Una reciente investigación de Ingemmet propone una nueva visión del subsuelo peruano: fallas geológicas Norte-Sur, ignoradas por años, son corredores que controlan grandes depósitos mineros.
El subsuelo peruano acaba de revelar uno de sus secretos geológicos mejor guardados. Durante décadas, la exploración minera y la geología andina se basaron en un patrón bien conocido: las estructuras predominantes en la columna vertebral de los Andes se orientan de noroeste a sureste (NO-SE). Esta dirección era lógica, pues obedece a los esfuerzos tectónicos generados por el constante proceso de subducción de la placa de Nazca bajo la Sudamericana, un proceso conocido como subducción. Esa colisión constante ha levantado la cordillera y provocado terremotos a lo largo de millones de años, creando las grietas y fallas que orientan el curso de la corteza terrestre y, con ella, la ubicación de los minerales: los controles estructurales.
Sin embargo, un equipo de geólogos del Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (Ingemmet) detectó que este modelo clásico no explicaba toda la historia. Observaron alineamientos y variaciones en las rocas en distintos lugares del país, desde Piura hasta Tacna, que no seguían esa dirección dominante. Esto los llevó a plantear una pregunta crucial: ¿y si las estructuras que controlan la mineralización en el Perú no siguieran solo la dirección clásica de los Andes, sino también otras menos visibles?.
Ese cambio de perspectiva fue la base para el estudio “Controles estructurales N-S en la Cordillera Occidental como guía para nuevos targets de exploración regional”, una investigación que no solo propone una nueva visión de la estructura geológica del país, sino que también fue galardonada con el Premio Nacional de Minería 2025, el máximo reconocimiento otorgado durante el Perumin 37.

Ocho pasajes ocultos de riqueza
El hallazgo principal del equipo liderado por el investigador Rildo Rodríguez Mejía, geólogo de la Dirección de Geología Regional (DGR) del Ingemmet , fue la identificación de ocho corredores estructurales con orientación Norte-Sur (N-S) a lo largo de la Cordillera Occidental.
Estos corredores N-S, ignorados durante años por la cartografía tradicional, no son meras líneas; son extensas redes estructurales profundas que influyen tanto en la geología mesozoica (de hace más de 250’000.000 de años) como en la actividad magmática y mineralización más reciente. Cada uno de estos corredores tiene una longitud de entre 100 y 300 kilómetros. Más importante aún, se comprobó que muchos de ellos están directamente relacionados con algunos de los yacimientos metálicos más grandes e importantes que sostienen buena parte de la minería peruana.
Según las conclusiones del equipo de la Dirección de Geología Regional (DGR) del Ingemmet, este descubrimiento implica que: “Había ‘algo’ más bajo la superficie; corredores estructurales orientados de Norte a Sur (N-S), ignorados durante años por la cartografía tradicional”.
La evidencia es contundente, pues muchos depósitos importantes se alineaban exactamente sobre estas estructuras, confirmando su papel como controles del emplazamiento mineral. Entre los corredores identificados se encuentran el Malpaso-Ichuña, en el sur, que está vinculado a pórfidos como Toquepala y Quellaveco; el corredor Areniso, asociado a minas como Catalina Huanca y Apumayo; y el corredor Huancavelica-Palpa, en donde se ubican Pukaqaqa, Caudalosa y Recuperada. En el centro del país, el corredor Cerro de Pasco-Yauli reúne gigantes del cobre y el plomo como Toromocho, Cerro de Pasco y Colquijirca. En el norte, el corredor Huancabamba alberga proyectos cupríferos de gran magnitud como Río Blanco, Cañariaco y La Granja.

El secreto de la integración de datos
¿Cómo fue posible que estas estructuras N-S pasaran desapercibidas durante tanto tiempo? El secreto, según el Ingemmet, estuvo en la integración de datos. El equipo se apoyó en la vasta información recopilada por la Carta Geológica Nacional 1:50.000, un ambicioso programa que reúne miles de registros detallados sobre litología, fallas y pliegues.
A partir de esta base de datos, los investigadores aplicaron un análisis espacial a escala nacional para identificar patrones repetitivos. Esto les permitió reconocer alineamientos Norte-Sur persistentes que coincidían con variaciones en los espesores de las rocas sedimentarias mesozoicas. Además, utilizaron técnicas de análisis de cuencas y facies, observando cómo cambiaban los ambientes de depósito (marinos, continentales, volcánicos) a lo largo del territorio.
La conclusión fue simple y profunda: cuando estas variaciones no podían ser explicadas por las estructuras NO-SE ya conocidas, la deducción lógica era que fallas N-S ocultas estaban actuando en el subsuelo.
Desde una perspectiva histórica, estos corredores N-S no son una formación reciente. Son estructuras antiguas, probablemente formadas durante el Mesozoico bajo un régimen de extensión tectónica. Más tarde, durante el Cenozoico, el intenso empuje andino reactivó estas fallas bajo un nuevo régimen compresivo. Esta reactivación convirtió a las zonas de debilidad en verdaderas «rutas metalogénicas», permitiendo que magmas y fluidos hidrotermales ascendieran para generar distintos tipos de mineralizaciones.
Este «cambio de mirada» representa un avance fundamental en la comprensión tectónica del Perú y ofrece nuevas guías para la exploración regional. En un momento en que descubrir nuevos yacimientos se vuelve cada vez más difícil y costoso, esta herramienta estratégica permite a las empresas enfocar sus esfuerzos en zonas con alto potencial de descubrir depósitos ocultos, incluso en áreas consideradas «maduras» o ya exploradas.
*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.





