El mundo de la programación está en un punto de inflexión, una transformación que reconfigura los roles, las expectativas salariales y las habilidades requeridas. La imagen del programador como un “rockstar” con sueldos exorbitantes y múltiples ofertas de empleo simultáneas, tan característica de la última década, ha empezado a desvanecerse.

Una de las principales preocupaciones que surgen en este nuevo escenario es el impacto de la inteligencia artificial. ¿Es una aliada que potencia el trabajo o una amenaza que lo reemplazará? Según Ariel Hitner, Delivery Manager de Softtek, la IA no es una amenaza para el programador, sino una poderosa herramienta. Esta tecnología permite automatizar tareas repetitivas y liberar tiempo, permitiendo a los profesionales enfocarse en lo que realmente aporta valor: la creatividad, el criterio y la comprensión del negocio.

Hitner enfatiza que la clave para el futuro de la programación no es temer a la IA, sino aprender a integrarla en el flujo de trabajo. Aquellos programadores que dominen esta integración y se adapten al cambio tendrán un futuro muy sólido en la industria. Esto marca una evolución del rol: de ser un mero codificador, el programador debe convertirse en un estratega tecnológico capaz de aprovechar las nuevas herramientas para resolver problemas complejos y generar soluciones innovadoras.

«La combinación de conocimientos técnicos sólidos con habilidades blandas es fundamental para destacar en el mercado actual».

Habilidades técnicas y blandas: el binomio del éxito

La reinvención del programador no solo pasa por el dominio de nuevas tecnologías, sino también por el desarrollo de un conjunto de habilidades que van más allá del código. La combinación de conocimientos técnicos sólidos con habilidades blandas es fundamental para destacar en el mercado actual.

Habilidades como el liderazgo, la empatía y el pensamiento crítico son tan importantes como el dominio de lenguajes como Python, JavaScript o frameworks de desarrollo web. Las plataformas de bajo código (low-code), que agilizan ciertos desarrollos, no resuelven todos los problemas y tienen sus propias limitaciones. El low-code, de hecho, se presenta como un complemento de la programación tradicional, ayudando a reducir tiempos en proyectos específicos. Esta dinámica refuerza la idea de que la creatividad humana y la capacidad de entender el contexto del negocio siguen siendo insustituibles.

La realidad del mercado laboral y los salarios

La «época dorada» de los salarios, que se dispararon durante la pandemia, ha quedado atrás. El mercado laboral se ha vuelto más competitivo, tanto en la demanda como en la oferta de programadores. Muchas empresas han comenzado a buscar talento en destinos más competitivos debido al encarecimiento de los costos laborales en varias regiones.

Un informe de Experis, que analizó a más de 700 empresas del sector de Tecnologías de la Información (IT), muestra un panorama menos optimista para el tercer trimestre de 2025: solo el 27% de las empresas planea contratar, mientras que el 33% prevé despidos y el 37% restante mantendrá su plantilla. Aunque la demanda de programadores sigue siendo alta, la oferta también ha crecido, lo que significa que ya no abundan las propuestas de trabajo simultáneas como antes. La clave para destacar, según Hitner, es la especialización, el aprendizaje de nuevas tecnologías y la comprensión del negocio.

La profesión de programador celebra su día el 13 de setiembre, una fecha que marca el día 256 del año, un número que simboliza la cantidad de combinaciones posibles en un byte de ocho bits. Esta conmemoración llega en un momento de reflexión y cambio, donde el futuro de la profesión depende de la capacidad de sus miembros para adaptarse, aprender y evolucionar junto con las nuevas herramientas tecnológicas.

*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.