La infancia se ha trasladado progresivamente al interior de las casas, las aulas y los automóviles. La evidencia indica que este cambio no solo reduce la actividad física: también puede afectar la visión, el sueño, la salud mental y la regulación inmunológica. El pediatra, neonatólogo e investigador Enrique Gómez reflexiona sobre este tema.
Los más chicos de la casa pasan hoy más tiempo entre paredes que bajo el cielo. La evidencia sugiere que este cambio no solo reduce la actividad física: también puede influir en la visión, el sueño, la salud mental y la regulación del sistema inmunológico.
Durante gran parte de la historia humana, el ambiente natural fue el escenario habitual de la niñez. Los niños corrían, trepaban, miraban a lo lejos, se guiaban por la luz del día y convivían con tierra, plantas, animales y otros niños como parte normal de la rutina. No era una actividad “extra”. Era la vida cotidiana.
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En pocas décadas, ese escenario cambió. Una parte creciente del día transcurre ahora dentro de viviendas, automóviles, escuelas y centros comerciales, con iluminación artificial, menos movimiento espontáneo y presencia constante de pantallas. En ese contexto ha surgido la idea de la “generación indoor”: niños que crecen predominantemente bajo techo, con menor exposición a la luz natural, los espacios verdes y la biodiversidad ambiental.
Esto no significa que vivir puertas adentro cause por sí solo obesidad, ansiedad, miopía, trastornos del sueño o alergias. Todas estas condiciones tienen causas complejas. Pero la disminución del tiempo al aire libre puede ser uno de los factores ambientales que contribuyen, al mismo tiempo, a varios de estos problemas.
Mucho más que hacer ejercicio
Con frecuencia se considera que jugar afuera sirve principalmente para aumentar la actividad física. Esa explicación es incompleta. El ambiente exterior combina varios estímulos biológicamente relevantes: luz natural de alta intensidad, movimiento, visión a diferentes distancias, interacción social y contacto con microorganismos ambientales.
Además, los niños suelen realizar movimientos más variados e intensos cuando juegan al aire libre. Correr, saltar, trepar, cambiar de dirección y desplazarse sobre superficies irregulares contribuye al desarrollo del equilibrio, la coordinación, la fuerza y la percepción espacial. No todo este movimiento tiene que ocurrir mediante deportes organizados. Caminar, montar bicicleta o jugar libremente también cuentan.
Sin embargo, la posibilidad de salir no depende únicamente de las decisiones familiares. La disponibilidad de parques, la seguridad del vecindario, el tráfico, las condiciones climáticas y las jornadas laborales de los padres influyen considerablemente. En América Latina, recomendar más actividad al aire libre sin considerar la inseguridad y la desigualdad en el acceso a espacios verdes sería una simplificación. La generación indoor es también un problema de planificación urbana y salud pública.
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Los ojos necesitan un mundo abierto
Uno de los beneficios mejor documentados del tiempo al aire libre es la prevención de la miopía. Esta condición aparece cuando el ojo crece excesivamente en sentido axial y las imágenes se enfocan por delante de la retina. Aunque existe una predisposición genética, su rápido aumento en numerosos países demuestra que el ambiente también tiene un papel importante.
Los estudios muestran que los niños que pasan más tiempo al aire libre presentan menor riesgo de desarrollar miopía. Las intervenciones escolares que aumentan el tiempo exterior también han mostrado efectos preventivos, especialmente antes de que la miopía aparezca. El beneficio parece ser menos pronunciado para detener la progresión cuando la condición ya está establecida.
La explicación no se reduce a “usar menos pantallas”. La luz exterior tiene una intensidad muy superior a la de interiores y estimula señales en la retina que ayudan a regular el crecimiento del ojo. Además, jugar afuera obliga a alternar la mirada entre distintas distancias y reduce los periodos prolongados de visión cercana.
Un metaanálisis reciente de 45 estudios, con más de 335.000 participantes, encontró una asociación dosis-respuesta entre el tiempo de pantalla y la probabilidad de miopía. Este resultado no demuestra que cada hora frente a una pantalla produzca directamente la enfermedad, pero refuerza la necesidad de equilibrar el trabajo visual cercano con actividades exteriores.
Dormir de noche comienza con la luz del día
Permanecer demasiado tiempo bajo techo también reduce la exposición a luz natural, una señal esencial para sincronizar el reloj biológico. La luz de la mañana ayuda a ordenar los ritmos circadianos, mientras que las pantallas y la iluminación intensa por la noche pueden retrasar la señal de sueño.
La melatonina es una hormona que el organismo produce principalmente durante la noche. No funciona como un sedante convencional, sino como una señal biológica que informa al cerebro que ha llegado el momento de dormir. Por ello, antes de añadir melatonina desde un frasco, debemos preguntarnos si el niño está recibiendo las señales ambientales necesarias para producirla y liberarla adecuadamente.
El uso pediátrico de suplementos de melatonina ha aumentado considerablemente. Entre el 2012 y el 2021, los centros de toxicología de Estados Unidos registraron un incremento del 530% en las exposiciones pediátricas, principalmente por ingestas accidentales en niños pequeños. También existen dudas sobre la precisión de las dosis comerciales. Un análisis de 25 marcas de gomitas encontró cantidades reales muy variables y, en un producto, ausencia de melatonina detectable.
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La melatonina puede ser útil en indicaciones específicas, pero no debería reemplazar las medidas básicas de higiene del sueño. A veces intentamos corregir con un suplemento un desajuste que empezó en el ambiente.
Naturaleza, atención y salud mental
Numerosos estudios han encontrado asociaciones entre una mayor exposición a espacios verdes y mejores indicadores de bienestar psicológico, atención y regulación emocional. Los mecanismos propuestos incluyen reducción del estrés, restauración de la atención, mayor actividad física, menor exposición al ruido y más oportunidades de interacción social.
Estas asociaciones deben interpretarse con cautela. Las familias que viven cerca de parques pueden diferir en nivel socioeconómico, contaminación, seguridad y acceso a servicios. Por tanto, no se puede afirmar que los espacios verdes, por sí solos, prevengan la ansiedad o los problemas de atención.
Aun así, la consistencia de los hallazgos sugiere que la naturaleza ofrece una experiencia difícil de reproducir en el ambiente digital. Las pantallas dirigen la atención mediante estímulos rápidos y recompensas inmediatas. El juego exterior exige que el niño decida qué observar, cómo moverse, qué construir y cómo responder a un entorno cambiante.
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La biodiversidad también educa al sistema inmunológico
El sistema inmunológico madura mediante la interacción con los microorganismos que habitan el cuerpo y el ambiente. En un estudio realizado en guarderías de Finlandia, investigadores incorporaron suelo forestal, césped y vegetación en patios previamente cubiertos con grava. Después de 28 días, los niños presentaron cambios en la microbiota de la piel y en marcadores inmunológicos relacionados con una mejor regulación de la inflamación.
El estudio no demuestra que jugar en la tierra prevenga por sí solo el asma, las alergias o las enfermedades autoinmunes. Sí demuestra que modificar la biodiversidad del entorno infantil puede producir cambios biológicos medibles en pocas semanas.
La salud inmunológica no depende de eliminar todos los microbios, sino de mantener contacto con una comunidad microbiana diversa mientras se aplican medidas de higiene contra los patógenos que realmente causan enfermedad.
Devolverles el mundo real
La solución no consiste simplemente en prohibir pantallas. Es más efectivo añadir actividades exteriores a la rutina: caminar después de la escuela, utilizar parques cercanos, favorecer recreos al aire libre y buscar exposición a luz natural durante la mañana.
Como objetivo práctico, puede procurarse que los escolares acumulen alrededor de dos horas diarias al aire libre, aunque esta cifra no representa un umbral rígido ni garantiza la prevención de enfermedades. También deben alcanzar, en promedio, al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa.
Para favorecer el sueño, es importante combinar luz natural durante el día con horarios consistentes, actividad física y reducción de la iluminación y las pantallas antes de acostarse. La melatonina debe utilizarse con una indicación clara y orientación profesional.
Durante miles de años, los niños no “salían a la naturaleza”. Crecían dentro de ella. Tal vez la pregunta no sea únicamente cuánto tiempo de pantalla debemos quitarles, sino cuánto mundo real estamos dispuestos a devolverles.
Cinco ideas clave
- Jugar afuera no solo mejora la actividad física; también aporta luz natural, visión a distancia, movimiento variado y contacto con biodiversidad.
- Más tiempo al aire libre se asocia con menor riesgo de miopía, sobre todo antes de que aparezca.
- La luz natural diurna ayuda a regular el sueño; no todo problema para dormir requiere melatonina.
- Los espacios verdes pueden favorecer el bienestar emocional y la atención, aunque la relación no depende solo del parque en sí.
- La “generación indoor” no es solo un asunto de hábitos familiares; también refleja problemas de urbanización, seguridad y acceso desigual a espacios saludables.
REFERENCIAS
- World Health Organization. Global Status Report on Physical Activity 2022. Geneva: WHO; 2022.
- World Health Organization. Guidelines on Physical Activity and Sedentary Behaviour. Geneva: WHO; 2020.
- Mei Z, et al. Efficacy of outdoor interventions for myopia in children and adolescents: a systematic review and meta-analysis. Frontiers in Public Health. 2024.
- Ha A, et al. Digital screen time and myopia: a systematic review and dose-response meta-analysis. JAMA Network Open. 2025.
- Roslund MI, et al. Biodiversity intervention enhances immune regulation and health-associated commensal microbiota among daycare children. Science Advances. 2020.
- Lelak K, et al. Pediatric melatonin ingestions—United States, 2012–2021. MMWR Morbidity and Mortality Weekly Report. 2022.
- Cohen PA, et al. Quantity of melatonin and CBD in melatonin gummies sold in the United States. JAMA. 2023.
- International Myopia Institute. Clinical Myopia Management Guidelines Report. 2023.
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