Muchos la recomiendan, algunos las usan y hay otros que dicen que no funcionan. El consumo de melatonina (sobre todo en presentaciones muy atractivas) cada vez se hace más común. ¿Pero qué sabemos sobre su eficacia, las dosis y sobre el uso prolongado? El pediatra e investigador Enrique Gómez nos cuenta sobre este importante tema.
Son las diez de la noche y un niño sigue despierto. Mañana tiene colegio, los padres están agotados y alguien recuerda las gomitas de melatonina que compraron en la farmacia. “Es natural”, piensan. “¿Qué daño puede hacer?”
La melatonina se ha convertido en una ayuda cada vez más popular para los problemas de sueño en niños y adolescentes. Y existe una razón: en algunos casos puede ser útil. Pero que algo sea natural y se venda sin receta no significa que deba utilizarse como si fuera una vitamina.
La melatonina es una hormona que nuestro propio cerebro produce cada noche. Su función principal no es “apagar” el cerebro, sino señalarle al organismo que ha llegado la noche y ayudar a sincronizar nuestro reloj biológico. Por eso, antes de utilizarla debemos entender qué problema estamos intentando resolver.
No es un sedante
Al disminuir la luz al final del día, una pequeña estructura cerebral llamada glándula pineal comienza a liberar melatonina. Sus niveles aumentan durante la noche y disminuyen nuevamente con la llegada de la mañana.
Podemos imaginarla como una señal biológica que le dice al organismo: es hora de prepararse para dormir.
Esta diferencia importa. Un niño que permanece despierto porque utiliza videojuegos hasta medianoche, consume cafeína por la tarde o no tiene una rutina estable probablemente no tiene un problema que pueda solucionarse simplemente agregando melatonina.
En cambio, puede ser útil cuando existe dificultad persistente para iniciar el sueño pese a mantener buenos hábitos, cuando el reloj circadiano está desajustado o en algunos niños con condiciones del neurodesarrollo.
Por eso, antes de pensar en una gomita, la primera intervención debería seguir siendo proteger el horario, disminuir la estimulación nocturna, limitar las pantallas y establecer una rutina predecible.
¿Realmente funciona?
Sí, pero el beneficio suele ser más modesto de lo que su popularidad podría sugerir. La evidencia indica que la melatonina puede ayudar a algunos niños y adolescentes a conciliar el sueño más rápidamente y, en determinadas situaciones, aumentar modestamente el tiempo total de sueño.
Sin embargo, el efecto depende de la causa del problema, la edad, la dosis y, especialmente, del momento en que se administra. No funciona igual para todos ni corrige por sí sola problemas como la apnea del sueño, ansiedad importante, síndrome de piernas inquietas o un horario que simplemente no deja suficientes horas disponibles para descansar.
En niños sanos con problemas para dormir, no debería convertirse en la primera respuesta automática. Antes deben revisarse los horarios, las rutinas y las condiciones que están interfiriendo con el sueño.
¿Qué dosis puede utilizarse?
Aquí aparece uno de los errores más frecuentes: asumir que una dosis mayor necesariamente funciona mejor. No es así.
No existe una pauta universal para todos los niños. Sin embargo, consensos internacionales recientes proponen, cuando está indicada, comenzar con dosis bajas, alrededor de 0,5 mg, y aumentarlas gradualmente solo si es necesario y bajo supervisión clínica.
Como orientación, un consenso reciente para niños con desarrollo típico sugiere no utilizarla en menores de 2 años y plantea como cantidades superiores orientativas hasta 1 mg entre los 2 y 3 años, 2 mg entre los 4 y 5, 3 mg entre los 6 y 10 y 5 mg en niños mayores y adolescentes.
Estos números son orientativos, no metas. Un adolescente no necesita 5 mg simplemente por tener 15 años. La regla debería ser exactamente la contraria: utilizar la menor dosis que produzca el efecto deseado.
Además, el momento importa tanto como la cantidad. Para algunos trastornos del reloj biológico, administrar melatonina a la hora equivocada puede disminuir su utilidad. Por eso, la pregunta no debería ser solamente “¿cuántos miligramos?”, sino también “¿para qué la estamos utilizando y a qué hora?”.
Uso ocasional y uso prolongado
No es lo mismo utilizar melatonina ocasionalmente durante un periodo corto que administrarla cada noche durante meses o años. Pero uso ocasional tampoco significa uso indiscriminado. Si un niño necesita melatonina repetidamente, conviene entender primero qué está interfiriendo con su sueño.
En el corto plazo, la evidencia disponible no muestra una señal clara de efectos adversos graves, aunque pueden aparecer efectos secundarios como somnolencia, dolor de cabeza, mareos, náuseas o cambios del estado de ánimo. Con el uso prolongado tenemos menos certezas.
Algunos estudios no han encontrado efectos importantes sobre el crecimiento o la pubertad después de dos a cuatro años de tratamiento. Sin embargo, la evidencia disponible sigue siendo limitada y existe mucha menos información cuando el uso se extiende durante muchos años. Incluso se ha planteado la posibilidad de alteraciones en el desarrollo puberal después de tratamientos muy prolongados, pero los datos actuales no permiten establecer que la melatonina sea la causa. Esto no significa que sepamos que la melatonina sea peligrosa a largo plazo.
Significa algo diferente y científicamente importante: todavía no sabemos con suficiente certeza qué ocurre cuando un niño la utiliza todas las noches durante muchos años.
Por eso, si un niño necesita melatonina de manera continua, la pregunta no debería ser solamente si funciona. También conviene revisar periódicamente por qué continúa necesitándola.
El problema de las gomitas
La melatonina puede venderse en presentaciones atractivas, con colores y sabores agradables, lo que hace fácil olvidar que estamos administrando una sustancia biológicamente activa. Además, los suplementos no siempre tienen el mismo control de calidad que los medicamentos.
En un estudio estadounidense que analizó 25 gomitas de melatonina, 22 estaban incorrectamente etiquetadas. La cantidad real encontrada oscilaba entre 74% y 347% de lo indicado en la etiqueta. Otros estudios también han encontrado una considerable variabilidad entre lo que declara el envase y lo que realmente contiene el producto.
En otras palabras, una gomita que dice contener 1 mg no necesariamente contiene exactamente 1 mg. Esto es particularmente importante cuando hablamos de niños y de dosis pequeñas.
Las presentaciones que parecen golosinas también aumentan el riesgo de ingestión accidental. Por eso deben almacenarse como cualquier otro medicamento: fuera de la vista y del alcance de los niños.
¿Cuándo puede tener sentido?
La melatonina puede ser una herramienta útil cuando existe una indicación clara. Pero antes de utilizarla de manera habitual conviene responder algunas preguntas:
- ¿El niño tiene suficientes horas disponibles para dormir?
- ¿Mantiene un horario relativamente constante?
- ¿Utiliza pantallas durante la noche?
- ¿Consume cafeína?
- ¿Existe ansiedad, ronquido u otro problema que pueda estar interfiriendo con el sueño?
Si después de corregir estos factores continúa teniendo dificultad para dormir, es razonable conversar con el pediatra sobre si la melatonina podría ayudar.
Y si ya la utiliza todas las noches, conviene revisar periódicamente si continúa siendo necesaria, en lugar de asumir que debe mantenerse indefinidamente.
Una herramienta, no una rutina
La melatonina no es enemiga del sueño infantil. Tampoco es una solución milagrosa.
Es una hormona con una función biológica específica que, utilizada correctamente, puede ayudar a determinados niños.
El problema aparece cuando deja de ser una herramienta para una situación concreta y se convierte automáticamente en parte de la rutina nocturna.
Una gomita puede ser mucho más sencilla que reorganizar horarios, retirar un teléfono del dormitorio o enfrentar la ansiedad que mantiene despierto a un adolescente. Pero sencilla no significa necesariamente mejor.
Antes de preguntarnos qué dosis de melatonina necesita un niño, deberíamos preguntarnos por qué la necesita.
Cinco ideas clave
- La melatonina es una hormona que ayuda a sincronizar nuestro reloj biológico; no es simplemente un sedante natural.
- Puede ayudar a algunos niños a iniciar el sueño, pero los hábitos y las rutinas siguen siendo la primera intervención.
- Cuando está indicada, se recomienda comenzar con dosis bajas y aumentarlas solo si es necesario. Más melatonina no significa necesariamente mejor sueño.
- El uso durante periodos cortos no ha mostrado una señal clara de efectos adversos graves, pero tenemos mucha menos información sobre el consumo diario durante muchos años.
- Si un niño necesita melatonina de manera continua, conviene revisar con su pediatra tanto la dosis como la causa del problema de sueño.






