Menos pantallas y más interacción real. Esta semana, el médico Enrique Gómez, especialista en pediatría y neonatología, comenta sobre las claves y límites por edad para proteger el desarrollo, sueño y salud emocional en niños y adolescentes.

Por Enrique Gómez, MD, MSc.*

El mensaje central puede resumirse así: cuanto menor es el niño, menor debe ser el uso de pantallas y mayor la interacción humana real. En la adolescencia, el problema no es solo “cuántas horas” sino si el uso desplaza el sueño, la actividad física, el estudio y los vínculos cara a cara.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), la Academia Americana de Pediatría (AAP) y guías oficiales recientes en español coinciden en ser muy restrictivas en menores de 5 años. En edades mayores, la AAP ya no establece un límite universal, pero guías españolas (Asociación Española de Pediatría, AEP) y peruanas (Ministerio de Salud, Minsa) sí ofrecen umbrales prácticos.

Para el público general, es útil presentar el exceso de pantallas como un factor que puede afectar el lenguaje, la atención, la autorregulación, el sueño, la visión y el bienestar emocional, con señales de alarma fáciles de reconocer. (OMS/OPS, 2019; AAP, 2016/2025; AEP, 2025; MINSA, 2026). [1]

Umbrales por edad

Se considera adolescentes a quienes tienen entre 10 y 18 años, aunque algunas guías subdividen en 10 a 12 y 13 a 16 o 18 años.

Fuentes del cuadro: OMS en español vía la Organización Panamericana de la Salud [2]; AAP/HealthyChildren; la Asociación Española de Pediatría [3]; el Ministerio de Salud del Perú [4]; y el Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi [5]. (OMS/OPS, 2019; AAP, 2016/2025; AEP, 2025; MINSA, 2026; INSM, 2025). [6]

¿Qué hacer con los infantes de 0 a 2 años?

En esta etapa, la principal preocupación es el reemplazo de la interacción cara a cara. Un estudio longitudinal mostró que un mayor uso de pantallas al año de vida se asocia, en forma gradual, con retrasos en la comunicación y en la resolución de problemas a los 2 y 4 años.

Además, en niños de 16 a 30 meses, retirar las pantallas durante la hora previa al sueño mejora la eficiencia del descanso y reduce los despertares. Otros estudios sugieren que estos niños presentan una atención más capturada por estímulos llamativos y menor desarrollo de la atención voluntaria. En cuanto a la visión, el uso prolongado disminuye la frecuencia de parpadeo y favorece la sequedad ocular y la irritación.

¿Cuáles son las señales de alarma? Uso de pantallas para comer o dormir, escaso balbuceo o juego compartido, despertares frecuentes e irritabilidad al retirar el dispositivo. (Takahashi et al., 2023; Pickard et al., 2024; MINSA, 2021/2026). [7]

Un caso conocido, una solución. Un bebé de 18 meses solo conciliaba el sueño con videos. La familia retiró las pantallas en la hora previa, implementó una rutina de baño–cuento–canción y, en dos semanas, disminuyeron los despertares.

«En edades mayores, la AAP ya no establece un límite universal, pero guías españolas (Asociación Española de Pediatría, AEP) y peruanas (Ministerio de Salud, Minsa) sí ofrecen umbrales prácticos«.

¿Qué hacer con los niños pequeños de 2 a 5 años?

En este grupo se hacen más evidentes los efectos sobre el desarrollo y la conducta. Un mayor tiempo de pantalla entre los 24 y 36 meses predice peor rendimiento en evaluaciones del desarrollo a los 36 y 60 meses.

En preescolares, se ha descrito asociación entre mayor uso de pantallas y peores resultados en lenguaje y alfabetización emergente, además de cambios en la sustancia blanca relacionados con estas funciones. A nivel socioemocional, el uso de tabletas alrededor de los 3 a 5 años se ha vinculado con mayor irritabilidad y frustración al año siguiente. Sumado a un sueño más corto y a la fatiga visual, esto puede manifestarse como “berrinches” o “distracción”, cuando en realidad refleja sobreestimulación.

¿Cuáles son las señales de alarma? Más de 1 hora al día, uso durante las comidas o en el coche, menor juego simbólico, lenguaje limitado y rabietas intensas al apagar la pantalla. (Madigan et al., 2019; Hutton et al., 2020; Fitzpatrick et al., 2024; AEP, 2025). [8]

Un caso conocido, una solución. Una niña de 4 años usaba la tableta en cada comida y antes de dormir. Al limitar su uso a 30 minutos diarios acompañados y reemplazar el resto por actividades como plastilina y lectura, mejoraron el sueño y los episodios de irritabilidad.

¿Qué hacer con los adolescentes de 10 a 18 años?

En la adolescencia, es importante reconocer que la AAP no propone un límite único para todos, sino que recomienda evaluar si el uso de pantallas interfiere con actividades esenciales. Sin embargo, guías españolas y peruanas sugieren límites prácticos de 1–2 horas en edad escolar y hasta 2 a 3 horas recreativas en adolescentes.

El uso de pantallas por más de 4 horas al día (fuera de tareas escolares) se ha asociado con peor calidad de sueño, horarios irregulares, mayor presencia de síntomas depresivos y ansiosos, menor actividad física y menor apoyo socioemocional. Además, estudios longitudinales sugieren una relación entre mayor uso de redes sociales y aumento progresivo de síntomas de inatención.

¿Cuáles son las señales de alarma? Uso del celular en el dormitorio, exposición después de las 22:00, bajo rendimiento académico, aislamiento, ocultamiento del tiempo de uso, irritabilidad marcada y abandono de actividades sociales o deportivas. (AAP, 2025; AEP, 2025; Zablotsky et al., 2025; Nivins et al., 2025; MINSA/INSM, 2025–2026). [9]

Un caso conocido, una solución. Un adolescente de 14 años dormía con el celular y utilizaba redes sociales durante 5 horas diarias. Se acordó dejar el dispositivo fuera del dormitorio, activar el modo “no molestar” y reducir progresivamente el tiempo de uso. Un mes después, mejoró el sueño y retomó su actividad deportiva.

Recomendaciones prácticas

Estas medidas combinan recomendaciones de la AAP, la AEP y autoridades de salud peruanas: (AAP, 2025; AEP, 2025; MINSA/INSM, 2025–2026). [10]

  • Retire las pantallas del dormitorio y de la mesa. Ejemplo: todos los celulares cargan en la cocina desde las 21:00.
  • Identifique y modifique el “gatillo”, no solo el dispositivo. Sustituya la pantalla por rutinas como merienda y conversación; en niños pequeños, utilice una “caja de calma” con cuentos o juegos.
  • Aplique un destete gradual. Niños pequeños: reducir 15 minutos cada 3 días. Adolescentes: disminuir aproximadamente 25% por semana.
  • Ofrezca alternativas visibles y atractivas: juego libre, lectura, dibujo, bicicleta; en adolescentes, deporte, música o actividades sociales sin dispositivos.
  • Modele el comportamiento. Si los adultos usan el teléfono en la mesa, el límite pierde efectividad.
  • Utilice herramientas tecnológicas: temporizadores, control parental, eliminación de reproducción automática y restricción de notificaciones nocturnas.
  • Busque ayuda si no hay mejoría. Si tras 2–4 semanas persisten la irritabilidad, el insomnio, el deterioro académico o el aislamiento, es recomendable consultar.

Plan escalonado de reducción

Este esquema resume un plan progresivo y realista para familias. (AAP, 2025; AEP, 2025; MINSA, 2026; INSM, 2025). [11]