ESET y Digipadres analizan la importancia de la higiene digital para que los menores mantengan el equilibrio, la seguridad y el control de su vida en internet.

En un contexto global donde las pantallas y la inteligencia artificial forman parte del crecimiento cotidiano, fomentar un uso consciente de la tecnología desde edades tempranas se ha vuelto una prioridad para familias y educadores. Según datos recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el uso problemático de las redes sociales en adolescentes aumentó del 7% en 2018 al 11% en el 2022, una tendencia que impacta con mayor fuerza a las niñas, alcanzando un 13% frente al 9% en los niños. Ante este panorama, la iniciativa Digipadres de Eset destaca que el desarrollo de una higiene digital sólida es la herramienta principal para que los menores se mantengan equilibrados y seguros en línea.

La higiene digital no se trata de una prohibición total, sino de una enseñanza intencionada. De hecho, investigaciones de la Academia Americana de Pediatría publicadas en el 2024 sugieren que reducir el tiempo frente a los dispositivos, en lugar de eliminarlo drásticamente, es la estrategia que mejores resultados ofrece para el bienestar de los jóvenes. El objetivo central es que los niños aprendan a interactuar con la tecnología de forma activa y no pasiva, manteniendo siempre el control sobre los contenidos que consumen o comparten.

Un factor determinante en la formación de estos hábitos es el comportamiento de los adultos. Los límites deben establecerse desde la infancia, pero es el ejemplo parental el que consolida la conducta del menor. Al respecto, Camilo Gutiérrez Amaya, Jefe del Laboratorio de Investigación de ESET Latinoamérica, explica: “El momento en que los niños empiezan a usar la tecnología es importante, pero también lo es cuánto y cuándo. No hay una regla única para todas las familias, pero los más pequeños son los que necesitan más estructura. Para los infantes, el tiempo frente a la pantalla debe limitarse a momentos breves y con un propósito, no más de 50 minutos al día, como videollamadas con familiares”.

Para lograr este equilibrio, los expertos recomiendan implementar un «Acuerdo Familiar Digital», un documento visible que rija las normas para todos los integrantes del hogar por igual. Este compromiso debe incluir la promoción de actividades físicas y al aire libre como un contrapeso necesario a la sobrecarga digital. Asimismo, se sugiere que en menores de tres años el contacto con pantallas sea extremadamente limitado y siempre con un fin educativo o comunicativo específico.

Otro concepto clave es la «desintoxicación digital», que bajo ninguna circunstancia debe ser percibida como un castigo, sino como una oportunidad de reflexión. Jarmila Tomková, psicóloga infantil, advierte que este proceso es efectivo únicamente cuando ya existe una rutina saludable previa. Según Tomková: “La desintoxicación digital solo debería ser una opción cuando el niño ya tiene una higiene digital equilibrada. De lo contrario, podría ser más perjudicial que beneficiosa”.

Finalmente, la clave reside en la comunicación constante y temprana. Luis Lubeck, Mentor Educativo y Miembro de la Comisión Directiva de la ONG Argentina Cibersegura, enfatiza la importancia de vivir de acuerdo con los límites que se imponen. “Los hábitos digitales saludables empiezan con el equilibrio, la conciencia y el ejemplo de los padres. Los niños imitan lo que ven. Si los padres navegan en la mesa o responden mensajes durante el tiempo en familia, los niños aprenden que es normal”, señala Lubeck. El mensaje para las familias es claro: al soltar el teléfono, los niños no pierden nada; por el contrario, ganan espacio para la creatividad y la conexión real con su entorno físico.

*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.