Un estudio inédito revela que la enfermedad golpea a la sierra y a mujeres, rompiendo tendencias mundiales. Urge prevención en las zonas vulnerables.

El cáncer de hígado se mantiene como una de las causas principales de muerte oncológica en el Perú, pero su impacto no es igual en todo el territorio. Un reciente análisis, el más grande de su tipo realizado hasta la fecha, ha puesto al descubierto una realidad preocupante: las regiones de la sierra concentran la mayor cantidad de fallecimientos, y la enfermedad está atacando a grupos poblacionales que antes no se consideraban de alto riesgo.

Esta investigación, publicada en la revista «Asian Pacific Journal of Cancer Prevention«, examinó minuciosamente 31.343 muertes registradas entre los años 2003 y 2017. Los datos arrojan luz sobre una distribución geográfica desigual y patrones clínicos que desafían lo que se conoce a nivel global sobre esta patología.

La sierra en estado de alerta

Los resultados del estudio son contundentes al señalar a la sierra peruana como el epicentro de la mortalidad por esta neoplasia. Departamentos como Apurímac, Ayacucho, Huánuco y Cusco presentan tasas que superan los 13 fallecimientos por cada 100.000 habitantes, una cifra que se sitúa muy por encima del promedio nacional.

El caso de Apurímac es particularmente dramático, alcanzando una tasa promedio de 14 muertes por cada 100.000 personas, tanto en hombres como en mujeres, siendo el pico más alto durante el periodo evaluado. Por su parte, Cusco mantiene una tendencia sostenida con cifras que oscilan entre 10 y 12 fallecimientos por cada 100.000 habitantes.

Sin embargo, la geografía no es el único factor determinante. Tacna, ubicada en la costa sur, ha registrado un comportamiento alarmante, especialmente en la población femenina, con casi 17 muertes por cada 100.000 habitantes, colocándose al mismo nivel crítico que las zonas andinas.

La paradoja de la selva y el género

Históricamente, se asociaba a la selva peruana con una alta prevalencia de hepatitis B, un precursor del cáncer hepático. No obstante, el estudio muestra un escenario distinto: regiones como Loreto, Ucayali y Madre de Dios mantuvieron tasas consistentemente bajas, menores a 10 fallecimientos por cada 100.000 habitantes durante los 14 años del análisis.

Sobre este fenómeno, Smith Torres, uno de los autores del estudio e investigador de la Universidad Científica del Sur, explica: “Este hallazgo es llamativo porque la selva, históricamente asociada a alta prevalencia de hepatitis B, muestra hoy tasas menores, posiblemente gracias a los avances en vacunación y control del virus. En el otro extremo, los departamentos andinos concentran las tasas más altas de mortalidad, probablemente por la combinación de endemicidad histórica de hepatitis B, exposición temprana y un acceso más limitado al diagnóstico y tratamiento especializado”.

Otro dato que rompe los esquemas mundiales es la afectación por sexo. Mientras que en el mundo el cáncer de hígado ataca mayoritariamente a los hombres (duplicando o triplicando las cifras femeninas), en el Perú las tasas son similares entre ambos sexos o incluso mayores en las mujeres.

“En la mayoría de países, el cáncer de hígado afecta mucho más a los hombres, pero en Perú las tasas entre hombres y mujeres son casi iguales. Esto podría deberse a que, en nuestro contexto, factores como la hepatitis B crónica, la obesidad y la diabetes tienen más peso en las mujeres más que por hábitos tradicionalmente masculinizados como el consumo pesado de alcohol”, detalla Torres.

Jóvenes en riesgo y desafíos pendientes

El perfil clínico del paciente peruano también presenta características inusuales y agresivas. Se ha documentado la aparición de tumores en personas menores de 45 años, muchas veces sin haber desarrollado cirrosis previa. Este patrón, más frecuente en la población andina, exige una vigilancia temprana en grupos que tradicionalmente no eran foco de atención médica preventiva.

Además, se observaron dinámicas irregulares en regiones como Áncash, donde la mortalidad masculina creció un 12,5% anual hasta 2011, para luego caer un 10,5% anual, lo que sugiere cambios en los factores de riesgo o en la calidad del registro de datos.

A pesar de los esfuerzos, la detección temprana sigue siendo una tarea pendiente y el acceso a servicios especializados es desigual. Factores como la exposición a aflatoxinas, el sobrepeso y el consumo de alcohol complican el panorama. Para avanzar, es crucial fortalecer la vacunación contra la hepatitis B y las políticas nacionales como el Plan Esperanza.

*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.

Foto de Anna Tarazevich