Especialistas piden priorizar la salud metabólica y evitar estigmas para frenar el avance de esta enfermedad.

Cada 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad, una fecha que busca sensibilizar sobre una enfermedad que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya no califica como un simple problema de estilo de vida, sino como una patología crónica, compleja y multifactorial. En el Perú, el panorama es desafiante: según el Atlas Mundial de Obesidad 2025, el 73% de la población adulta presenta exceso de peso, una condición que abarca tanto el sobrepeso como la obesidad.

Esta tendencia ha mostrado un crecimiento sostenido en el país. Datos del Observatorio Nacional de Prospectiva del Ceplan revelan que la prevalencia de la obesidad en adultos peruanos pasó de 21% en 2017 a 25,7% en 2024. Este incremento no es solo una cifra estética; representa una elevación notable en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, hipertensión arterial y diversas enfermedades cardiovasculares.

Más allá de la balanza: la salud metabólica

Un aspecto crítico que suele omitirse en la discusión pública es la salud metabólica. Este concepto se centra en cómo funciona el organismo internamente a través de parámetros medibles como los niveles de glucosa, la presión arterial, los triglicéridos, el colesterol HDL y la circunferencia de la cintura. Cuando estas alteraciones ocurren simultáneamente, se configura el síndrome metabólico, elevando drásticamente el riesgo de complicaciones cardiometabólicas que afectan la calidad de vida.

Al respecto, la Dra. Mayra Guerrero, Gerente médico de Adium Perú, especialista en Medicina interna y Diabetología, enfatiza que la clave no es buscar soluciones rápidas. “En el ámbito de la obesidad no existen soluciones instantáneas o mágicas. Los tratamientos eficaces se sustentan en evidencia científica y requieren una evaluación clínica adecuada, seguimiento continuo y un enfoque integral. Abordar el tema con seriedad implica retornar a los principios de la práctica médica: tomar decisiones informadas en conjunto con un equipo de salud multidisciplinario”, señaló la especialista.

El peligro de los «atajos» y el estigma

La complejidad de la enfermedad choca frecuentemente con la oferta de soluciones sencillas o «atajos» que omiten la necesidad de planes sostenibles y personalizados. Además, el estigma y el sesgo relacionados con el peso actúan como barreras que dificultan el acceso de los pacientes a una atención médica adecuada. Por ello, las instituciones de salud recomiendan un enfoque basado en el respeto y la evidencia, donde la pérdida de peso sea progresiva y acompañada de hábitos consolidados en el tiempo, como una alimentación equilibrada y actividad física regular.

En cuanto a las opciones terapéuticas, la OMS ha emitido guías sobre el uso de terapias basadas en incretinas para adultos. Sin embargo, se recalca que estos tratamientos farmacológicos deben ser parte de un plan integral bajo supervisión profesional.

Cómo iniciar la conversación médica

El punto de partida para cualquier cambio real es la consulta médica. No se trata únicamente de «bajar de peso», sino de entender el estado metabólico actual y evaluar riesgos. Al respecto, la doctora Guerrero agregó: “La primera decisión que marca la diferencia es iniciar la conversación con el médico. No se trata solo de ‘bajar de peso’, sino identificar los síntomas, alteraciones o cambios en nuestro cuerpo para conversarlo con nuestro médico en forma oportuna, entender cómo está la salud metabólica, evaluar riesgos y construir un plan realista con seguimiento a largo plazo”.

Para una consulta efectiva, se recomienda a los pacientes solicitar una evaluación completa que incluya antecedentes familiares y aportar información sobre la calidad del sueño, niveles de energía y estado de ánimo. También es vital mencionar síntomas como ronquidos, dificultad para respirar al hacer esfuerzo o irregularidades menstruales.

*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.