Creencias populares sobre la vista carecen de respaldo médico real y postergan revisiones clave. Esta semana, la oftalmóloga Gladys Mora nos cuenta qué dice la ciencia sobre cuidar tus ojos a diario.

Por Gladys Mora, oftalmóloga

Todos hemos escuchado alguna de estas frases alguna vez: “no leas con esa luz que te vas a quedar ciego”, “come zanahoria que es buena para la vista”, “no te sientes tan cerca de la tele”. Son advertencias que se transmiten de generación en generación, casi como parte del folclore familiar, y que la mayoría de nosotros hemos repetido sin cuestionarlas demasiado.

El problema es que muchas de estas creencias, aunque bienintencionadas, no se sostienen cuando se contrastan con la evidencia científica. Otras tienen una pequeña base real que, con el paso del tiempo, se fue deformando hasta convertirse en una advertencia exagerada o directamente equivocada.

Como oftalmólogo, es habitual que en la consulta me pregunten sobre alguno de estos mitos, muchas veces con genuina preocupación. Por eso quiero dedicar este artículo a revisar, uno por uno, cuatro de los mitos más extendidos sobre la salud visual, explicando qué hay de cierto en cada uno y qué es lo que realmente dice la ciencia.  

Resumen rápido: si tienes prisa, aquí tienes el veredicto de un vistazo. A continuación, la explicación de cada uno.

MitoVeredicto
Leer con poca luz daña la vista❌ Falso
Comer zanahorias mejora la visión🟠 Parcialmente cierto
Sentarse cerca de la tele daña los ojos❌ Falso
Usar gafas todo el tiempo empeora la vista❌ Falso

Mito 1: “Leer con poca luz daña la vista”

Veredicto: Falso

Esta es quizás la advertencia más repetida en los hogares de todo el mundo, y sin embargo, no existe evidencia científica que demuestre que leer con poca iluminación provoque un daño permanente en los ojos. El ojo humano no sufre lesiones estructurales por leer en condiciones de luz tenue.

Lo que sí ocurre es que, al leer con poca luz, el sistema visual tiene que esforzarse más para enfocar correctamente. Esto puede generar lo que se conoce como astenopia o fatiga visual: una sensación de cansancio ocular, pesadez, dolor de cabeza leve o incluso visión borrosa transitoria después de un rato de lectura. Es una molestia real, pero completamente reversible. En cuanto se descansa la vista o se mejora la iluminación, los síntomas desaparecen sin dejar ninguna secuela.

Es probable que este mito se haya originado precisamente a partir de esa fatiga visual, que las personas interpretaron erróneamente como un signo de “daño”. Lo recomendable, de todas formas, sigue siendo leer con una iluminación adecuada, simplemente porque resulta más cómodo y evita esas molestias pasajeras, no porque exista un riesgo real para la salud ocular.

Mito 2: “Comer zanahorias mejora la visión”

Veredicto: Parcialmente cierto

Este mito tiene una base científica real, aunque suele malinterpretarse. Las zanahorias son ricas en betacaroteno, un precursor de la vitamina A, y la vitamina A es efectivamente esencial para el funcionamiento de la retina. Forma parte de la rodopsina, un pigmento fundamental para la visión en condiciones de poca luz. Una deficiencia severa de vitamina A puede provocar ceguera nocturna e incluso daño ocular grave, algo que sigue siendo un problema de salud pública en algunas regiones del mundo con desnutrición.

Ahora bien, aquí está el matiz importante: si una persona ya tiene una alimentación equilibrada y no presenta déficit de vitamina A, comer más zanahorias no va a mejorar su agudeza visual, no va a corregir la miopía, ni va a evitar que necesite gafas. El origen de este mito, curiosamente, tiene un componente histórico curioso: durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército británico difundió la idea de que sus pilotos veían mejor de noche gracias a comer zanahorias, cuando en realidad se trataba de una estrategia para no revelar que estaban usando radar. La historia se popularizó y quedó instalada en el imaginario colectivo hasta el día de hoy.

Entonces, la conclusión correcta sería: una dieta equilibrada con suficiente vitamina A es necesaria para una buena salud ocular, pero excederse en el consumo de zanahorias más allá de una dieta normal no aporta ningún beneficio visual adicional.

Mito 3: “Sentarse muy cerca de la televisión daña los ojos”

Veredicto: Falso

Esta es otra de esas advertencias clásicas que se les hace a los niños, y que probablemente muchos padres siguen repitiendo hoy. La realidad es que ver la televisión de cerca no provoca ningún daño estructural en los ojos ni acelera el deterioro de la visión.

Lo interesante de este mito es que, en realidad, suele funcionar al revés: muchos niños se sientan cerca de la pantalla precisamente porque ya tienen una dificultad para ver bien de lejos, generalmente relacionada con miopía no diagnosticada. Es decir, acercarse a la tele no es la causa del problema visual, sino más bien una consecuencia o una estrategia inconsciente del niño para compensar una visión borrosa a distancia.

Por eso, si un niño (o un adulto) tiene la costumbre de acercarse mucho a las pantallas, en lugar de simplemente pedirle que se aleje, vale la pena programar una revisión oftalmológica. Puede ser simplemente un hábito, pero también puede ser una señal de alerta temprana que permita detectar y corregir a tiempo un defecto refractivo.

Mito 4: “Usar gafas todo el tiempo hace que la vista empeore o que dependas de ellas”

Veredicto: Falso

Este es uno de los mitos que más resistencia genera entre los pacientes, y también uno de los que más me preocupan como oftalmólogo, porque puede llevar a que las personas eviten usar la corrección visual que realmente necesitan. La idea de que “cuantas más gafas uses, peor verás sin ellas” no tiene ningún respaldo científico.

Las gafas no debilitan los ojos ni generan una dependencia fisiológica. Lo que ocurre es mucho más simple: cuando una persona con un defecto refractivo (miopía, hipermetropía o astigmatismo) usa gafas, se acostumbra a ver con nitidez. Si luego se las quita, percibe con mayor claridad lo borroso que ve sin ellas, en comparación con lo que acaba de experimentar. Esa sensación de “haber empeorado” es en realidad una comparación, no un cambio real en la función del ojo.

De hecho, no usar la corrección necesaria no evita que el defecto refractivo progrese (algo que, especialmente en la miopía infantil, tiene más que ver con factores genéticos y ambientales) y, en cambio, sí puede generar consecuencias negativas evitables: fatiga visual constante, dolores de cabeza, bajo rendimiento escolar o laboral, e incluso, en niños, un mayor riesgo de desarrollar ambliopía (el llamado “ojo vago”) si el defecto no se corrige a tiempo durante la etapa de desarrollo visual.

En resumen: las gafas no dañan ni debilitan la vista. Simplemente compensan un defecto que ya existía, y no usarlas cuando son necesarias no protege a los ojos, sino que puede perjudicar más que ayudar.

Por qué siguen existiendo estos mitos

Es interesante notar que la mayoría de estos mitos comparten un patrón: suelen originarse a partir de una observación real (la fatiga visual al leer con poca luz, el rol de la vitamina A, la miopía no diagnosticada, la sensación subjetiva de “ver peor” al quitarse las gafas), pero esa observación se distorsiona con el tiempo hasta convertirse en una regla general que ya no se corresponde con la evidencia.

Esto no es exclusivo de la salud visual, por supuesto: ocurre con muchos mitos médicos que se transmiten culturalmente. Pero en el caso de los ojos, tiene una particularidad relevante: algunos de estos mitos, como el de las gafas, pueden llevar a decisiones que efectivamente perjudican la salud visual, especialmente en niños, cuya etapa de desarrollo visual es crítica.

El mensaje que realmente importa

Más allá de desmontar estas creencias populares, el mensaje central que quiero transmitir es este: ningún mito, ni su versión “correcta” en negativo, reemplaza una revisión oftalmológica periódica. Muchas afecciones oculares, incluidas algunas potencialmente graves como el glaucoma, no dan síntomas evidentes en sus primeras etapas. La buena visión aparente no siempre significa que todo esté bien. Así que, la próxima vez que alguien te repita alguno de estos mitos con total convicción, ya sabrás qué responder. Y si tienes dudas reales sobre tu salud visual, la mejor fuente de información seguirá siendo siempre una consulta con un especialista, no la sabiduría popular heredada de generación en generación.

Foto: Kampus Production