulta esencial para que los tratamientos actuales y futuros logren ralentizar o detener el avance de la enfermedad con éxito.
*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.

