Cerca de 1.900 menores son diagnosticados con cáncer al año en Perú. Especialistas destacan que el soporte emocional es vital para el éxito de su tratamiento.

El diagnóstico de cáncer en la infancia y la adolescencia representa uno de los desafíos más complejos que puede enfrentar una familia. En el Perú, esta realidad alcanza a cerca de 1.900 niños y adolescentes que cada año reciben esta noticia. Si bien el enfoque clínico es la prioridad inmediata para salvar vidas, la salud mental se erige como un pilar fundamental que no puede ser ignorado durante el proceso de recuperación y tratamiento.

De acuerdo con especialistas en salud mental, el impacto de esta enfermedad no se limita a lo físico. Las hospitalizaciones frecuentes, los tratamientos prolongados y la interrupción de la vida cotidiana generan niveles críticos de estrés, incertidumbre y miedo tanto en los pacientes como en su entorno cercano. Esta situación exige un abordaje integral donde el cuidado psicológico sea tan relevante como el protocolo médico.

Un impacto disruptivo en el desarrollo

La etapa en la que se recibe el diagnóstico juega un papel crucial en cómo el menor procesa la enfermedad. María Elena Escuza, directora de Psicología de la Universidad Norbert Wiener, explica que «recibir un diagnóstico de cáncer en la infancia es una experiencia altamente disruptiva». Según la especialista, la respuesta emocional varía significativamente dependiendo de la edad del paciente, su personalidad y, fundamentalmente, del soporte que reciba de su familia.

Es natural que durante este proceso aparezcan sentimientos de tristeza, ansiedad o frustración. Sin embargo, el reto para los padres y cuidadores es identificar cuándo estas emociones se convierten en señales de alerta que requieren una intervención profesional. Los niños, a diferencia de los adultos, no siempre cuentan con las herramientas verbales para expresar su angustia, por lo que suelen manifestarla a través de su comportamiento.

Señales de alerta en el comportamiento

El tratamiento del cáncer infantil conlleva cambios drásticos que pueden manifestarse de diversas formas. Algunas de las reacciones más frecuentes incluyen la irritabilidad, el retraimiento social y la ansiedad ante los procedimientos médicos. En algunos casos, se observa una regresión a conductas de etapas anteriores, un mecanismo de defensa común en menores bajo alto estrés.

María Elena Escuza, directora de Psicología de la Universidad Norbert Wiener, advierte que existen señales específicas que deben vigilarse:

  • Alteraciones persistentes en el ciclo del sueño o en la alimentación.
  • Pérdida de interés por actividades o juegos que antes resultaban placenteros.
  • Aislamiento social voluntario.
  • Expresiones de culpa vinculadas a los cambios físicos, como la pérdida de cabello o de peso, derivados del tratamiento.

El rol de la familia y la comunicación honesta

El entorno familiar es el principal sostén emocional, brindando la estabilidad y seguridad que el entorno hospitalario suele restar. Para fortalecer la capacidad de afrontamiento del niño, los expertos recomiendan mantener rutinas adaptadas a la nueva realidad, validar constantemente sus emociones y ofrecer espacios donde se sientan escuchados sin juicios.

Uno de los puntos más delicados es la comunicación sobre la enfermedad. La transparencia es vital. Se debe hablar del cáncer de forma honesta, utilizando un lenguaje sencillo y adecuado a la edad del menor. Es fundamental aclarar que la enfermedad no es contagiosa y, sobre todo, que no es consecuencia de algo malo que el niño haya hecho, eliminando así sentimientos de culpa innecesarios.

Finalmente, el acompañamiento psicológico profesional no debe verse como un extra, sino como una parte central del tratamiento integral. Este apoyo no solo ayuda a contener emocionalmente al paciente en el presente, sino que es clave para prevenir secuelas psicológicas a largo plazo, garantizando una mejor calidad de vida incluso después de haber superado la enfermedad.

*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.