La asociación Por un Perú sin Cáncer advierte una brecha crítica de especialistas y una preocupante fuga de talento que afecta la atención en todas las regiones.

El panorama de la salud en el territorio peruano enfrenta uno de sus desafíos más complejos y dolorosos. En el marco del Día de la Cancerología Peruana, la realidad del sistema sanitario se presenta no solo como un reto logístico, sino como un reflejo de las profundas desigualdades que persisten en el país. Según advierte la asociación Por un Perú sin Cáncer, el acceso a una atención oncológica especializada continúa siendo una meta lejana, limitada y desigual para miles de ciudadanos.

La brecha de especialistas: un diagnóstico alarmante

Uno de los puntos más críticos señalados es la insuficiente cantidad de profesionales dedicados al tratamiento de neoplasias. A nivel nacional, el Perú cuenta con aproximadamente 1.200 oncólogos; sin embargo, la cifra se vuelve dramática cuando se analiza la atención infantil. Solo existen 27 médicos dedicados a la oncología pediátrica en todo el país, una cantidad ínfima para la demanda actual.

La situación se agrava por un centralismo histórico que condena a las regiones a la precariedad. De esos 27 especialistas pediátricos, 25 desarrollan sus labores en Lima. El resto del territorio nacional se reparte las migajas: solo uno se encuentra en Arequipa y otro en La Libertad, dejando al resto de las provincias en un abandono absoluto frente al cáncer infantil. Esta concentración obliga a miles de pacientes y sus familias a realizar traslados costosos y extenuantes hacia la capital para buscar un diagnóstico o tratamiento que debería ser oportuno en sus lugares de origen.

A este déficit de oncólogos clínicos se suma la escasez de cirujanos oncólogos, quienes suman apenas unos 400 profesionales en todo el país. Esta cifra es claramente insuficiente ante una demanda que no deja de crecer año tras año.

La «fuga de talento»: el quiebre del sistema

Más allá de la falta de formación de nuevos cuadros, el sistema de salud peruano desangra su capital humano más valioso. Por primera vez en décadas, el país registra un fenómeno inédito: salen más profesionales de la salud al extranjero de los que ingresan. Esta «fuga de talento» pone en jaque la sostenibilidad del sistema a largo plazo.

Un estudio publicado en el International Journal of Health Governance, tras analizar la trayectoria de más de 68.000 médicos entre 1994 y 2021, identificó un punto de quiebre en el 2016. La crisis se agudizó en 2019, impulsada por la búsqueda de mejores condiciones laborales y salariales que el sistema peruano no ha sabido garantizar. “La lucha contra el cáncer en el Perú sigue enfrentando barreras estructurales profundas: servicios concentrados en pocas ciudades, infraestructura insuficiente, diagnósticos tardíos y dificultades de acceso al tratamiento. La falta de especialistas y la migración de médicos están agravando esta situación y debilitando la capacidad de respuesta del sistema”, afirmó Gianina Orellana, presidenta de Por un Perú sin Cáncer.

Propuestas para un cambio urgente

Ante este escenario, la asociación hace un llamado impostergable a las autoridades para adoptar medidas que frenen el debilitamiento del recurso humano. No basta con lamentar las cifras; es necesario implementar programas de repatriación que resulten atractivos para los médicos que migraron.

Estos programas deben incluir incentivos económicos competitivos, estabilidad laboral real y, un punto fundamental muchas veces olvidado, soporte en salud mental para quienes enfrentan la carga emocional de la oncología. Sin una intervención estructural, será imposible asegurar una atención que sea digna, equitativa y, sobre todo, oportuna para todos los peruanos, sin importar su lugar de residencia.

*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.