La fundadora del Proyecto Libertad comenta sobre el triste episodio del envenenamiento intencional de seis gatos que vivían en los espacios de la Escuela de Nutrición y Obstetricia de la Universidad de San Marcos.

Por Heidi Paiva Pachas, fundadora del Proyecto Libertad.

El último 6 de septiembre del 2026, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) fue escenario de un hecho que no solo estremeció a su comunidad, sino que debería avergonzar a todo el país: seis gatos que vivían en los espacios de la Escuela de Nutrición y Obstetricia fueron envenenados de manera cruel y claramente intencional. Seis inocentes encontraron la muerte al tratar de saciar su hambre.


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Los estudiantes encontraron los platos con paté mezclado con veneno y, sobre la vereda del campus, los cuerpos sin vida de Teodora, Gemelito, Cleopatra, Melón y Ari; Bolaños, el sexto, aún está desaparecido. Estos animales no eran extraños: convivían a diario con estudiantes, docentes y trabajadores. Eran alimentados y cuidados por voluntarios que incluso les buscaban hogares. Eran los compañeros de largas jornadas de los universitarios que los sentían parte de su familia.

Lo que ocurrió no es un simple acto de vandalismo. La Ley 30407, Ley de Protección y Bienestar Animal, tipifica el maltrato animal como delito y establece penas privativas de libertad cuando el maltrato causa la muerte del animal. En este caso, la sanción puede alcanzar hasta cinco años de cárcel, y el uso de veneno constituye una circunstancia agravante. Estamos, pues, ante un delito grave, penado con cárcel, cometido nada menos que dentro de una institución educativa. Y no se trata de un hecho aislado: los propios estudiantes denuncian que no es la primera vez que ocurre algo así en el campus. La impunidad, cuando se repite, se convierte en complicidad.

los propios estudiantes denuncian que no es la primera vez que ocurre algo así en el campus.

Pero hay algo que debería dolernos más allá de la ley. San Marcos es la universidad más antigua de América, una casa de estudios que se presenta como formadora de profesionales con valores, con sentido de la justicia y respeto por las normas.

¿Qué clase de persona puede convivir con estudiantes, docentes y trabajadores, y a la vez planificar y ejecutar el envenenamiento de seres vivos que sienten dolor?

¿Qué tipo de individuo decide que un animal abandonado -víctima, además, de otro delito, el de abandono- merece morir entre espasmos y sufrimiento?

¿Qué corazón, qué conciencia, qué formación permite algo así?

La presencia de alguien capaz de esto dentro de una institución educativa no es un detalle menor. Es una señal de alerta roja sobre la ausencia de empatía, de valores y de responsabilidad que se supone debería caracterizar a quienes forman parte de la comunidad sanmarquina. Una universidad que forma profesionales no puede permitirse tener entre sus filas a personas que cometen delitos graves. Porque el que mata a un animal hoy, mañana puede hacerlo con un ser humano. La crueldad nunca se detiene.

¿Qué sucede en San Marcos? Lo que ha ocurrido exige una respuesta institucional firme, inmediata y ejemplar. No basta con lamentar los hechos ni con emitir comunicados vacíos. No basta con prometer investigaciones que nunca llegan. La universidad tiene la obligación legal y moral de identificar a los responsables, denunciarlos ante el Ministerio Público y garantizar que un delito de esta magnitud no vuelva a repetirse.


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El llamado es directo a la rectora de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Jeri Gloria Ramón Ruffner de Vega: su gestión tiene la responsabilidad histórica de garantizar que ningún otro gato, ningún otro ser sintiente, vuelva a ser víctima de semejante crueldad dentro del campus. Que se investigue a fondo. Que se sancione a los culpables. Que se implementen medidas concretas de protección animal. Que su rectorado pase a la historia no por haber ignorado un delito grave, sino por haber defendido la vida y la justicia dentro de la universidad más antigua del continente.

Una universidad que no protege la vida no puede pretender formar profesionales íntegros. La grandeza de San Marcos no se mide solo por su historia ni por sus rankings, sino por la coherencia entre lo que enseña y lo que permite que ocurra dentro de ella.

Hoy, esa coherencia está en entredicho. Es hora de que las autoridades actúen en base a la gravedad que el caso tiene. Porque la crueldad no puede estar presente dentro de las aulas. Y la justicia no puede seguir esperando.

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