Aunque los lentes de contacto ofrecen gran comodidad a los jóvenes, el mal uso y la falta de higiene elevan el riesgo de sufrir infecciones corneales graves. La oftalmóloga Gladys Mora comparte más información al respecto.

Por Gladys Mora, oftalmóloga

Los lentes de contacto son una alternativa cómoda y eficaz para corregir problemas de visión, especialmente en pacientes jóvenes que buscan practicidad, libertad para hacer deporte y una opción estética frente a las gafas. Sin embargo, para que su uso sea seguro, es fundamental seguir unas normas básicas de higiene y de manejo. Cuando se usan mal, pueden provocar irritación, ojo seco, infecciones e incluso lesiones corneales graves.

El uso correcto de lentes de contacto no depende solo del tipo de lente, sino también de los hábitos del usuario. Dormir con ellos, manipularlos con las manos sucias, exponerlos al agua o no respetar el tiempo de reemplazo son errores frecuentes que aumentan el riesgo de complicaciones. Por eso, la educación del paciente es una parte esencial del cuidado visual.

¿Por qué son populares entre los pacientes jóvenes?

Los lentes de contacto son dispositivos ópticos delgados que se colocan directamente sobre la superficie ocular para corregir miopía, hipermetropía, astigmatismo o presbicia. También pueden utilizarse con fines terapéuticos o cosméticos. En la población joven, su uso es muy frecuente porque ofrecen comodidad, discreción y una visión periférica más amplia que las gafas.

Además, muchas personas los prefieren para actividades deportivas o situaciones sociales en las que las gafas pueden resultar incómodas. Aun así, su facilidad de uso no debe generar confianza excesiva. Son productos sanitarios que requieren cuidados específicos y una correcta higiene diaria.

Los principales riesgos de su uso inadecuado

Uno de los principales riesgos del mal uso de lentes de contacto es la queratitis infecciosa, una inflamación de la córnea que puede causar dolor, enrojecimiento, visión borrosa y sensibilidad a la luz. Si no se trata a tiempo, puede dejar secuelas en la visión.

Dormir con los lentes puestos es una de las conductas que más aumenta el riesgo de infección ocular. También lo hace el contacto con agua, ya sea de la ducha, piscina, mar o jacuzzi. El agua puede contaminar las lentes y favorecer infecciones por microorganismos como Acanthamoeba, una causa poco frecuente pero potencialmente grave de queratitis.

Otros hábitos de riesgo incluyen reutilizar la solución de limpieza, no desinfectar correctamente el estuche, usar lentes más tiempo del recomendado y manipularlos con las manos húmedas o sucias. La mayoría de estas complicaciones son evitables con una rutina de cuidado adecuada.

“En salud visual la prevención siempre es la mejor estrategia”.

Por qué los pacientes jóvenes son más vulnerables

Los pacientes jóvenes son uno de los grupos que más utilizan lentes de contacto, pero también uno de los que con más frecuencia comete errores en su uso. La prisa, la falta de hábito y la sensación de que “no pasa nada” suelen llevar a descuidos como dormir con ellos o no seguir las instrucciones de limpieza.

En esta etapa de la vida, el riesgo puede ser mayor porque el uso suele asociarse a estilos de vida activos, viajes, deporte y rutinas variables. Por eso, es importante insistir en que los lentes de contacto no son un accesorio cualquiera, sino un dispositivo que debe tratarse con responsabilidad.

¿Qué evidencia hay sobre infecciones y riesgos?

La evidencia científica ha demostrado que ciertos comportamientos aumentan claramente el riesgo de infección ocular. Dormir con lentes de contacto eleva de forma importante la probabilidad de complicaciones, y el uso nocturno se asocia con un mayor riesgo de queratitis ulcerativa.

También se ha observado que el contacto con el agua y la mala higiene del estuche favorecen la aparición de infecciones. La literatura médica coincide en que las medidas preventivas más sencillas son las más eficaces: lavado de manos, uso de soluciones adecuadas, recambio oportuno y evitar todo contacto con agua no estéril.

¿Cuándo retirar los lentes y buscar consulta?

Es importante que los usuarios de lentes de contacto conozcan las señales de alerta. Si aparece ojo rojo, dolor, lagrimeo excesivo, visión borrosa, sensación de cuerpo extraño o sensibilidad a la luz, deben retirar la lente de inmediato y buscar valoración oftalmológica.

No conviene esperar a que los síntomas desaparezcan solos. Algunas infecciones corneales pueden avanzar con rapidez y requerir tratamiento urgente. Cuanto antes se identifique el problema, mejores serán las posibilidades de recuperación.

¿Cómo usar correctamente los lentes de contacto?

Usar lentes de contacto de forma segura es posible si se siguen unas pautas sencillas y constantes. La clave está en la higiene diaria, el respeto por los tiempos de uso y la prevención de errores frecuentes.

  • Lávate y sécate bien las manos antes de tocar los lentes. Es la forma más simple de reducir el riesgo de contaminación.
  • No duermas con los lentes puestos, salvo que el oftalmólogo lo haya indicado expresamente.
  • Evita el contacto con el agua. No uses los lentes al ducharte, nadar o entrar en el mar, la piscina o el jacuzzi.
  • Usa siempre solución nueva para limpiar y guardar los lentes. Nunca rellenes el estuche con líquido viejo.
  • Mantén limpio el estuche y cámbialo con la frecuencia recomendada.
  • No uses agua, saliva ni productos caseros para limpiar las lentes.
  • Respeta el tiempo de uso indicado por el fabricante y por el profesional que los prescribe.
  • Retira las lentes si notas molestias como dolor, ojo rojo, visión borrosa o sensibilidad a la luz.
  • Acude a revisiones periódicas aunque no tengas síntomas, para comprobar que el uso sigue siendo seguro.

Una forma fácil de recordar los cuidados es esta:

Si una sola de estas etapas falla, aumenta el riesgo de irritación o infección ocular.

Los lentes de contacto son una excelente opción para muchos pacientes jóvenes, pero su seguridad depende directamente de cómo se usan. La mayoría de las complicaciones no aparecen por casualidad, sino por pequeños descuidos que se repiten con frecuencia.

Con una higiene adecuada, una buena educación del paciente y revisiones oftalmológicas periódicas, es posible disfrutar de los beneficios de los lentes de contacto minimizando los riesgos. En salud visual, la prevención siempre es la mejor estrategia.