Las estadísticas del INSN San Borja revelan que el 69% de víctimas de maltrato son niñas. Conoce cómo prevenir el abuso y proteger a los menores en el hogar.
El panorama de la niñez en el país enfrenta desafíos críticos que demandan una atención inmediata y especializada. En la víspera del Día Internacional de la Lucha contra el Maltrato Infantil, que se conmemora cada 25 de abril , el Instituto Nacional de Salud del Niño San Borja (INSN-SB) ha lanzado una alerta contundente sobre la vulnerabilidad de los menores de edad en nuestro territorio. Según los reportes más recientes de la institución, las niñas, especialmente aquellas que se encuentran en el rango de edad entre los 10 y 15 años, continúan siendo las principales víctimas de flagelos como el maltrato físico, psicológico y el abuso sexual.
Las cifras proporcionadas por el Módulo de Atención al Maltrato Infantil y del Adolescente en Salud (Mamis) del Insnsb son reveladoras y preocupantes. Durante el primer trimestre del presente año 2.026, el centro especializado atendió un total de 68 casos de menores víctimas de violencia. De esta muestra, el 69% correspondió a niñas, mientras que el 31% restante fueron niños. Esta tendencia de género no es un fenómeno aislado de este periodo; durante todo el año 2.025, el módulo brindó soporte a 274 menores, donde el 67% de las atenciones fueron para niñas y el 33% para niños.

Un entorno de riesgo cercano
Uno de los puntos más alarmantes detectados por los especialistas es el origen de la agresión. Del total de casos registrados, 30 denuncias correspondieron específicamente a abuso sexual. Lo más doloroso de estas estadísticas es que la gran mayoría de estos actos fueron perpetrados por personas pertenecientes al entorno cercano o familiar de la víctima. A este tipo de violencia le siguen, en orden de frecuencia, los casos de maltrato físico y psicológico, configurando un escenario de riesgo dentro de los espacios que deberían ser los más seguros para el desarrollo infantil.
El compromiso del Insnsb se refleja en historias de supervivencia que conmueven al país. Un caso emblemático atendido en febrero de este año es el de una bebé de iniciales S.R.F.M., procedente de Nuevo Chimbote, Ancash. La pequeña llegó a la capital con tan solo un mes de vida y en un estado de salud extremadamente crítico. El diagnóstico médico fue desgarrador: presentaba múltiples fracturas en sus brazos, fémur, pierna y costillas. Además, los especialistas detectaron traumatismo encefalocraneano, hematomas, microhemorragias oculares, deshidratación severa y anemia.
Afortunadamente, gracias a la intervención oportuna de los expertos de la Unidad de Cuidados Intensivos de Neurocirugía y del equipo Mamis, la menor logró ser estabilizada. Hoy, esta pequeña se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la violencia infantil en el Perú.
El rol del módulo Mamis en la recuperación
Desde su creación en el 2015, el módulo Mamis se ha consolidado como un pilar fundamental para la atención de estas víctimas. Este equipo no solo se enfoca en la curación de las heridas físicas, sino que aborda la problemática de manera integral. «El INSN-SB identifica y atiende estos casos que se detectan en consulta externa, hospitalización y emergencia, así como aquellos derivados de los juzgados, las fiscalías y el Centro de Emergencia Mujer CEM», señalan voceros del instituto.
Este grupo multidisciplinario está integrado por psicólogos, psiquiatras, médicos, terapeutas, trabajadores sociales y abogados. Su labor es fundamental para garantizar que el niño o adolescente reciba el acompañamiento necesario para su recuperación emocional y física, además de asegurar que se sigan los canales legales correspondientes para buscar justicia.
Recomendaciones clave para la prevención
La prevención es la herramienta más poderosa para erradicar este problema. El INSN-SB enfatiza que los padres y cuidadores deben estar alerta y adoptar medidas proactivas:
- Fomentar una comunicación abierta y constante con los hijos.
- Conocer detalladamente a las personas que forman parte del entorno social y familiar del menor.
- Mostrar un interés genuino y diario por sus actividades y sentimientos.
- Evitar que los niños permanezcan solos por periodos prolongados o bajo el cuidado de adultos desconocidos.
- Hablar abiertamente y de acuerdo a su edad sobre el abuso sexual para que puedan identificar señales de peligro.
- Acompañarlos y supervisar constantemente los lugares que frecuentan.
*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.





