Una parte de la audiencia se desplaza hacia plataformas de video, redes sociales, influencers y, de manera incipiente, a chatbots de inteligencia artificial, según estudio del Digital News Report 2026.

Por Juan Carlos Luján, columnista.

La inteligencia artificial ya empezó a meterse por los palos en la forma en que los peruanos consumimos información. ¿Por qué digo esto? Según un nuevo estudio del Digital News Report 2026 del Reuters Institute, un 11% de peruanos declaró haberse informado mediante un chatbot en la última semana.

La cifra puede parecer modesta, pero revela una mutación relevante. Una parte de la audiencia ya no solo busca noticias en portales, redes sociales o motores de búsqueda; ahora también consulta a ChatGPT, Perplexity, Gemini, Claude, Copilot u otros asistentes para rastrear temas, pedir contexto, comparar versiones o monitorear asuntos específicos. A nivel global, el uso de chatbots para noticias subió de 7% a 10%, y entre menores de 35 años llega a 16%; además, la función más valorada es la posibilidad de hacer preguntas de seguimiento, con 42% de menciones.

Este dato obliga a mirar el consumo informativo de otra manera. La IA no aparece todavía como fuente masiva de noticias, pero sí como una nueva interfaz de interpretación. No necesariamente reemplaza al medio, pero puede interponerse entre el usuario y la fuente original. Si antes se interponía el buscador Google, ahora sobre se supepone la IA generativa.

La interacción antes que la búsqueda

El lector ya no solo pregunta “qué pasó” ni apela a la búsqueda booleana, sino pide explicaciones, comparaciones, resúmenes o los resultados de los últimos partidos del mundial de fútbol. Bajo esa tendencia, la información periodística, institucional o empresarial puede ser sintetizada, omitida, reordenada o reinterpretada por sistemas que no siempre transparentan sus fuentes ni sus criterios.

El cambio, sin embargo, no empieza con la IA. La transformación más visible viene por el lado de las plataformas de video y las redes sociales. El informe del Reuters Institute identifica un punto de quiebre en 2026. Por primera vez, a nivel global, las redes sociales y las plataformas de video se convierten en la fuente de noticias más usada, por encima de los sitios de medios y de la televisión. El 54% de los encuestados dice haber usado estas plataformas para informarse en la última semana; si se suman los chatbots de IA, el acceso a través de terceros llega al 56%.

En el Perú, este fenómeno tiene una intensidad particular. El país aparece como el mercado hispanohablante con mayor porcentaje de personas que se informan mediante creadores o influencers: 46%, por encima de México, con 39%, y Colombia, con 35%. Esta cifra no significa que los influencers hayan reemplazado al periodismo, pero sí que ya forman parte estable de la dieta informativa. Comentan, explican, editorializan, reaccionan, traducen el conflicto político a formatos de consumo rápido y, en muchos casos, se conectan mejor con audiencias que perciben a los medios tradicionales como distantes, previsibles o alineados con determinados intereses.

TikTok es el caso más evidente. La ficha peruana del informe muestra que TikTok alcanza 45% como plataforma usada para noticias, con un aumento de 12 puntos; WhatsApp llega a 41%, también con un incremento de 12 puntos, y YouTube registra 40%, con una subida de 6 puntos. El dato es contundente porque confirma que el consumo informativo ya no puede analizarse solo desde la lógica de “medios versus redes”. La noticia circula ahora en un ecosistema donde conviven videos cortos, transmisiones en vivo, clips explicativos, reenvíos familiares, comentarios de creadores, entrevistas en streaming y fragmentos sacados de contexto.

Golpe a la Tv y crisis de confianza

Esto afecta especialmente a la televisión. Durante décadas, la TV fue el gran organizador de la agenda pública peruana. Su centralidad no desaparece de un día para otro, pero se erosiona. La pantalla sigue viva, pero el canal cambia. Muchos usuarios siguen viendo video informativo, solo que ya no necesariamente en el noticiero de señal abierta, sino en YouTube, TikTok, Facebook, Instagram o transmisiones compartidas por WhatsApp. El informe global señala que el consumo de video de noticias en línea ya supera al de la televisión en 45 de los 48 mercados estudiados.

El problema de fondo no es solo tecnológico. Es político y reputacional. En el Perú, la confianza en los medios tradicionales se ha deteriorado en medio de una sucesión de crisis institucionales, polarización, protestas, violencia contra periodistas y una percepción persistente de sesgo en la cobertura. La Fundación Gabo, al resumir el informe, señala que Perú atraviesa una situación especialmente crítica: 2025 fue el año más letal para el periodismo en al menos tres décadas, con cuatro periodistas asesinados y más de 450 ataques documentados; además, el país vivió una sucesión vertiginosa de presidentes, mientras la confianza en las noticias cayó ocho puntos hasta su nivel más bajo desde 2021.

Esa turbulencia tiene consecuencias directas. Cuando una parte de la ciudadanía percibe que los medios no representan sus preocupaciones, no explican bien los conflictos o cubren la política desde marcos demasiado previsibles o sesgos muy marcados, busca otros intermediarios. Ahí entran los creadores, los periodistas digitales, los streamers, los medios pequeños, los canales personales y ahora también los chatbots. No todos cumplen la misma función ni tienen la misma calidad. Algunos aportan contexto; otros exageran y amplifican indignación. Algunos verifican, otros desinforman bajo sus consignas políticas. Pero todos compiten por ser los primeros e interpretar los hechos o mostrar ángulos que la gran prensa no siempre muestra.

La oportunidad para medios, empresas e instituciones es evidente, pero no automática. No basta con publicar más. Hay que publicar mejor. En un ecosistema donde las personas consultan TikTok, YouTube, WhatsApp y también IA generativa, gana valor el contenido claro, útil, verificable, actualizado y bien estructurado. Preguntas frecuentes, datos abiertos, explicaciones simples, documentos accesibles, contexto histórico, cifras trazables y respuestas a dudas reales ya no son complementos. Son parte de la infraestructura informativa.

La conclusión es incómoda, pero necesaria. El periodismo peruano no solo compite contra otros medios. Compite contra plataformas, creadores, algoritmos, reenvíos y sistemas de IA. Y en un país políticamente inestable, donde la confianza se ha vuelto frágil, la batalla principal ya no es publicar primero. Es ser creíble, comprensible y útil antes de que otros expliquen la realidad por nosotros.