En el Perú, el 20% de la población padece alergias respiratorias como rinitis alérgica o asma bronquial, sin saber que los principales desencadenantes se esconden en sus propios hogares.Un reciente estudio revela que la mayoría de las personas solo limpia cuando el polvo es visible, ignorando la presencia de partículas microscópicas que comprometen la calidad del aire que respiramos a diario.
Las enfermedades alérgicas se han convertido en una preocupación creciente en el Perú, especialmente en las zonas urbanas como Lima, donde un número cada vez mayor de personas se ve afectado. Según datos de EsSalud, aproximadamente el 20% de los peruanos sufre de alergias respiratorias, manifestándose principalmente como rinitis alérgica o asma bronquial. Es fundamental distinguir los síntomas de las alergias de los de un resfriado común: mientras este último suele cursar con dolor de garganta, malestar general y, en ocasiones, fiebre, la rinitis alérgica se caracteriza por congestión nasal, picazón y estornudos.
A escala global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 400 millones de individuos padecen rinitis alérgica, lo que la posiciona como la enfermedad alérgica más extendida. Aunque comúnmente se atribuyen sus síntomas a los cambios climáticos o la contaminación ambiental, la realidad es que una gran proporción de los alérgenos responsables se encuentran dentro del hogar. Estos se acumulan de manera silenciosa en lugares como colchones, cortinas, pisos y rincones que a menudo pasamos por alto. En este escenario, la limpieza profunda y constante de los espacios interiores adquiere una relevancia crucial.
El polvo doméstico, una mezcla compleja de ácaros, caspa de mascotas, polen, bacterias e incluso virus, actúa como un desencadenante invisible pero potente de estas reacciones alérgicas. A pesar de que pasamos cerca del 90% de nuestro tiempo en ambientes interiores, el Estudio Global del Polvo -encargado por el fabricante Dyson-, revela que el 44% de las personas solo limpia cuando el polvo es visible. Esta práctica pone de manifiesto una desconexión preocupante entre lo que percibimos visualmente y la calidad del aire que realmente respiramos.
La pandemia de COVID-19 propició un aumento significativo en la adopción de mascotas, y actualmente, más de la mitad de los hogares a nivel mundial cuenta con al menos un animal de compañía. En este contexto, es vital comprender que no solo el pelo visible de las mascotas puede afectar a las personas alérgicas. El estudio de Dyson señala que 3 de cada 4 dueños de mascotas desconocen que sus animales pueden transportar polen, virus o incluso heces de ácaros del polvo. Incluso aquellos que acicalan a sus mascotas con frecuencia podrían estar subestimando la presencia de partículas microscópicas en sofás, camas y alfombras, las cuales, aunque imperceptibles, pueden provocar reacciones alérgicas significativas.
A pesar de que la mayoría de los encuestados en el Estudio Global del Polvo afirma limpiar con mayor frecuencia que antes de la pandemia, sus hábitos no siempre resultan efectivos. El uso de trapos húmedos sigue siendo el método preferido por el 67% de las personas. Sin embargo, los expertos advierten que este procedimiento, si se realiza antes de aspirar, podría favorecer la proliferación de moho y ácaros al humedecer partículas finas que no fueron eliminadas adecuadamente. Al respecto, Monika Stuczen, investigadora y científica en microbiología de Dyson, enfatiza: “Muchas personas piensan que el mayor problema es el pelo de sus mascotas porque es lo que se ve. Pero lo verdaderamente problemático son las partículas que no podemos ver y que pueden tener mayor impacto en nuestra salud”.
Tras casi dos décadas de investigación exhaustiva sobre el polvo doméstico, Dyson ha desarrollado tecnologías avanzadas diseñadas para capturar y retener alérgenos sin liberarlos nuevamente al ambiente.
En el marco del Día Mundial de la Alergia, se hace un llamado a transformar nuestros hábitos de limpieza y a adoptar estrategias más efectivas para proteger la calidad del aire en nuestros hogares. Aspirar con regularidad, prestar atención a las zonas olvidadas, evitar la humedad excesiva y comprender mejor el comportamiento de los alérgenos puede marcar una diferencia significativa, especialmente en hogares con niños, adultos mayores o personas con mascotas. La clave no reside solo en limpiar lo que se ve, sino en asegurar la pureza del aire que respiramos cada día.
*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.





