La nueva guía de la AHA y el ACC no solo refuerza el estilo de vida, sino que integra la personalización del riesgo (calculadora PREVENT) y enfatiza el tratamiento temprano para blindar la salud cerebral, el riesgo de ECV y las complicaciones durante el embarazo.
La hipertensión arterial, conocida popularmente como presión arterial alta, sigue siendo uno de los mayores desafíos de la salud pública global. Al afectar a casi la mitad (46,7%) de los adultos en Estados Unidos, es el principal factor de riesgo evitable y la causa más común de muerte relacionada con enfermedades cardiovasculares (ECV), que incluyen el ataque cardíaco, el accidente cerebrovascular y la insuficiencia cardíaca.
Frente a este panorama, la American Heart Association (AHA) y el American College of Cardiology (ACC) publicaron la “Guía 2025 de AHA/ACC/AANP/AAPA/ABC/ACCP/ACPM/AGS/AMA/ASPC/NMA/PCNA/SGIM para la prevención, la detección, la evaluación y el control de la presión arterial alta en adultos”, un documento que reemplaza a la guía de 2017 y trae un mensaje claro: la intervención temprana y la personalización del riesgo son esenciales para ganar la batalla contra este silencioso asesino.
El nuevo documento, publicado en las revistas «Circulation, Hypertension y JACC«, hace una revisión exhaustiva de la evidencia científica más reciente para ofrecer recomendaciones actualizadas. Si bien las categorías de la presión arterial se mantienen, el enfoque sobre el cómo y cuándo tratar ha evolucionado significativamente, buscando una atención mucho más adaptada a las necesidades individuales de cada persona.
El enfoque PREVENT: Tratamiento a la medida
Uno de los cambios más importantes que introduce la Guía 2025 es la recomendación de usar la calculadora de riesgos PREVENT (Predecir el Riesgo de EVENTos de enfermedades cardiovasculares) de la AHA. Esta herramienta innovadora no solo estima el riesgo de ECV a 10 y 30 años en adultos de 30 a 79 años, sino que es pionera en combinar variables de salud cardiovascular, renal y metabólica, incorporando además el código postal como un indicador de los factores sociales de salud.
Esta estimación de riesgos más precisa permite a los profesionales de la salud, desde el equipo de atención primaria hasta los especialistas, tomar decisiones de tratamiento personalizadas.
«La presión arterial alta es el factor de riesgo más común y más modificable de las enfermedades cardíacas», afirmó el Dr. Daniel W. Jones, M.D., FAHA, decano y profesor emérito de la Facultad de Medicina de la Universidad de Mississippi en Jackson, Mississippi, y presidente del comité redactor de la guía. Él enfatiza que «al abordar antes los riesgos individuales y ofrecer estrategias más personalizadas durante toda la vida, la guía de 2025 tiene como objetivo ayudar a los médicos a que más personas puedan controlar su presión arterial y reducir las tasas de enfermedades cardíacas, de enfermedades renales, de diabetes tipo 2 y de demencia».
El Dr. Jones también señaló que la guía «está diseñada para ayudar a los profesionales de la salud […] con el diagnóstico y la atención de personas con presión arterial alta. También brinda a los pacientes herramientas prácticas que pueden cubrir sus necesidades de salud particulares con respecto al control de la presión arterial, ya sea mediante cambios en el estilo de vida, el uso de medicamentos o ambos.”
Más allá del corazón: La conexión cerebro-presión
La guía pone un foco especial en un riesgo que investigaciones recientes han confirmado: la relación directa de la presión arterial alta con la salud cerebral, incluyendo el deterioro cognitivo y la demencia. La evidencia demuestra que la hipertensión puede dañar los pequeños vasos sanguíneos del cerebro, afectando la memoria. Por ello, se recomienda firmemente el tratamiento temprano en personas con diagnóstico de presión arterial alta, no solo para proteger el corazón, sino también para mantener la salud cerebral y la cognición a largo plazo.
Además, el documento actualiza las recomendaciones en el tratamiento farmacológico, incluyendo la posible adición de nuevos tratamientos, como los medicamentos GLP-1, para algunos pacientes que padecen presión arterial alta, sumado a sobrepeso u obesidad. También se insiste en la importancia del control estricto de la presión arterial antes, durante y después del embarazo para prevenir complicaciones graves a corto y largo plazo, como la preeclampsia.
Las categorías se mantienen, el tratamiento temprano se expande
Aunque el énfasis en la intervención es nuevo, los criterios para clasificar la presión arterial se mantienen igual a los de la guía de 2017:

Aun con las mismas categorías, se sugiere el tratamiento temprano con modificación del estilo de vida y, según sea apropiado, el uso de medicamentos desde las etapas iniciales, para reducir el riesgo de todas las ECV asociadas, además de las enfermedades renales, el deterioro cognitivo y la demencia.
Los pilares del estilo de vida saludable: 5 puntos clave
La guía reafirma que los hábitos saludables son la primera línea de defensa para la prevención y el control de la hipertensión. Se anima a los pacientes a adoptar las métricas de salud cardíaca de la AHA (Life’s Essential 8), con recomendaciones muy específicas:
- Sodio: Limitar el consumo a menos de 2.300 mg por día, con un objetivo ideal de 1.500 mg. Es vital revisar las etiquetas, ya que gran parte del sodio proviene de alimentos envasados y de restaurantes.
- Actividad Física: Aumentar a al menos 75-150 minutos semanales, incluyendo ejercicio aeróbico (cardiovascular) o entrenamiento de resistencia (pesas).
- Peso: Mantener o alcanzar un peso saludable, con una meta de al menos un 5% de reducción del peso corporal en adultos con sobrepeso u obesidad.
- Dieta: Seguir un patrón de alimentación saludable para el corazón, como el plan DASH, que enfatiza la reducción del sodio y es rico en vegetales, frutas, cereales integrales, y productos lácteos bajos en grasa.
- Otros: Controlar el estrés mediante técnicas de reducción como meditación o yoga, y limitar el consumo de alcohol a no más de dos bebidas diarias para hombres y una para mujeres, o idealmente, no beber.
Finalmente, en cuanto a las pruebas de laboratorio, la guía hace obligatorio el Cociente de microalbúmina y creatinina en orina para evaluar la salud renal en todos los pacientes hipertensos (antes era opcional). También expande la indicación de uso de la prueba del cociente de aldosterona plasmática-renina, para detectar el aldosteronismo primario, una afección que puede ser causa de la presión arterial alta. Estos elementos, combinados con la monitorización de la presión arterial en casa, buscan asegurar que el diagnóstico sea certero y el plan de atención sea integral y efectivo.
*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.
Foto: Towfiqu barbhuiya





