Detalles de una investigación hispanomericana realizado por un grupo de invetiadores de Brasil, Colombia, Ecuador, México, Perú, España y Portugal.
Por Juan Carlos Luján, columnista.
La IA generativa ha desatado un entusiasmo global comparable con la llegada de internet, el iPhone y también las redes sociales. Todas esas tecnologías han impactado notoriamente el periodismo. En medio de ese escenario, al cual también me he sumado con talleres y conferencias que vengo ofreciendo desde el 2023, donde cada semana aparece una nueva herramienta o una nueva actualización, un grupo de investigadores decidió hacer una pausa. Preguntarse, dudar y observar más de cerca a los medios locales.
Porque sí, todos -en mayor o menor medida- usamos la IA sin querer queriendo. Está en el sistema de detección de objetos y peatones en el automóvil, en el robot aspiradora que pasea por casa o en el móvil. Ahí están gran parte de las aplicaciones que funcionan con ayuda de la inteligencia artficial. La usamos para llegar a un destino, editar imágenes, corregir textos, traducir frases, transcribir audios o resumir documentos. La hemos ido integrando a nuestra vida diaria casi sin darnos cuenta. Pero en ese proceso silencioso, nadie parecía estar prestando atención a un espacio clave del ecosistema informativo: las pequeñas redacciones, los medios locales, esos que trabajan con lo justo y que no siempre aparecen en los informes de innovación o en las notas de tendencias.

Y fue ahí donde se enfocó la profesora Elvira García de Torres, desde la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia, junto a un equipo de investigadores de Colombia, México, Perú, Uruguay, Ecuador y España. Su motivación fue clara: entender cómo están viviendo los periodistas locales esta irrupción tecnológica, qué temores tienen, qué usos hacen de la IA y, sobre todo, qué visión ética y profesional están construyendo ante este fenómeno que promete transformar el periodismo como lo conocemos.
García de Torres es periodista y lleva más de 30 años de trayectoria académica. Días atrás aceptó ser entrevistada en mi canal en YouTube para que nos cuente los principales hallazgos de su investigación. Esta fue fue desarrollada por un equipo internacional multidisciplinario, entre estos destacan Lyudmyla Yezerska, reconocida investigadorea del periodismo digital, de la Universidad de Piura.También forman parte del grupo Giovanni Ramos, Universida de Coimbra, Liza Higuera, de la Universidad Peruana Antenor Orrego, Claudia Herrera, Universidad Técnica Particular de Loja y Mayra González, investigadora independiente, cuya diversidad de enfoques contribuyó a una lectura más amplia y contextualizada de los hallazgos.
En el estudio participaron medios locales y regionales de Hispanoamérica y Europa con amplia trayectoria y fuerte arraigo en sus comunidades. Desde Brasil, se incluyeron A Tribuna (Vitória, fundada en 1938) y O Município (Brusque, 1954), ambos con presencia digital consolidada y enfoque regional. En Colombia, se sumó El País de Cali, con más de 70 años de historia y una destacada unidad investigativa. El Mercurio de Cuenca (Ecuador), fundado en 1924, aportó su mirada centenaria y experiencia digital desde 1995. Por España participó Las Provincias (Valencia), creado en 1866 y referente digital con más de seis millones de usuarios únicos en marzo de 2024. México estuvo representado por tres medios: Diario de Morelos (1978), El Sol de Puebla (1944) y La Jornada Zacatecas (2006), cada uno con enfoques y modelos de gestión distintos. Desde Perú, se integró El Tiempo de Piura, con más de un siglo de actividad informativa y pionero digital en el norte del país. Finalmente, Portugal aportó tres títulos: A Voz de Trás-os-Montes (Vila Real, 1947), Jornal do Fundão (Beira Interior, sin fecha precisa) y Região de Leiria (1935), todos comprometidos con la digitalización y el periodismo local.
Refiere la investigadora que una de las cosas que más le sorprendio fue ver que a pesar de la precariedad, del cansancio, de la presión por producir contenidos en múltiples plataformas, los periodistas locales de entenden claramente su responsabilidad y oficio centrado en el ser humano.
“Y aunque muchos no han recibido formación en IA, tienen intuiciones muy lúcidas sobre lo que debería hacerse y lo que no,” agrega.
No hay un estándar
Uno de los hallazgos más importantes fue que no existe una actitud homogénea hacia la IA en el ecosistema periodístico iberoamericano. Mientras en Colombia, por ejemplo, la incorporación de tecnologías de IA parece estar más normalizada -especialmente en tareas como transcripción, resumen o monitoreo-, en otros países, como Perú y México, predomina una mezcla de escepticismo, desconfianza y desconocimiento.
Lo interesante es que estas percepciones no se corresponden necesariamente con el nivel de acceso a la tecnología. Es decir, los periodistas conocen la IA, saben que existe y que ya está operando en algunas funciones dentro de sus medios, pero eso no significa que la acepten o que estén cómodos con su presencia.
Por el contrario, Al contrario, la actitud generalizada es más bien negativa. Y no por ignorancia, sino por razones profundamente éticas y profesionales.
Lo que preocupa
En casi todas las redacciones consultadas —desde medios comunitarios en México hasta portales regionales en Ecuador— apareció una inquietud recurrente: la deshumanización del proceso periodístico. Los periodistas temen que, al delegar funciones creativas o informativas a un software, se pierda algo esencial del oficio: la interpretación, el contexto, la sensibilidad, la empatía. Eso que las máquinas, por más potentes que sean, aún no pueden replicar.
Esta preocupación me tocó particularmente. A lo largo de los últimos años he tenido la oportunidad de capacitar a centenares de periodistas en distintos rincones del país, gracias a talleres organizados por empresas privadas y gremios profesionales como la Asociación Nacional de Periodistas, el Colegio de Periodistas de Lima, el Colegio de Periodistas del Perú y el Colegio de Periodistas de Arequipa.
¿Por qué me llama la atención? Porque en todos esos espacios de formación, insisto en que nunca debemos delegar o tercerizar completamente nuestro trabajo a estas herramientas. Lo que debemos hacer, más bien, es aprender a dar instrucciones claras, definir roles, establecer contexto y aportar detalles para que la IA generativa nos devuelva una respuesta útil, afinada, pero siempre validada por nuestro criterio profesional.
Lo que recomiendo
De hecho, suelo recomendar una práctica concreta: trabajar primero con un borrador propio —aunque esté en proceso o necesite ajustes— antes que pedirle a la IA que redacte un texto desde cero. En esa interacción guiada, es cuando la tecnología realmente suma sin reemplazar lo que nos hace periodistas.
Otra preocupación expresada por los encuestados es “la opacidad en el uso de la IA”. Muchos profesionales exigen que, si una nota periodística ha sido elaborada (en parte o totalmente) con ayuda de inteligencia artificial, eso se indique de forma clara al lector. Algunos incluso plantean que debería especificarse el porcentaje de participación de la IA en el texto, como una manera de mantener la honestidad editorial y no engañar a las audiencias.
Considero que si el texto final es el resultado de un trabajo de campo realizado por el periodista (con entrevistas, observación o redacción base propia) y luego fue optimizado o mejorado con ayuda de ChatGPT o Gemini, el enfoque cambia.
La transparencia debe aplicarse cuando la IA tiene un peso significativo en la redacción final, cuando genera contenido desde cero o cuando interviene en decisiones editoriales clave. Pero cuando somos nosotros los que dirigimos el proceso, aportamos los datos, definimos el enfoque y usamos la IA como un recurso de apoyo bajo supervisión directa, no se está ocultando nada, ni se traiciona al lector. Se trata, más bien, de una evolución natural del trabajo con herramientas que, bien utilizadas, pueden enriquecer la labor periodística sin desdibujar la autoría.
Sobre el temido reemplazo laboral, la visión no es del todo catastrófica, pero el miedo existe. Los periodistas de medios locales suelen sentirse más protegidos, pues consideran que su conocimiento del territorio, de las fuentes y de los códigos culturales no puede ser replicado por un algoritmo. Sin embargo, admiten que la presión económica sobre los medios podría empujar a algunos empresarios a reemplazar puestos con sistemas automatizados que “hagan lo mismo” por menos costo. Aunque “hacer lo mismo” en periodismo no siempre significa hacer bien el trabajo.
¿Qué usos sí aceptan?
Curiosamente, pese a las reservas, muchos periodistas ya están usando herramientas de IA sin identificarlas como tales. Aplicaciones para transcribir entrevistas, resumir textos largos, corregir errores gramaticales o tomar notas en reuniones virtuales forman parte de su día a día. En ese sentido, ven a la IA como una especie de “asistente junior”, una herramienta de apoyo para tareas mecánicas que les permite ganar tiempo y centrarse en lo que realmente importa: investigar, contrastar, narrar.
Lo que no aceptan -o aceptan concautela- es que la IA redacte noticias completas, sobre todo si se trata de temas sensibles, con impacto social o matices políticos. La desconfianza en la precisión, la veracidad de los datos y los posibles sesgos algorítmicos sigue siendo alta.
Precariedad y formación pendiente
La investigación de García de Torres también arrojó luz sobre problemas estructurales que afectan al periodismo local en la región. Por ejemplo, la escasa formación en herramientas digitales y el poco tiempo disponible para capacitarse. Muchos periodistas entrevistados admitieron que aprenden sobre la marcha, en sus ratos libres, y sin acompañamiento institucional.
También se hizo evidente el agotamiento que genera tener que dominar múltiples formatos (blogs, videos, redes, podcast, TikTok) y ahora también IA, todo con presupuestos limitados y sueldos que rara vez compensan esa exigencia.
Otro punto crítico fue la desconexión con las audiencias jóvenes. A diferencia de los influencers, muchos medios locales siguen luchando por entender cómo construir comunidad, cómo generar conversación, cómo crear vínculos con una ciudadanía fragmentada y saturada de contenidos.
Un llamado a formar desde dentro
Frente a este panorama, la conclusión de la profesora García de Torres es clara: la solución no pasa por importar recetas o capacitar desde arriba, sino por identificar a los buenos periodistas que ya están en los medios locales y brindarles las herramientas para adaptarse, sin perder el sentido ético y social del periodismo.
La IA puede ser una aliada. Pero nunca sustituirá la experiencia, el criterio, la mirada humana. Y en las redacciones pequeñas, muchas veces invisibles para las grandes plataformas, hay una riqueza periodística que vale la pena cuidar, escuchar y fortalecer. Si deseas revisar la investigación, puedes verla aquí.






