Nuestro columnista advierte que el Anillo Vial Periférico causará un ecocidio urbano al destruir el bosque de la Av. Separadora Industrial en Lima.

Por Arq. Gerardo Berdejo

Hace unos días, volví a pasar por la Av. Separadora Industrial y mientras apreciaba este increíble espacio verde, recordé que por aquí pretenden construir el Anillo Vial Periférico, y me dije a mismo, ¿cómo es posible que a las autoridades les importen más los autos que preservar uno de los últimos pulmones que tiene nuestra ciudad?

Imposible no sentir angustia por lo que podría pasar aquí. La mitad de todo este espacio sería convertido en una vía rápida que une los distritos de Ate y La Molina. Investigando más, me di cuenta que en realidad lo que existe es un plan de ecocidio urbano y un ejemplo claro de lo que no se debe hacer en pleno siglo XXI.

Como arquitecto, entiendo la necesidad de movilidad. Como activista, veo con terror la indiferencia hacia los miles de animales que viven en este ecosistema. Y como urbanista, afirmo que sacrificar este bosque no es un «costo necesario», es un error catastrófico que hipotecará nuestra salud y la de los animales.

La Separadora Industrial: mucho más que un parque

Bosques urbanos de esta envergadura ayudan a limpiar el aire, pero reducir su valor a eso es quedarse en la superficie. Este bosque es un corredor ecológico fundamental en una ciudad ahogada en cemento.

  • Es una autopista aérea para aves: funciona como estación de paso, donde encuentran alimento y refugio tanto las migratorias como las locales. Fragmentarlo con una autopista de diez carriles, es cortar una ruta vital, condenando a poblaciones enteras al estrés y a la desaparición.
  • Santuario para fauna silvestre urbana: Muchos animales menores, entre ellos los insectos, ayudan a sostener este bosque. Son los ingenieros de un ecosistema que nos brinda servicios gratuitos, como control de roedores, polinización de plantas y equilibrio biológico.
  • Paraíso para las familias: Es uno de los pocos espacios verdaderamente naturales donde las personas pueden pasear con sus perros con tranquilidad, expresar sus necesidades, y desarrollar sus habilidades, Los «parques lineales» que pretenden salvar o poner como compensación luego de la obra, son una burla. En realidad son pasillos de cemento y césped, no un ecosistema.

Los verdaderos costos ocultos del «Progreso»

El proyecto promete viajes mas rápidos, pero omite otros costos:

  • Costo climático: Eliminar 20 hectáreas de bosque (¡dos veces El Olivar!) es más calor, y más calor significa comprar más aparatos de aire acondicionado o ventiladores para enfriar viviendas. Es decir, más malestar y mayores riesgos para la salud.
  • Costo de salud pública: Menos árboles es igual a más aire contaminado. Es matemática simple. Respiraremos más partículas tóxicas.
  • Costo de bienestar animal (y Humano): La contaminación acústica y lumínica constante de una autopista es una tortura para la fauna. Las aves se desorientan, los mamíferos huyen o mueren atropellados. Para los vecinos, el ruido perpetuo y la pérdida de un paisaje reparador son un golpe a la salud mental y en nuestro país, es un problema grave.

Una propuesta urbana con Visión (y conciencia)

Jamás me opongo al progreso, pero me parece justo pedir criterio y ética.

Como arquitecto y urbanista preocupado además por el bienestar animal, se me ocurren muchas ideas para evitar este ecocidio, pero la primera y la más obvia es optar por darle prioridad al transporte público masivo, desincentivar el uso del auto (existen diversas estrategias) y hacer cumplir la ley de espacios públicos.

Tenemos que invertir en bosques, no destruirlos. Los beneficios son superiores respecto de una vía rápida para autos.

Conclusión: La elección entre un anillo de cemento o uno lleno de vida

El «Anillo Vial Periférico», tal como está planteado, es un anillo que asfixia la ciudad. Es el modelo obsoleto del siglo XX: el coche sobre todo. Nos enfrentamos a una decisión clara: ¿queremos una ciudad más hostil, más caliente, más ruidosa y más sola, donde la vida silvestre sea un recuerdo? ¿O queremos una Lima que se reconcilie con la naturaleza, que entienda que el «progreso» se mide también en biodiversidad, sombra y cantos de pájaros? El bosque de la Av. Separadora Industrial no es un terreno baldío esperando a ser «utilizado». Es un sistema complejo y resiliente que aún lucha por nosotros. Defenderlo no es un acto de nostalgia. Es un acto heroico en defensa de lo que es justo para la mayoría. Es la prueba de fuego para saber qué clase de ciudadanos, y qué clase de ciudad, queremos ser.