En un momento donde las familias jóvenes y profesionales solteros están priorizando la compañía de un perro o un gato como parte fundamental de su proyecto de vida, es importante que los diseños deben considerar una realidad «multiespecie».
Por Arq. Gerardo Berdejo
Desde que salí de la facultad de arquitectura hace 25 años, mi vida ha estado marcada por dos pasiones inseparables: el diseño de espacios, y la defensa del bienestar animal. En mi hogar, busco el equilibrio entre mi trabajo y mi familia, donde Lolita, mi perrita de 14 años y mis dos gatitos, Anvor (de Anvorguezo) y Mechita, son cada vez más importantes; y donde cada uno, a su estilo, reclaman un espacio.
Esta convivencia diaria me ha hecho ver con claridad un cambio social profundo que, como arquitectos y urbanistas, estamos ignorando en gran medida. Las familias han evolucionado. Hoy, los «hijos de cuatro patas» no son un complemento; son miembros centrales, con derechos a un espacio digno, seguro y feliz. Sin embargo, seguimos diseñando viviendas como si ellos fueran meros accesorios.
Una oportunidad de mercado desatendida
Las cifras son claras. El mercado de productos para mascotas en Perú crece año tras año. De hecho, según «Forbes», se calcula que para el 2028, esta industria facturará 680 millones de dólares. Familias jóvenes y profesionales solteros, entre otros, están priorizando la compañía de un perro o un gato, como parte fundamental de su proyecto de vida. Entonces este no es un nicho marginal; es un cliente real, con necesidades específicas que está dispuesto a invertir en soluciones que mejoren la calidad de vida de toda su familia.
Ignorar esta realidad es perder una oportunidad inmensa de innovación. El arquitecto o constructor que entienda que está diseñando para una familia multiespecie, se posicionará no solo como un profesional sensible, sino como un visionario que responde a las demandas del presente.
El diseño que piensa en flujos y conductas
Pero, ¿en qué se traduce esta filosofía? En pensar en todos los miembros de la familia desde la primera raya que tracemos cuando comenzamos a diseñar.
- Los materiales como aliados: Imaginemos suelos de microcemento u otros materiales que resistan sus uñas y sean fáciles de limpiar. Pinturas lavables o paneles en las paredes hasta cierta altura para borrar pelo y grasa sin mucho esfuerzo. Telas especiales en los sofás que digan «no» a los arañazos. Son decisiones que no sacrifican la estética, sino que suman inteligencia y durabilidad.
- Una zonificación inteligente: Así como nosotros tenemos dormitorios, salas y baños, nuestras mascotas también necesitan sus propias áreas, como por ejemplo, utilizar el espacio debajo de la escalera para que el perro duerma en una cama acorde a su tamaño, colocar redes y pasarelas aéreas y así crear un flujo más estimulante para un gato. Colocar un punto de agua tipo ducha a nivel de suelo para lavar las patas del perro después de un paseo con lluvia; o crear un trono especial y silencioso donde colocar el arenero para los gatos, es crucial para una mejor convivencia. Todas estas cosas pueden parecer lujos, pero transformarán tus rutinas para bien.
- El jardín como santuario: El patio y jardín deben ser espacios seguros. Esto significa elegir plantas no tóxicas, tener un cerco sin riesgo de fuga y que tenga zonas de sombra y agua fresca.
El resultado final: bienestar que se siente en toda la familia
Cuando el diseño considera a las mascotas, el beneficio es para todos. Un perro o gato con un entorno enriquecido y seguro es un animal más tranquilo, lo que se traduce en menos conductas destructivas y menos estrés para los dueños. Facilita la convivencia, fortalece el vínculo y, en esencia, convierte una casa en un verdadero hogar, donde cada miembro, bípedo o cuadrúpedo, se siente valorado. ¡Ah! Y no hay que olvidar que los vecinos también se benefician, sobre todo, en casos donde tenemos un perro que llora o le ladra a todo lo que se mueve, por ansiedad, soledad o aburrimiento.
Y algo que me parece muy importante al terminar el servicio con el cliente, es elaborarle una guía de mantenimiento que les ayude a cuidar estos espacios. Con esto se asegura un proyecto exitoso y duradero.
En conclusión, la idea es dejar de ver a las mascotas como habitantes accidentales de nuestros diseños. Como arquitecto y activista por los animales, creo firmemente que nuestra profesión tiene el poder y el deber de mejorar la vida de todos los seres que comparten un techo. Es hora de que empecemos a dibujar planos que, literalmente, tengan en cuenta todas las huellas.






