Una nueva investigación peruana sugiere modificar la forma de medir el daño vascular en pacientes con diabetes para triplicar la detección de la enfermedad arterial periférica, complicación silenciosa y principal causa de que en el Perú se realice una amputación cada hora.
Cada hora, una vida en el Perú cambia drásticamente. Cada 60 minutos, una persona pierde una extremidad —un pie o una pierna— debido a una complicación grave de la diabetes. Según cifras del Ministerio de Salud (MINSA) de 2022, esto suma cerca de 8.000 amputaciones al año. Detrás de esta alarmante estadística se esconde una condición a menudo silenciosa: la enfermedad arterial periférica (EAP).
La EAP es un daño vascular que provoca una reducción de la circulación sanguínea en las piernas. En personas con diabetes, esta enfermedad es particularmente peligrosa y frecuente, pues la pérdida de sensibilidad en los pies (neuropatía) puede ocultar los síntomas hasta que el daño es avanzado.
Sin embargo, una reciente investigación llevada a cabo por especialistas peruanos en el Hospital María Auxiliadora ofrece una luz de esperanza. El estudio, publicado en la revista «PLOS One«, sugiere que un simple cambio en cómo se mide la EAP podría triplicar la detección de casos, permitiendo intervenciones tempranas que evitarían miles de amputaciones.
La clave está en cómo medir la presión
El equipo de investigadores comparó tres métodos distintos para calcular el índice tobillo-brazo (ITB), una prueba no invasiva que se utiliza para evaluar la circulación en las piernas. La clave del debate radica en qué valor de presión arterial se toma como referencia en el tobillo.
El endocrinólogo Marlon Yovera, uno de los autores del estudio e investigador de la Universidad Científica del Sur, explica que el pie posee dos arterias principales y, tradicionalmente, ha existido un debate sobre cuál de sus mediciones usar. “Si escoges la presión más baja, encuentras más casos, porque eres más sensible al daño incipiente. Si usas la más alta, detectas menos, pero con más precisión”, detalló Yovera.
Los resultados fueron reveladores: el estudio halló que, si se utiliza la presión más baja de las arterias del tobillo como referencia, la detección de EAP casi se triplica en comparación con el método tradicional. Esto es crucial porque significa que un gran número de pacientes con diabetes podría tener un daño vascular incipiente sin saberlo, incrementando exponencialmente su riesgo de úlceras y amputaciones. El estudio demostró que la prevalencia de EAP en pacientes con diabetes tipo 2 puede variar entre 7,8% y 28,2% según el método empleado.
Una complicación mortal y frecuente
El doctor Yovera advierte sobre la magnitud del problema: “En el hospital, cerca del 70 u 80% de los pacientes hospitalizados por pie diabético ya presentan enfermedad arterial periférica”. La tragedia es que, en la mayoría de los casos, “nunca fueron evaluados a tiempo”. Cuando las heridas o úlceras aparecen, la circulación ya está gravemente comprometida y el riesgo de amputación es “altísimo”.
Es fundamental que la población esté atenta a señales que parecen menores, como uñas engrosadas, piel fría en los pies o heridas pequeñas en los dedos. Ignorarlas puede tener consecuencias catastróficas. El especialista subraya el impacto devastador de la pérdida de una extremidad, que va más allá de lo físico: “Cuando un paciente pierde una extremidad, pierde independencia, autoestima y, muchas veces, la esperanza”. Además, una amputación por diabetes tiene una mortalidad cercana al 50% en los cinco años posteriores, un porcentaje que supera el riesgo de muchas enfermedades neoplásicas, solo por debajo del cáncer de pulmón y páncreas.
Hacia un cambio en la política de salud
El estudio surgió del trabajo preventivo en el Programa Pie en Riesgo del Hospital María Auxiliadora, donde se busca detectar la mala circulación antes de que aparezcan las úlceras.
Los investigadores esperan que este hallazgo impulse una revisión de los protocolos de diagnóstico a nivel nacional. Yovera enfatiza la necesidad de precisar las guías médicas: “Las normas dicen que hay que medir la presión en el tobillo, pero no especifican qué arteria usar ni en qué casos. Nuestro trabajo busca dar esa claridad. Si se aplica correctamente, el índice tobillo-brazo puede prevenir muchas amputaciones”.
Si bien el método más sensible detecta más casos, el investigador advierte que esto también implica un reto para el sistema de salud, ya que requerirá más recursos, personal entrenado y seguimiento para atender a más diagnósticos. El mensaje final es claro y optimista: “Lo ideal es que toda persona con diabetes se realice el índice tobillo-brazo al menos una vez al año. Es un examen rápido, no invasivo y que puede hacerse incluso en consultorios con pocos recursos. Si logramos que sea parte del control rutinario, reduciremos muchísimo el sufrimiento que hoy vemos en los hospitales”, concluyó el investigador. Esta investigación representa un aporte clave de la ciencia peruana para la mejora de la atención al paciente con diabetes.
*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.
Foto de Zeynep Özata





