El inicio del año escolar en Perú incrementa la circulación del virus respiratorio sincitial, poniendo en riesgo a los lactantes por la exposición comunitaria.
El mes de marzo de 2026 marca un hito en el calendario peruano con el inicio del año escolar. Sin embargo, más allá de la compra de útiles y uniformes, este periodo trae consigo un desafío epidemiológico significativo: el aumento en la circulación de virus respiratorios en la comunidad, especialmente el virus respiratorio sincitial (VRS). Aunque para los niños en etapa escolar este patógeno suele manifestarse como un resfriado común, su capacidad de propagación hacia los integrantes más pequeños del hogar representa una amenaza crítica para la salud pública.
¿Qué es el VRS y por qué preocupa en el entorno escolar?
El VRS es reconocido mundialmente como la causa principal de hospitalizaciones por infecciones respiratorias en menores de un año. Es un virus de alta transmisibilidad que afecta a casi todos los niños antes de que alcancen los dos años de edad. El problema radica en que el entorno escolar —caracterizado por espacios cerrados, contacto estrecho y ventilación a veces limitada— se convierte en el caldo de cultivo ideal para su transmisión.
El virus se propaga con facilidad mediante gotitas de saliva al toser o estornudar, pero también sobrevive en manos y superficies contaminadas. En los colegios y nidos, el intercambio constante de objetos y la cercanía física aceleran este proceso. Según explica Paloma Pacheco, presidenta de Una Vida por Dakota: “El regreso a clases no solo implica útiles y uniformes nuevos; también significa mayor circulación de virus en la comunidad. Muchas veces el hermano mayor o un niño en etapa preescolar puede llevar el virus a casa sin síntomas graves, pero en un recién nacido puede convertirse en una emergencia respiratoria”.
El impacto en los lactantes y el sistema de salud
La vulnerabilidad de los bebés, particularmente aquellos menores de seis meses, se debe a la inmadurez de sus pulmones y de su sistema inmunológico. En estos casos, lo que empezó como un moco o tos en el hermano mayor puede derivar en cuadros graves de bronquiolitis o neumonía en el lactante, requiriendo en muchos casos oxígeno suplementario y cuidados hospitalarios intensivos.
Esta situación no solo afecta a las familias, sino que genera una presión considerable sobre los servicios de salud pediátricos durante las temporadas de alta circulación viral. Por ello, el Instituto Nacional de Salud (INS) ha puesto sobre la mesa un informe de evaluación económica que sugiere la implementación de nuevas estrategias de inmunización. Entre las recomendaciones destacan el uso de la vacuna materna y el anticuerpo monoclonal para proteger a los recién nacidos desde sus primeros días de vida.
Medidas de prevención y signos de alerta
Ante este panorama, los especialistas de la asociación Una Vida por Dakota —organización sin fines de lucro dedicada a la prevención de enfermedades mediante la vacunación — instan a los padres de familia a no bajar la guardia. La prevención es la herramienta más eficaz para garantizar el derecho a la salud de los niños.
Las recomendaciones clave para este retorno a clases incluyen:
- Fomentar el lavado frecuente de manos con agua y jabón.
- Enseñar a los niños a cubrirse la boca y nariz al toser o estornudar.
- Evitar enviar al colegio a niños que presenten síntomas respiratorios para cortar la cadena de contagio.
- Limitar estrictamente el contacto de recién nacidos con personas que tengan tos o resfrío.
Es crucial que los cuidadores identifiquen a tiempo los signos de complicación. Si un bebé presenta dificultad para respirar, hundimiento de costillas, respiración muy acelerada, pausas al respirar o una coloración azulada en labios o uñas, debe ser trasladado de inmediato a un servicio de emergencia. Actuar con rapidez puede marcar la diferencia entre un proceso viral manejable y una hospitalización prolongada.
*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.





