El rascado constante y la inflamación de la piel van en aumento dentro de los hogares peruanos. Expertos explican cómo identificar si el enemigo está en el aire o en el plato.
El rascado constante, el lamido persistente de las patas y la inflamación de la piel se han convertido en los motivos principales de consulta en las clínicas veterinarias de todo el Perú. Los cambios drásticos de clima en diversas regiones y el nuevo estilo de vida de los animales —que ahora pasan un tiempo prolongado dentro de casas y departamentos— han estructurado el escenario perfecto para un incremento notorio de los casos clínicos de alergias caninas. Factores ambientales que en el pasado se manifestaban de forma estrictamente estacional, hoy conviven con nuestras mascotas los 365 días del año, desafiando a los propietarios a identificar con precisión el origen del malestar.
“El rascado constante y los problemas en la piel son alertas que ningún dueño debe ignorar. Identificar si el origen es un parásito, un factor ambiental o un ingrediente en su plato es el primer paso para devolverles el bienestar”, señala Carolina Figueroa, médico veterinaria y Corporate Affairs Head Latam Seeds de Royal Canin.
Para abordar este panorama, la especialista detalla la ruta de diagnóstico que se debe seguir y los tres grandes sospechosos detrás del sufrimiento cutáneo de los canes.
1. Parásitos externos: el enemigo número uno
Es la causa más habitual y la primera sospecha en cualquier consulta médica. Elementos como las pulgas, las garrapatas y los ácaros de la sarna provocan una irritación cutánea inmediata. En el territorio nacional, una gran cantidad de perros desarrolla una marcada hipersensibilidad a la saliva de la pulga. Esto implica que una sola picadura es capaz de desencadenar un cuadro de picazón extrema, ronchas en el vientre o pequeñas pústulas. Esta condición médica es catalogada formalmente como Dermatitis Alérgica a la Picadura de la Pulga (DAPP).
Para combatir este problema, resulta indispensable aplicar de manera regular productos veterinarios especializados como pipetas, pastillas o collares que impidan la picadura del parásito. Asimismo, se aconseja aspirar las habitaciones con frecuencia y lavar con agua caliente las mantas de la mascota. Dado que las condiciones climáticas del país permiten la supervivencia de estos insectos durante todo el año, los tratamientos antiparasitarios deben sostenerse de forma ininterrumpida.

2. Alergias ambientales y el factor genético
La dermatitis atópica canina es otra de las patologías con alta incidencia en el entorno local. Se trata de una predisposición genética que lleva al animal a reaccionar de forma desmesurada ante componentes normales de su entorno, tales como el polen, el césped o los ácaros del polvo doméstico. En el Perú, este problema se observa con una frecuencia bastante alta en razas muy populares, entre las que destacan el Bulldog Francés, el Labrador Retriever y el Pastor Alemán. Los síntomas clásicos se concentran en la inflamación del rostro, las orejas y la zona interdigital de las extremidades delanteras.
Al tratarse de una condición crónica y de origen genético, los especialistas aclaran que el objetivo médico no es una cura definitiva, sino mitigar las crisis de picor. El manejo incluye el uso de champús medicados, inmunomoduladores o antiinflamatorios recetados por un profesional. En el hogar, ayuda limpiar la cara y las patas del perro después de los paseos, evitar las caminatas en las horas de mayor concentración de polen y mantener los espacios interiores correctamente ventilados y libres de polvo.
3. Reacciones adversas al alimento
Aunque son menos frecuentes que las anteriores, ocurren cuando el sistema inmunológico confunde las proteínas normales del alimento con una amenaza directa, desatando una respuesta inflamatoria tanto en la piel como en el aparato digestivo, lo que genera vómitos, diarrea y prurito. Estas respuestas indeseadas se gatillan, por lo general, debido al gran tamaño molecular de ciertas proteínas de origen animal, como las presentes en el vacuno, el pollo, el pescado, los lácteos y los huevos. En menor escala, las fuentes vegetales también pueden actuar como alérgenos.
“A diferencia de las personas, la respuesta clínica en la alergia alimentaria en perros no es inmediata, ni supone una amenaza para la vida, sino que tiene como síntoma principal picazón o prurito que debe diferenciarse de otras enfermedades de la piel antes de iniciar un tratamiento específico. La única manera aceptada para diagnosticar esta enfermedad es realizar una dieta de eliminación, que demora aproximadamente 8 semanas, Royal Canin posee en su portafolio el alimento Anallergenic, que se utiliza para ese propósito”, explica Figueroa.
Este proceso de diagnóstico exige cambiar el alimento del can por un periodo mínimo de dos meses bajo estricta supervisión. Si los síntomas disminuyen significativamente y luego reaparecen al volver a la dieta antigua, se confirma el diagnóstico de alergia alimentaria. Para estos casos, las opciones nutricionales basadas en proteínas hidrolizadas facilitan una digestión óptima y evitan que el organismo identifique las moléculas como una amenaza, contribuyendo además a la reparación de la barrera cutánea del animal.
*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.





