La contaminación farmacéutica, causada por el desecho incorrecto de medicamentos, y la generada por metales pesados ponen en riesgo el agua, los ecosistemas naturales y la seguridad alimentaria en nuestra región.
Por Ph.D. Lizandra Ximena López Belón*
La contaminación del agua por metales pesados y residuos farmacéuticos es una amenaza creciente para los ecosistemas y la seguridad alimentaria en nuestra región. Frente a este desafío, un escenario poco conocido en Arequipa podría albergar una respuesta natural: la laguna de San Camilo.
Este cuerpo de agua artificial, formado desde 2003 por escorrentía agrícola, infiltraciones y descargas industriales, aparenta ser natural, pero presenta condiciones extremas: alta salinidad, dureza del agua y presencia de “contaminantes emergentes” como restos de fármacos y metales pesados. Aunque muchas veces no estén regulados, estos compuestos representan un riesgo ambiental y sanitario.
El problema se agrava porque las plantas de tratamiento tradicionales no logran eliminarlos de manera eficaz, ya que estas infraestructuras fueron diseñadas para otra clase de contaminantes y no para estas nuevas sustancias que hoy aparecen en altas concentraciones en ríos, lagunas y suelos agrícolas.
Un estudio reciente en Grecia, publicado en el Reino Unido, mostró que en el riego con aguas tratadas se detectaron más de 100 contaminantes emergentes, incluidos fármacos como el paracetamol, tanto en el agua como en los tejidos vegetales. Casos como este refuerzan la urgencia de mejorar la vigilancia y aplicar nuevas estrategias para proteger la salud pública y la agricultura.
En este contexto, desde la Universidad Católica San Pablo se impulsa una línea de investigación innovadora: el uso de microalgas y cianobacterias halotolerantes como agentes de biorremediación. Estos microorganismos, que han evolucionado en ambientes extremos como San Camilo, poseen una notable capacidad de adaptación y pueden eliminar contaminantes a través de mecanismos naturales como la biosorción, la acumulación intracelular y la complejación química.
Su potencial es prometedor: pueden absorber y transformar residuos farmacéuticos como ibuprofeno y paracetamol, y metales pesados como cadmio y cromo. Además, ofrecen ventajas frente a otras tecnologías, pues son sostenibles, económicas y compatibles con el ecosistema local.
Sin embargo, aún queda mucho por explorar. Los estudios, en su mayoría, se han realizado en condiciones controladas de laboratorio, sin contemplar factores como la elevada salinidad de San Camilo, que puede modificar tanto el comportamiento de los contaminantes como la eficiencia de las microalgas. Avanzar en esta investigación permitirá adaptar soluciones a entornos reales y diseñar estrategias efectivas para mejorar la calidad del agua y de los suelos agrícolas que dependen de aguas residuales.
Con el conocimiento adecuado, la laguna de San Camilo podría convertirse en un verdadero laboratorio natural. Un espacio desde el cual se puede desarrollar biotecnologías ecológicas y accesibles, capaces de enfrentar los contaminantes emergentes y contribuir a la seguridad alimentaria de la región. En un mundo marcado por la urgencia ambiental, encontrar soluciones en la propia naturaleza no es solo una alternativa: es una necesidad.
Foto: El Búho






