La incidencia oncológica superaría los 80.000 nuevos pacientes al cierre de 2025, mientras que el diagnóstico tardío afecta a siete de cada diez personas en el país.
El panorama de la salud oncológica en el Perú enfrenta un punto de inflexión crítico en este 2026. Lo que históricamente se ha gestionado como un problema estrictamente médico, hoy se revela como un desafío social y económico de magnitud nacional que requiere una intervención política inmediata y articulada. Según las últimas estimaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), el cáncer se ha consolidado como la tercera causa de muerte en el territorio peruano, siendo el responsable directo de una de cada nueve muertes prematuras registradas antes de los 75 años.
La situación es alarmante no solo por las cifras de mortalidad, sino por la tendencia creciente de la enfermedad. El Observatorio Global del Cáncer (Globocan) indica que, para el cierre de 2025, la incidencia anual podría superar los 80.000 nuevos casos, con una mortalidad proyectada de 41.000 fallecimientos por año. Esta carga oncológica evidencia que las estrategias actuales de detección no están siendo suficientes para frenar el avance de la patología en la población.
El drama del diagnóstico tardío
Uno de los cuellos de botella más severos del sistema sanitario es la detección en etapas avanzadas. Reportes de especialistas detallan que entre el 56% y el 70% de los casos se detectan en estadios III y IV. En estas fases, las opciones de tratamiento se reducen drásticamente y las probabilidades de supervivencia caen de forma estrepitosa.
Esta realidad es especialmente dolorosa en la población infantil. Karina Pujay, representante del Colectivo Cáncer Infantil Perú, advierte que la falta de acceso oportuno marca una línea fatal: “En el caso del cáncer infantil, el diagnóstico tardío marca la diferencia entre la vida y la muerte. Muchos niños llegan a los hospitales cuando la enfermedad ya está avanzada, principalmente por falta de acceso oportuno y derivaciones tardías”.
Brechas territoriales y falta de especialistas
A pesar de que existen servicios oncológicos en más de 20 regiones del país, la atención sigue siendo profundamente desigual. Lima Metropolitana concentra la mayor cantidad de especialistas, equipos médicos y centros de alta complejidad, lo que obliga a miles de peruanos a realizar viajes extenuantes desde las provincias para recibir una quimioterapia o una cirugía.
A este centralismo se suma la escasez de capital humano especializado. Actualmente, el Perú solo cuenta con un cirujano oncólogo por cada 100.000 habitantes, una cifra que resulta insuficiente para cubrir la demanda de una población con una incidencia al alza. Gianina Orellana, presidenta de Por un Perú sin Cáncer, subraya que este escenario profundiza las desigualdades sociales: “El cáncer no solo impacta la salud de las personas, también golpea a las familias, profundiza desigualdades y pone en evidencia las brechas del sistema de salud”.
El costo económico de la enfermedad
El impacto del cáncer se extiende al bolsillo de las familias y a las arcas del Estado. La OCDE estima que esta enfermedad genera un incremento anual en el gasto de salud de S/ 225 millones. Además, el país pierde una productividad equivalente a 61.300 trabajadores a tiempo completo debido al ausentismo laboral y la salida prematura del mercado de trabajo.
Para las familias, el golpe financiero puede ser devastador. La Asociación Peruana de Empresas de Seguros (Apeseg) estima que un tratamiento oncológico puede costar hasta S/ 300.000 anuales por paciente, una cifra inalcanzable para la mayoría de los hogares peruanos.
Hacia una política sostenida
Si bien la Ley Nacional del Cáncer y el Plan Nacional Multisectorial 2025–2030 representan avances normativos, los expertos señalan que las leyes por sí solas no curan pacientes. Se requiere ejecución y financiamiento real. El Dr. Víctor Palacios, asesor de la Comisión de Cáncer del Congreso de la República, enfatiza que el liderazgo es clave: “El reto ahora es asegurar continuidad, financiamiento y liderazgo político. Las normas existen, pero su impacto depende de una ejecución sostenida y de una articulación real entre sectores”.
En el marco del Día Mundial contra el Cáncer, bajo el lema global «Unidos por lo Único», la Unión Internacional para el Control del Cáncer (Uicc) —organización que agrupa a entidades de más de 90 países— hace un llamado a construir sistemas de salud más humanos y sensibles a las realidades individuales. La meta para el Perú es clara: fortalecer una hoja de ruta que priorice la prevención, pues se estima que hasta el 60% de los casos podrían evitarse con estilos de vida saludables y controles periódicos.
*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.





