El desafío en Latinoamérica, plantea el autor en este artículo, no es la falta de generación de conocimiento, sino la capacidad de transformarlo en soluciones usables que resuelvan problemas concretos de la sociedad.

Por Yahir Delzo, CEO de Nodriza Perú

Es bien conocido que en las universidades se produce la mayor cantidad de conocimiento, como artículos científicos, tesis, prototipos, tecnologías emergentes y soluciones aplicadas; sin embargo, solo una fracción se convierte realmente en innovación que llega al mercado o genera impacto social; de manera particular en universidades latinoamericanas en general. La brecha no está en la falta de ideas, sino en la capacidad de transformar conocimiento en valor.

Durante años, la conversación del ecosistema se ha centrado casi exclusivamente en la propiedad intelectual (PI), como registros, patentes, contratos; aunque importante, la PI es solo un eslabón dentro de una cadena más larga, pues para que una universidad realmente contribuya al desarrollo del país, debe avanzar más allá de la PI, hacia estrategias que permitan que ese conocimiento sea usable, transferible y finalmente adoptado o adaptado por quienes pueden convertirlo en productos, servicios o soluciones.

Para ello, desde mi experiencia, considero tomar en cuenta algunos puntos importantes, o clave:

1. La PI no es el fin, es el comienzo y una herramienta importante

Muchas instituciones han hecho un esfuerzo admirable por consolidar reglamentos de PI, crear oficinas de transferencia tecnológica (OTT) y promover la cultura de protección de invenciones.; sin embargo, registrar una patente o un derecho de autor (o cualquier otro instrumento de protección) no garantiza que una tecnología se utilice.

Las universidades más avanzadas entienden que la PI es una herramienta estratégica, diseñada para:

  • Proteger ventajas competitivas, para ello es importante tener la buena costumbre de tener o armar el portafolio de tecnologías o de activos intangibles.
  • Facilitar negociaciones con empresas, por lo que se requiere especialización y capacitación alta en estos temas,aunque “haciendo camino al andar”, también podría ser una opción.
  • Habilitar licencias, creación de spin-offs o alianza; donde estos conceptos no deben ser parte de la retórica, más bien deben estar claramente definidos en los reglamentos, lineamientos, directivas u otros documentos normativos de cada universidad o centro académico.
  • Dar sostenibilidad a proyectos de innovación, a través de subvenciones o fondos que abarquen toda la cadena, desde la investigación básica hasta el escalamiento comercial.

El reto es que este proceso esté integrado en una estrategia de I+D+i y no aislado como un trámite legal; que es lo que en varias universidades que he podido acompañar de cerca, cometen.

2. La maduración tecnológica es el puente entre el laboratorio y el mercado

Una tecnología protegida pero inmadura difícilmente será adoptada, pues los altos niveles de incertidumbre técnica y comercial suelen ser la razón principal por la que las empresas no licencian activos universitarios o académicos (no perder de vista que tambien tenemos institutos de investigación, fundamentalmente públicos)

Aquí entran los modelos de maduración tecnológica, como la escala TRL (Technology Readiness Level); sin embargo esta es solo otra herramienta y no un fin en si mismo, tal como la PI, que si se usa adecuadamente, también puede fortalecer la gestión de los activos intangibles y tecnológicos de las instituciones. Un punto importante, es que a mayor TRL, menor riesgo.

Para que una innovación universitaria o académica avance en esta escala, se requieren:

  • Prototipos funcionales más allá del nivel conceptual.
  • Pruebas de laboratorio y de campo que validen desempeño, con enfoque comercial.
  • Datos de costos, escalabilidad y manufactura;  para ello es importante tener una cercanía estrecha con la industria o el sector empresarial. Ayuda mucho la participación en redes empresariales, cámaras de comercio, hubs empresariales, clústeres, entre otros.
  • Evaluaciones comerciales tempranas, no posteriores. Acá el uso de marcos ágiles pueden significar elementos importantes para lograr más en menos tiempo, y con bajos costos.

Fondos como prototipado, pruebas de concepto o validaciones en entorno real son esenciales. Muchas universidades peruanas y latinoamericanas aún carecen de mecanismos internos sistemáticos para financiar esta etapa crítica.

3. Para valorizar la tecnología hay que entender qué problema resuelve y para quién

Un error común es suponer que una buena solución “se venderá sola”, cuando en realidad, la valorización tecnológica, o valoración del potencial comercial, va a permitir comprender:

Una tecnología que no responde a una necesidad concreta difícilmente generará interés empresarial; y quizá este sea un reto mayor, puesto que las universidades deben fortalecer capacidades para realizar estos estudios o formar equipos mixtos universidad-empresa que lo hagan de manera conjunta; de otra manera, el proceso podrá ser largo.

4. La articulación con la industria debe pasar del contacto al vínculo estratégico

Muchos proyectos académicos aparecen “en busca de empresa”, cuando debería ocurrir lo contrario: los proyectos deberían nacer desde problemas reales identificados con la empresa; esto quizá aplique para ecosistemas donde existe una mayor cultura de innovación y colaboración; sin embargo, hay que empezar en algún momento. Para ello, las estrategias más efectivas (no todas), podrían ser:

  • Mesas técnicas con clusters, gremios sectoriales, cámaras de comercio u otros.
  • Uso de herramientas dentro del modelo de innovación abierta (challenges, retos, solucionadores, scouting tecnológico, etc.)
  • Laboratorios abiertos donde empresas prueban soluciones académicas, para ello establecer que laboratorios están preparados para esto (diferenciar laboratorios académicos, de investigación, de desarrollo tecnológico o mixtos) con protocolos claros de acceso.
  • Programas de codesarrollo, donde universidad y empresa comparten riesgos, para ello, aprovechar los fondos que promueven estas alianzas.
  • Estancias de investigadores en empresas y viceversa, que podría formar parte de la oferta de vinculación o de transferencia de las universidades.
  • Convenios marco con portafolios activos de necesidades tecnológicas. No todo se tiene que desarrollar, es posible aprovechar lo que ya se tiene en la universidad y partir de ello para interactuar con la empresa.

Esta lógica cambia la dinámica, donde la universidad deja de “ofrecer” soluciones y pasa a resolverlas en alianza, o lo que quizá mejor se conozca como vinculación universidad-empresa.

5. Modelo de Spin-offs universitarias, donde la innovación se convierte en empresa

No todas las tecnologías encontrarán empresa licenciataria; en esos casos, las spin-offs científicas o tecnológicas son una vía para llevar la innovación al mercado. Este modelo es utilizado intensivamente en varios países, el caso más cercano que he tenido la oportunidad de conocer, es el de Corea del Sur; lo que reduce los costos de transacción que pueda significar realizar todo el proceso de prospección comercial y centrarse en la conformación de spin-off. Sea como fuere, algunos requisitos para esto, podrián ser:

  • Equipos emprendedores con capacidades técnicas y de negocio; especialmente en universidades o institutos con carreras de ciencas e ingeniería y de negocios o administración (fomentar el trabajo multidisciplinario).
  • Modelos de participación accionaria claros, quizá para universidades públicas sea díficil, pero es posible encontrar otros modelos.
  • Políticas institucionales sobre transferencia de tecnologías a nuevas empresas; para ello es importante la incorporación de modelos de spin-off como una forma de transferencia y de manera explícita en los documentos normativos, por ejemplo, el reglamento de propiedad intelectual.
  • Acompañamiento en etapas de incubación y aceleración; esto es importante, puesto en varias universidades existe un divorcio (aunque nunca estuvieron casados), o un distanciamiento, que hasta ahora no termino de entender.
  • Acceso a capital semilla y redes de inversión; así como se financian proyectos de investigación básica o aplicada, es importante destinar fondos para procesos te transferencia o de inversión temprana; además de acceder a los fondos externos para estos fines.

La experiencia basada en evidencia técnica-científica, muestra que las universidades que han incorporado políticas claras de spin-offs suelen multiplicar el impacto de su I+D+i en el entorno productivo.

6. La cultura de innovación es el factor que lo hace posible

A veces se destina tiempo y otros recursos para la elaboración o implementación de marcos normativos, como reglamentos, financiamiento y equipos técnicos; sin embargo, es importante enfatizar que la innovación no fluye si la cultura institucional no lo permite. 

Para ello, es posible comenzar con algunos elementos que caracterizan o pueden caracterizar a una cultura institucional que soporte la innovación y transferencia:

  • Incentivar proyectos aplicados y no solo publicaciones; muchas escalas dentro de las universidades o instituciones rectoras de Ciencia y Tecnologías, ofrecen incentivos por publicaciones pero también por elementos de propiedad intelectual, e incluso por paquetes tecnológicos.
  • Reconocer la transferencia como un logro académico, no solo incentivos monetarios, tambien existen los no monetarios o retribucioenes en eventos públicos, pago de capacitaciones, entre otros.
  • Reducir la burocracia en convenios y compras vinculadas a innovación; este quizá sea desde mi experiencia uno de los mayores decinsentivos iniciales.
  • Fomentar la multidisciplinariedad, como ya mencionamos la transferencia tecnológica involucra componentes de modelos de negocio, administración, management, comercialización, entre otros.
  • Formar a docentes y estudiantes en gestión de innovación, PI y emprendimiento; para ello, los planes curriculares de todas las carreras, deben de incluir estos elementos, ya sea de nivel básico y/o hasta niveles avanzaddos.

Una cultura que valore la innovación convierte iniciativas aisladas en un sistema sostenible.

Así, consideramos que la propiedad intelectual es clave, pero no suficiente, para que el conocimiento académico se convierta en innovación usable, por lo que se requiere una cadena integrada: maduración tecnológica, valoración comercial, articulación con la industria, spin-offs y cultura institucional.

Además, el Perú y la región tienen un enorme potencial científico y técnico importante, donde el desafío ahora no es producir más conocimiento, sino hacer que ese conocimiento se transforme en soluciones reales, capaces de mejorar la productividad, la salud, la sostenibilidad y la calidad de vida de millones de personas; que a fin de cuentas, es el verdadero sentido de innovar.