La centralización de especialistas en Lima agrava la detección tardía de tumores, dejando a miles de pacientes en Amazonas, Áncash, Huancavelica y Madre de Dios sin un diagnóstico oncológico a tiempo.
La lucha contra el cáncer en Perú enfrenta una barrera crítica y estructural: la alarmante escasez y la extrema desigualdad en la distribución de médicos especialistas esenciales para el diagnóstico temprano. A medida que el 2025 llega a su fin, esta brecha se consolida como uno de los mayores desafíos del sistema de salud.
Los datos del Observatorio de Recursos Humanos en Salud del Ministerio de Salud (Minsa) son reveladores, mostrando que el país solo cuenta con 154 médicos patólogos y 495 médicos radiólogos para atender a sus más de 35 millones de habitantes. Peor aún, esta limitada cantidad de profesionales se concentra de manera dramática en la capital: Lima acapara el 46,8% de todos los patólogos y el 54,8% del total de radiólogos y tecnólogos médicos del país.
Esta centralización tiene un impacto devastador en el acceso a la salud en el resto del territorio nacional. El análisis de la situación revela que cuatro regiones de Perú —Amazonas, Áncash, Huancavelica y Madre de Dios— no tienen ni un solo médico patólogo. El patólogo es el especialista clave, encargado de diagnosticar enfermedades oncológicas mediante el estudio de tejidos, fluidos corporales y células.
La carencia de estos profesionales no se limita a estas cuatro regiones. El panorama es igualmente desalentador en otras como Apurímac, Loreto, Tumbes y Ucayali, donde apenas disponen de un especialista por región. Una cifra claramente insuficiente para la atención de los miles de pacientes que requieren biopsias, citologías y otros estudios fundamentales para confirmar o descartar un cáncer.
La presidenta de Por Un Perú Sin Cáncer, Gianina Orellana, subraya la gravedad de este problema, calificándolo como una «desigualdad estructural». «No podemos hablar de un país sin cáncer si la mitad del Perú no tiene acceso a un especialista», afirmó Gianina Orellana. Para ella, la centralización en Lima es una de las barreras más graves, ya que «cada retraso en el diagnóstico —de semanas o meses— puede significar que una lesión tratable se convierta en un cáncer avanzado y mortal».
La consecuencia directa de esta escasez es que numerosas muestras biológicas deben ser enviadas a Lima para su análisis. Este proceso genera «esperas prolongadas y retrasos significativos en la entrega de resultados». Estos retrasos no solo aplazan el inicio de los tratamientos, sino que aumentan dramáticamente el riesgo de que los pacientes lleguen a etapas avanzadas de la enfermedad.
El cáncer sigue siendo una de las principales causas de mortalidad en el país. Su impacto se intensifica cuando el sistema de salud no puede garantizar un diagnóstico temprano, oportuno y, sobre todo, equitativo.
La situación impacta de manera desproporcionada a los pacientes de bajos recursos en las regiones, quienes son forzados a asumir costos de traslado, alojamiento y pérdida laboral solo para poder recibir atención especializada en la capital.
Existe una medida legal clave destinada a abordar esta crisis de centralización: la creación e implementación de la Red Oncológica Nacional, una disposición complementaria de la Ley Nacional de Cáncer. Esta red está concebida como el principal mecanismo para descentralizar la atención. Sin embargo, la iniciativa se encuentra actualmente paralizada. A más de tres años de su aprobación, no se ha desarrollado una planificación para su puesta en marcha.
Expertos y organizaciones civiles coinciden en la urgencia de actuar. El llamado es a acelerar la descentralización, mejorar la infraestructura sanitaria en las regiones y garantizar que todos los peruanos tengan un acceso oportuno a un especialista en cáncer, sin importar dónde residan. La falta de oncólogos en regiones es una prueba fehaciente de la centralización crítica que mantiene a miles de personas en situación de vulnerabilidad. El diagnóstico tardío y la falta de patólogos es una amenaza constante para la salud pública. El país no puede hablar de prevención y calidad de vida si la mitad de su población no puede acceder a un oncólogo.
*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.
Foto de Serena Koi





