Los nuevos asistentes digitales autónomos pueden ser manipulados por cibercriminales para abrir enlaces peligrosos y robar datos personales sin que lo notes.
El avance acelerado de la inteligencia artificial transformó por completo la manera en que navegamos por internet. Si hasta hace poco los sistemas se limitaban a responder preguntas o resumir textos, hoy en día los denominados agentes de IA dan un paso más allá: pueden recorrer sitios web, hacer clics, rellenar formularios y gestionar tareas directamente en nombre del usuario. Sin embargo, esta autonomía ha encendido las alarmas de los especialistas en ciberseguridad. Según advierte la compañía ESET Latinoamérica, estos asistentes pueden ser dirigidos hacia plataformas fraudulentas mediante resultados alterados y comandos invisibles para el ojo humano.
El impacto de este fenómeno no es menor si se considera la rápida adopción de estas tecnologías. De acuerdo con una encuesta efectuada por Ipsos para Google en 21 países, el 66% de las personas —dos de cada tres— declaró haber utilizado alguna herramienta de IA en los últimos doce meses. Al consolidarse como un canal recurrente para buscar información o resolver compras, la tecnología se convirtió de inmediato en un blanco prioritario para los atacantes.

“Aunque todavía no existen pruebas de que las estafas a través de chatbots sean un fenómeno, se documentaron dos técnicas conocidas: el envenenamiento SEO, que busca posicionar páginas fraudulentas entre los primeros resultados de búsqueda y que también puede afectar las respuestas generadas por asistentes de IA; y la inyección de prompts, en la que instrucciones ocultas en páginas web, correos electrónicos o documentos intentan influir en el comportamiento de agentes de IA”, comenta Mario Micucci, Investigador de Seguridad Informática de ESET Latinoamérica.
La diferencia clave entre un chatbot tradicional y un agente integrado en un navegador radica en el nivel de interacción. Mientras que leer contenido manipulado suele traducirse en desinformación, un agente que ejecuta acciones directas en una web maliciosa puede provocar pérdidas económicas o la filtración de información privada. Los antecedentes ya se hacen notar: reportes de The Washington Post y Digital Trends revelaron casos en los que los resúmenes automáticos de Google sugerían teléfonos falsos de atención al cliente.
A esto se suma el riesgo de la inyección de órdenes (prompt injection), táctica documentada por organismos de referencia como Owasp. Mediante textos diseñados para pasar desapercibidos frente a los humanos, un tercero puede ordenar al sistema extraer credenciales. Un ejemplo presentado por Guardio Labs, denominado PromptFix, demostró cómo un falso código CAPTCHA lograba inducir a un agente a descargar archivos sospechosos. De igual modo, una investigación de Zenity Labs expuso la vulnerabilidad PleaseFix, donde invitaciones de calendario alteraban la conducta de Comet, el agente desarrollado por Perplexity, sin requerir intervención directa del usuario.
“En otras palabras, las instrucciones engañosas ya no tienen por qué presentarse únicamente en una página web. También pueden esconderse en correos electrónicos, documentos, invitaciones de calendario o incluso enlaces compartidos a través de redes sociales”, agrega el investigador de ESET.
Para evitar caer en trampas digitales, los especialistas aconsejan no delegar el control absoluto. La medida de mayor utilidad consiste en acceder a tiendas o portales bancarios escribiendo manualmente la dirección oficial o mediante sus aplicaciones nativas, evitando acceder desde vínculos suministrados por la IA. Asimismo, resulta prudente operar los navegadores con IA en perfiles separados sin tarjetas ni contraseñas guardadas, revisar meticulosamente los dominios, desconfiar de métodos de pago únicos como Pix en comercios recién creados y exigir siempre confirmación previa antes de que el agente ejecute cualquier acción crítica.
“Los asistentes de IA siguen siendo útiles para investigar y comparar, pero amplían la superficie de ataque: cada página, correo electrónico o documento que lee una IA puede convertirse en una vía para la estafa. Por lo tanto, la supervisión humana es y seguirá siendo muy importante. Conocer estos riesgos te permite aprovechar las nuevas posibilidades que la IA ofrece de forma segura. Antes de introducir datos o confirmar un pago, merece la pena comprobar el dominio, acceder a la tienda oficial y, si un agente actúa, llevar un control de lo que hace”, concluye Micucci de ESET.
*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.
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