Esta semana, la oftalmóloga Gladys Mora se centra en la miopía. Nos detalla qué está pasando a nivel global, por qué está aumentando tanto, cómo se diagnostica y por qué es crucial detectarla temprano –idealmente antes de los 8 a 10 años-, cuando el sistema visual aún está en desarrollo.

Por Gladys Mora, oftalmóloga

La miopía ha dejado de ser una excepción en edades tempranas: lo que antes era poco frecuente a los 6 a 8 años, hoy se observa cada vez más incluso en preescolares. No se trata solo de “necesitar gafas”: es un cambio estructural del ojo que, si progresa sin control, aumenta el riesgo de problemas importantes en la edad adulta (desprendimiento de retina, glaucoma, degeneración macular miópica).

¿Qué es la miopía y por qué importa?

La miopía es un defecto de enfoque en el que las imágenes se forman por delante de la retina porque el ojo es “demasiado largo” (aumento de la longitud axial) o la córnea/lente son demasiado potentes. El resultado: se ve bien de cerca, pero borroso de lejos.

Más allá de la molestia inmediata (no ver la pizarra, entrecerrar los ojos, cansancio visual), la miopía alta se asocia a complicaciones oculares a lo largo de la vida. Frenar su progresión en la infancia reduce ese riesgo futuro.

Epidemiología: un aumento imparable a nivel global

Los datos recientes dibujan una tendencia clara y preocupante:

  • La prevalencia global de miopía en niños y adolescentes pasó de ~24% en 1990 a ~36% en el 2023, y se proyecta que alcance ~39–40% en el 2050.
  • En grandes ciudades, se estima que 1 de cada 3 niños y adolescentes ya es miope, con un incremento sostenido desde los años 90.
  • En España, estudios locales muestran que la miopía casi se triplica entre los 8 y los 12 años: de ~12% a los 8–9 años a ~29% a los 12.

Distribución global (patrón general):

  • Asia Oriental y Sudeste Asiático: prevalencias muy altas en adolescentes (en algunos entornos urbanos >80% en jóvenes).
  • Europa y América del Norte: aumentos rápidos en las últimas décadas, especialmente en entornos urbanos y educativos exigentes.
  • América Latina y otras regiones: tendencia al alza, con cifras elevadas en grandes ciudades.

Factores de riesgo: ¿por qué está aumentando tanto?

La miopía es multifactorial: influyen genes y ambiente. Lo clave es que los factores ambientales explican gran parte del “ritmo” del aumento reciente.

Factores no modificables

  • Antecedentes familiares: tener uno o ambos padres miopes aumenta considerablemente el riesgo y tiende a adelantar la edad de inicio.
  • Etnia y sexo: algunos estudios muestran mayor riesgo en ciertos grupos y una progresión algo más rápida en niñas.

Factores modificables (los que sí podemos actuar)

  • Exceso de trabajo visual de cerca: lectura continua, deberes, móviles/tablets a distancias muy cortas (<20–30 cm) y durante periodos largos sin pausas (>45 min).
  • Pantallas: el uso prolongado de dispositivos de mano se asocia a mayor probabilidad de miopía; el riesgo se hace más claro al superar ~1 hora/día y crece entre 1–4 horas diarias. Cada hora extra se ha relacionado con ~21% más de riesgo en metaanálisis recientes.
  • Poco tiempo al aire libre: la falta de exposición a luz natural es uno de los factores de riesgo más consistentes. Pasar 1–2 horas diarias en exteriores se asocia a menor aparición y progresión de miopía.
  • Iluminación y distancia: el riesgo parece vincularse más al tiempo enfocado de cerca en ambientes poco iluminados que a la “luz azul” en sí.

En resumen: no es solo “la pantalla”, es la combinación de mucho trabajo de cerca + poca luz natural + distancias muy cortas + pocos descansos.

Cómo se diagnostica la miopía

El diagnóstico lo realiza un oftalmólogo (o un optometrista con derivación si hay hallazgos relevantes) mediante:

  • Agudeza visual (letras o símbolos a distancia).
  • Refacción (graduación), idealmente con ciclopléjico en niños (gotas que “paralizan” temporalmente el enfoque) para evitar sobreestimaciones por espasmo acomodativo.
  • Examen del segmento anterior y fondo de ojo, para descartar otras causas y valorar la salud retiniana.
  • En casos seleccionados, medición de la longitud axial (biometría), útil para seguir la progresión y ajustar estrategias de control.

Signos que deberían alertar a las familias:

  • Entrecerrar los ojos para ver la tele o la pizarra.
  • Acercarse mucho al libro/pantalla.
  • Dolor de cabeza o cansancio visual tras leer.
  • Bajo rendimiento escolar o quejas de “no ver bien de lejos”.  

Por qué es crucial diagnosticar temprano

Hay dos razones principales:

  1. Ventana de desarrollo visual: el sistema visual madura aproximadamente hasta los 8–10 años. Detectar y corregir problemas antes de esa edad permite un desarrollo visual más sano y reduce el riesgo de ambliopía (“ojo vago”) asociada a defectos no corregidos.
  2. Control de la progresión: cuanto antes empieza la miopía, más años tiene para progresar y mayor será la miopía final. Identificarla en etapas iniciales permite aplicar medidas de control (gafas especiales, lentes de contacto específicas, colirios de atropina a bajas dosis, cambios de hábitos) que pueden frenar su avance.

Recomendaciones prácticas de cribado:

  • Revisiones rutinarias: al nacimiento, 6 meses, 1 año, 3 y 5 años; luego anuales, especialmente si hay síntomas o antecedentes familiares.
  • A partir de los 3 años, revisiones oculares anuales ayudan a detectar anomalías a tiempo.
  • No esperar a que “no vea la pizarra”: muchos niños solo son diagnosticados cuando el rendimiento baja o la visión de lejos ya está muy afectada.

Qué pueden hacer las familias en casa

  • Más exterior: procurar 1–2 horas diarias de juego/actividad al aire libre.
  • Regla del 20-20-20 (adaptada a niños): cada ~20 minutos de trabajo de cerca, mirar a >6 metros durante ~20 segundos; añadir pausas activas cada 30–45 minutos.
  • Distancia y postura: mantener libros/pantallas a ≥30–40 cm; evitar el móvil muy cerca de la cara.
  • Iluminación adecuada: trabajar con buena luz ambiental, no a oscuras.
  • Limitar pantallas recreativas: especialmente en menores de 6 años y en sesiones largas; priorizar actividades variadas.

Mensaje clave para padres y educadores

La miopía está aumentando de forma acelerada, pero no es inevitable ni incontrolable. Los factores ambientales tienen un peso enorme y son modificables. Detectarla pronto —idealmente antes de los 8 a 10 años— permite corregir la visión, mejorar el rendimiento y, lo más importante, frenar su progresión para proteger la salud ocular a largo plazo.

Si tu hijo se acerca mucho a los libros, entrecierra los ojos o se queja de no ver la pizarra, no esperes: programa una revisión oftalmológica. Y, en el día a día, prioriza el tiempo al aire libre y los descansos visuales: son las “vacunas” más sencillas y efectivas que tenemos hoy contra la epidemia de miopía.