Investigación de Mayo Clinic revela que los stents reducen a la mitad el riesgo de accidente cerebrovascular frente al tratamiento médico convencional solo.
En un avance significativo para la neurología preventiva, un extenso estudio internacional liderado por especialistas de Mayo Clinic ha arrojado luz sobre la mejor estrategia para evitar accidentes cerebrovasculares (ACV) en personas con estrechamiento de la arteria carótida. La investigación, financiada por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y publicada recientemente en The New England Journal of Medicine (NEJM), demuestra que el uso de un stent combinado con terapia médica intensiva es superior al uso exclusivo de fármacos en pacientes que aún no presentan síntomas.
Este hallazgo surge del «Ensayo de Revascularización Carotídea y Manejo Médico para la Estenosis Carotídea Asintomática», conocido como Crest-2. Se trata del análisis más robusto realizado hasta la fecha sobre esta afección, la cual se produce cuando la placa de grasa y calcio se acumula en las arterias principales que llevan sangre al cerebro. El riesgo reside en que estos depósitos pueden desprenderse o bloquear el flujo sanguíneo, desencadenando un infarto cerebral que puede ser incapacitante o mortal.
Durante años, la comunidad médica ha debatido si los procedimientos invasivos seguían siendo necesarios ante la enorme evolución de los medicamentos modernos para el control del colesterol y la presión arterial. «Hace décadas, la cirugía ayudaba claramente a prevenir ACV en muchos pacientes», explica Thomas Brott, M.D., neurólogo en Mayo Clinic en Florida y autor senior del estudio. «Pero la terapia médica ha mejorado tanto que necesitábamos reexaminar el equilibrio entre beneficio y riesgo en personas que no presentan síntomas».
El programa Crest-2 se diseñó con un rigor excepcional, involucrando a 155 centros médicos en cinco países, incluidos Australia, Canadá, Israel, España y Estados Unidos. En total, participaron más de 1.200 adultos que presentaban una estenosis carotídea grave, definida como un estrechamiento del 70% o más, pero que no habían sufrido un ACV ni ataques isquémicos transitorios en los últimos seis meses.
Los resultados tras cuatro años de seguimiento son reveladores. En el grupo de pacientes tratados con la colocación de un stent —un pequeño tubo de malla que mantiene abierta la arteria— junto con la terapia médica, la tasa de ACV fue de apenas el 2,8%. En contraste, los pacientes que solo recibieron tratamiento farmacológico e indicaciones de estilo de vida mostraron una tasa del 6,0%. Esto significa que el procedimiento mínimamente invasivo redujo el riesgo de un evento cerebrovascular a menos de la mitad.
Curiosamente, el estudio también evaluó la cirugía tradicional, conocida como endarterectomía carotídea. En este caso, aunque hubo una ligera diferencia a favor de la cirugía (3,7% frente al 5,3% de la terapia médica aislada), los investigadores señalaron que esta brecha no fue estadísticamente significativa. Este dato es crucial, ya que posiciona al stent como la opción más efectiva para este perfil de pacientes asintomáticos bajo las condiciones del estudio.
La terapia médica intensiva aplicada a todos los participantes no fue menor. Incluyó un control riguroso del colesterol LDL mediante estatinas, manejo de la presión arterial, tratamiento de la diabetes y programas para dejar de fumar. El éxito del estudio también radicó en este acompañamiento constante, que permitió a los pacientes mantener niveles de salud óptimos.
A pesar de los claros beneficios del stent, Thomas Brott, M.D., neurólogo en Mayo Clinic en Florida, enfatiza la necesidad de un enfoque personalizado: «Para algunos pacientes —en particular aquellos con un estrechamiento más avanzado o con una placa que parece inestable o más probable a causar una obstrucción— la colocación de un stent puede ofrecer una protección adicional, mientras que para otros la terapia médica aislada puede ser suficiente».
Este estudio no solo redefine los protocolos de tratamiento para la estenosis carotídea, sino que también subraya la importancia de la tecnología médica aplicada con precisión. Los científicos continuarán monitoreando a los voluntarios para determinar los efectos a largo plazo y explorar si las nuevas herramientas de imagen avanzada pueden identificar con mayor exactitud quiénes son los candidatos ideales para cada intervención. Por ahora, el mensaje es claro: en la lucha contra el ACV, el stent se consolida como un aliado preventivo de primer nivel.
*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.
Imagen generada con Gemini





