La pandemia cambió nuestra relación con los microbios. Hoy sabemos que la higiene salva vidas, pero la esterilidad permanente probablemente no sea la mejor estrategia para criar niños más sanos. Sin dudas, el artículo de esta semana del investigador Enrique Gómez es imperdible.

Por Enrique Gómez, MD, MSc.*

Durante generaciones, un niño que llegaba a casa con las rodillas llenas de tierra era simplemente un niño que había jugado. Una raspadura se limpiaba con agua y jabón, se colocaba un curita y la vida seguía. La suciedad era parte natural de la infancia.

Después llegó la pandemia. El alcohol en gel apareció en cada bolsillo, las toallitas desinfectantes invadieron automóviles, mochilas y escritorios, y desinfectar cualquier superficie se convirtió en una rutina cotidiana. Durante meses, aquellas medidas fueron indispensables frente a un virus nuevo del que sabíamos muy poco. Sin embargo, cuando la emergencia sanitaria terminó, muchas de esas costumbres permanecieron.

Este cambio cultural ocurre en un momento en el que las enfermedades alérgicas continúan aumentando en todo el mundo. La Organización Mundial de la Alergia (WAO) estima que entre el 30% y el 40% de la población mundial presenta alguna enfermedad alérgica y que su prevalencia ha aumentado de forma sostenida durante las últimas décadas, especialmente en países urbanizados e industrializados. Aunque las causas son múltiples —genética, contaminación, dieta, cambios ambientales y estilo de vida—, cada vez existe más interés en comprender cómo la disminución del contacto con microorganismos ambientales podría estar influyendo en este fenómeno.

Cinco años después de la pandemia, vale la pena preguntarnos si algunas medidas extraordinarias se han convertido en hábitos permanentes sin aportar beneficios reales.

La curva de la higiene

Durante mucho tiempo asumimos que más limpieza siempre significaba más salud. Hoy sabemos que la relación es más compleja.

Podría resumirse en una idea muy sencilla: la higiene sigue una curva en forma de “u”. En un extremo, una higiene insuficiente favorece infecciones gastrointestinales y respiratorias. En el otro, la búsqueda de una esterilidad permanente podría alterar la microbiota ambiental con la que interactúan los niños y limitar algunos estímulos necesarios para la maduración del sistema inmunológico.

Durante muchos años se habló de la hipótesis de la higiene, propuesta para explicar el aumento de las enfermedades alérgicas en los países industrializados. Sin embargo, la evidencia acumulada durante la última década ha refinado ese concepto. Hoy sabemos que el problema no parece ser vivir “demasiado limpios”, sino haber reducido el contacto con la enorme diversidad de microorganismos ambientales con los que evolucionó nuestra especie. Por ello, muchos inmunólogos prefieren hablar de la hipótesis de los viejos amigos y de la hipótesis de la biodiversidad, que ponen el énfasis en la calidad de las exposiciones microbianas más que en la cantidad de limpieza. La salud no depende de vivir en un ambiente libre de microbios, sino de convivir con los microorganismos adecuados mientras nos protegemos de aquellos que realmente causan enfermedad. No significa que debamos buscar infecciones. Significa que no todos los microbios son enemigos.

La generación ‘indoor’

Nunca antes los niños habían pasado tanto tiempo dentro de casa. La urbanización, el aumento del tiempo frente a pantallas, la reducción de áreas verdes y, más recientemente, la pandemia, han favorecido una infancia cada vez más alejada de la naturaleza.

Este cambio coincide con el incremento mundial de enfermedades alérgicas, asma y otras alteraciones inmunológicas. Aunque existen múltiples factores involucrados, la pérdida del contacto cotidiano con ambientes naturales parece ser uno de ellos.

En un estudio publicado en “Science Advances” en el 2020, Roslund y colaboradores transformaron los patios de varias guarderías finlandesas incorporando vegetación, césped y suelo forestal. Después de 28 días, los niños expuestos a esos ambientes mostraron una microbiota cutánea más diversa y cambios favorables en marcadores de regulación inmunológica, incluidos aumentos en TGF-beta1, células T reguladoras y una mejor relación entre IL-10 e IL-17A. En otras palabras, el contacto cotidiano con entornos naturales no solo estimula el juego: también parece ayudar a entrenar al sistema inmune.

¿Puede un lavavajillas enseñar inmunología?

Uno de los estudios más curiosos sobre este tema fue publicado en Suecia en el 2015. Hesselmar y colaboradores observaron que los niños de hogares donde los platos se lavaban a mano presentaban menos enfermedades alérgicas que aquellos cuyos hogares utilizaban lavavajillas automáticos. La explicación propuesta fue que el lavado manual elimina los microorganismos peligrosos, pero deja una mayor diversidad de microorganismos ambientales que podrían contribuir al entrenamiento del sistema inmunológico.

La interpretación debe hacerse con cautela. El estudio fue observacional y no demuestra que el lavavajillas cause alergias. Lo más probable es que refleje un patrón más amplio de exposición microbiana dentro del hogar. Aun así, ilustra bien una idea que gana fuerza: el sistema inmune parece beneficiarse de una mayor diversidad de microbios cotidianos, no de un ambiente completamente estéril.

El gran mito del alcohol

Si la pandemia dejó una creencia instalada fue esta: mientras más concentrado sea el alcohol, mejor desinfecta.

En realidad ocurre exactamente lo contrario: Las soluciones entre 60% y 80%, especialmente el alcohol al 70%, son las más eficaces porque contienen suficiente agua para facilitar la desnaturalización de proteínas y prolongar el tiempo de contacto con bacterias y virus. El alcohol al 96% se evapora mucho más rápido y ofrece menos tiempo para ejercer su acción antimicrobiana.

Además, las soluciones muy concentradas resecan la piel con mayor facilidad, favorecen dermatitis y pequeñas fisuras, y alteran la barrera cutánea que constituye una primera línea de defensa. Tampoco conviene olvidar que el alcohol en gel no reemplaza por completo al agua y jabón: cuando las manos están visiblemente sucias o tienen materia orgánica, el lavado con agua y jabón sigue siendo el método más eficaz.

El precio de la limpieza extrema

Quizá el mayor legado de la pandemia no fue el alcohol en gel. Fue el miedo.

Muchas conductas adoptadas durante la pandemia fueron apropiadas en un contexto de transmisión comunitaria de un virus nuevo. El problema aparece cuando esas medidas extraordinarias se mantienen como hábitos permanentes, incluso cuando el riesgo ya cambió. Los microorganismos presentes en un bosque, un jardín o un parque no son equivalentes a los patógenos responsables de enfermedades infecciosas. La inmensa mayoría forman parte de un ecosistema con el que nuestra especie ha convivido durante miles de años.

Por eso, hoy diversos expertos promueven el concepto de higiene dirigida o ‘targeted hygiene’: concentrar las medidas de higiene en los momentos y lugares donde realmente existe riesgo de transmisión, como después de ir al baño, antes de preparar alimentos, tras cambiar pañales, al manipular carne cruda o cuando una persona está enferma. La prevención ya no busca un hogar estéril; busca un hogar seguro.

Entonces ¿qué debemos seguir haciendo?

La respuesta no es abandonar la higiene, sino practicar una higiene inteligente.

  • Lavarse las manos con agua y jabón antes de comer, después de ir al baño, tras cambiar pañales y antes de preparar alimentos.
  • Utilizar alcohol en gel cuando no exista acceso a agua y jabón.
  • Mantener al día las vacunas, una de las medidas preventivas más efectivas.
  • Permitir que los niños jueguen al aire libre, entren en contacto con parques, jardines y espacios naturales.
  • Evitar la desinfección rutinaria e innecesaria de juguetes, pisos y superficies domésticas cuando no exista una situación de riesgo.
  • Favorecer una vida activa y con mayor contacto con la naturaleza.

Cinco mitos que nos dejó la pandemia

MITOREALIDAD
Mientras más concentrado el alcohol, mejor desinfecta.El alcohol al 70% es más eficaz para la higiene de manos que el alcohol al 96%.
El alcohol en gel reemplaza al agua y jabón.Cuando las manos están visiblemente sucias, el lavado con agua y jabón sigue siendo superior.
Jugar con tierra enferma a los niños.El contacto habitual con ambientes naturales forma parte de un desarrollo inmunológico saludable.
Hay que desinfectar toda la casa todos los días.La desinfección debe enfocarse en situaciones y superficies de riesgo, no en la esterilización permanente del hogar.
Una casa completamente estéril es una casa más saludable.La evidencia actual no respalda esa idea. Lo que parece favorecer el desarrollo inmunológico es una exposición normal a la biodiversidad del ambiente, sin renunciar a las medidas básicas de higiene que previenen infecciones.
REFERENCIAS
  1. Rook GAW. The Old Friends Hypothesis: evolution, immunoregulation and essential microbial inputs. Frontiers in Allergy. 2023.
  2. Gilbert JA, Hartmann EM. The indoors microbiome and human health. Nature Reviews Microbiology. 2024.
  3. Peer A, Samuelson DR. The Role of the Microbiome in Allergy, Asthma, and Occupational Lung Disease. Current Allergy and Asthma Reports. 2024.
  4. Roslund MI, et al. Biodiversity intervention enhances immune regulation and health-associated commensal microbiota among daycare children. Science Advances. 2020.
  5. Bloomfield SF, et al. Time to abandon the hygiene hypothesis: new perspectives on allergic disease, the human microbiome, infectious disease prevention and the role of targeted hygiene. Perspectives in Public Health.
  6. World Health Organization. WHO Guidelines on Hand Hygiene in Health Care.
  7. Centers for Disease Control and Prevention. Hand Hygiene in Healthcare Settings.