Un reciente taller y un muestreo rápido entre docentes en Arequipa reveló la familiaridad con ChatGPT, pero también la necesidad urgente de capacitación y políticas institucionales para integrar esta tecnología en los colegios.

Por Juan Carlos Luján, columnista.

No hay muchas jornadas que me dejen pensando tanto tiempo después de haber terminado. Esta fue una de esas raras excepciones. La verdad es que no había tenido tiempo para sentarme a escribir sobre esta experiencia. Se han presentado varias actividades en simultáneo, y la preparación de clases siempre resta tiempo para escribir, elaborar videos o podcasts. El sábado 28 de julio más de treinta docentes de colegios públicos y privados de Arequipa se reunieron en la Universidad Católica Santa María para preguntarse algo fundamental: ¿cómo llevamos la inteligencia artificial generativa al aula sin perder el sentido pedagógico?

La sesión fue parte del curso internacional “IA en el Aula: Guía para su comprensión y aplicación”, y me tocó facilitar el taller presencial. Pero además, tuve el privilegio de escuchar parte de la exposición del experto coreano IL Sung Park, quien soltó una frase que me sigue resonando: “Hoy en día no hay muchos expertos en la enseñanza de la IA generativa”. Y tiene razón. Apenas estamos aprendiendo a enseñarla, mientras la tecnología sigue mutando cada semana.

En la jornada participaron más de 30 de docentes procedentes de diversas instituciones educativas de Arequipa. FOTO: Juan Carlos Luján

Lo que hicimos ese sábado fue comenzar a delinear un camino posible. Sin recetas mágicas ni presentaciones efectistas con videos. Solo papelógrafos, conversación real y criterio compartido. La consigna fue clara: que cada participante se lleve algo claro, útil y aplicable a su regreso al colegio.

Diagnóstico en vivo y casos reales, sin adornos

Comenzamos con un diagnóstico participativo. ¿Qué sabemos? ¿Qué tememos? ¿Qué esperamos de la IA? En las respuestas apareció algo evidente, pero necesario de poner en palabras: hay entusiasmo y familiaridad con herramientas como ChatGPT, pero también una gran brecha sobre cómo usarlas de manera efectiva, ética y con mirada pedagógica.

Una encuesta rápida confirmó lo que ya intuíamos: muchos docentes quieren integrar la IA a sus clases, pero carecen de orientación institucional. No hay políticas claras en sus colegios y hay poca formación sobre cómo liderar proyectos con IA en distintas áreas. La urgencia de capacitar en liderazgo educativo para contextos con IA no es un lujo: es una necesidad.

Gráfico de las respuestas de Formularios. Título de la pregunta: ¿Tu institución tiene alguna política, guía o protocolo sobre el uso de IA en programas educativos?. Número de respuestas: 25 respuestas. Gráfico de las respuestas de Formularios. Título de la pregunta:  ¿Qué tan preparado te sientes para liderar proyectos de formación continua que integren IA?. Número de respuestas: 25 respuestas.

Luego aterrizamos en los prompts. Los abordamos no como fórmulas, sino como extensión del pensamiento. Si no sabemos pedir, la máquina no sabe responder. Los modelos de lenguaje no piensan por nosotros: somos nosotros quienes debemos pensar por ellos. Por eso compartí tres marcos sencillos y prácticos que vengo usando con frecuencia:

  • ABC: Actividad, Base, Condiciones.
  • ROPE: Rol, Objetivo, Proceso, Estilo.
  • STEP: Sujeto, Tarea, Especificidad, Perspectiva.

Probamos ChatGPT, Gemini y Deepseek en vivo. Generamos rúbricas, guiones, resúmenes accesibles, correos institucionales y hasta carteles escolares. Nada de efectos especiales. Queríamos ver el límite, el error, el sesgo. Porque la IA sirve solo si sabemos dónde empieza… y hasta dónde debe llegar.

«La sesión en Arequipa me recordó que la transformación educativa no empieza con la herramienta, sino con la conversación».

Papelógrafos con cabeza, corazón y contexto

El momento más valioso fue, sin duda, el trabajo en equipos. A cada grupo le pedí que propusiera entre cinco y siete lineamientos para usar IA en su colegio, organizados en cuatro categorías: Docencia, Estudiantes, Gestión Institucional y Ética y Seguridad.

Lo que escribieron a mano debería estar ya en cualquier reglamento escolar. En docencia, se pidió formación continua y tiempo formal para diseñar prompts. En el trabajo con estudiantes, se propuso evaluar procesos más que resultados y hacer obligatoria la citación del uso de IA. A nivel institucional, se sugirieron políticas claras, responsables designados y protocolos específicos. Y en lo ético, se plantearon límites para proteger la privacidad, verificar fuentes y trabajar de la mano con las familias.

Nada fue decorativo. Ningún grupo se fue por las ramas. Las propuestas fueron claras, posibles, necesarias. Porque si la IA entra al aula sin reglas ni sentido pedagógico, no estamos innovando: estamos improvisando.

La capacitación de los docentes arequipeños estuvo orientada a darle instrumentos para el trabajo con herramientas en el aula. Foto: Juan Carlos Luján

Siete principios para comenzar con buen pie

De todo lo que recogí, identifiqué siete principios que pueden servir como punto de partida para que cualquier institución educativa trace su política de uso de IA:

  1. Uso ético y trazable: toda producción con IA debe ser declarada y correctamente citada.
  2. Diseño instruccional con intención: instrucciones claras, procesos cognitivos visibles y criterios diferenciados para evaluar producto y proceso.
  3. Cierre reflexivo obligatorio: cada actividad con IA debe terminar con una pregunta que invite a pensar.
  4. Formación continua: talleres periódicos para docentes y estudiantes, con actualización semestral.
  5. Política institucional viva: protocolos con responsables, indicadores claros y calendario de revisión.
  6. Privacidad como principio: protección de datos y comunicación transparente del rol que cumple la IA.
  7. Acceso equitativo: definir una lista mínima de herramientas y garantizar que todos puedan usarlas.

Son ideas que recojo y comparto gracias a un trabajo colectivo con los docentes. La sesión en Arequipa me recordó que la transformación educativa no empieza con la herramienta, sino con la conversación. Con preguntas reales, con voluntad de aprender en comunidad y con ganas de pensar antes de hacer clic. Ese es, para mí, el verdadero punto de partida.