El censo nacional de 2025 registró apenas 5.465 ejemplares en el país, y biólogos advierten que dos eventos de El Niño en menos de cuatro años podrían llevar a la especie a un punto sin retorno.
El pingüino de Humboldt, una de las aves más emblemáticas de la costa peruana, enfrenta uno de los momentos más críticos de las últimas décadas. Un censo nacional realizado en el 2025 por la Asociación para la Conservación de Aves Costeras y Recursos Marinos (Acorema) y colaboradores registró apenas 5.465 individuos en todo el país, una cifra que representa una caída cercana al 60% respecto a los valores históricos de las últimas tres décadas, según informó la web de divulgación científica de la Universidad Científica del Sur.
La alarma no es menor. Carlos Zavalaga, biólogo marino y director de la Unidad de Investigación en Ecología y Conservación de Aves Marinas de la Universidad Científica del Sur, señala que el descenso responde principalmente a la ocurrencia de dos eventos de El Niño fuertes y prolongados en menos de cuatro años, sumado al brote de gripe aviar que golpeó a las colonias en el 2023.

Colonias fantasma a lo largo de la costa
Durante la temporada reproductiva del 2026, entre mayo y junio, investigadores de la Universidad Científica del Sur visitaron 10 colonias de pingüinos de Humboldt, desde la isla Macabí en Trujillo hasta la isla Santa Rosa en la Reserva Nacional de Paracas. Lo que hallaron fue un panorama desolador.
“Encontramos colonias prácticamente vacías, huevos abandonados, pichones sin sus padres y un número muy reducido de individuos. Incluso hallamos pingüinos muertos en varias playas”, relata Zavalaga. El mismo escenario fue reportado por el Programa Punta San Juan en colonias ubicadas más al sur de Paracas.
El mecanismo es directo: cuando El Niño calienta el mar, la anchoveta —principal alimento de estas aves— se desplaza hacia aguas más profundas o migra al sur. “Los pingüinos se ven obligados a recorrer mayores distancias para encontrar alimento, gastando más energía y reduciendo el éxito reproductivo”, explica el especialista.
Como consecuencia, se observan tres procesos simultáneos: abandono masivo de nidos, mortalidad de adultos y dispersión hacia zonas aún desconocidas.
Un golpe tras otro
Para comprender la gravedad del escenario actual hay que mirar hacia atrás. En el 2023, muchos pingüinos abandonaron sus nidos o murieron por los efectos combinados de El Niño y la gripe aviar. Recién en el 2024 los sobrevivientes retornaron a sus colonias y, justo cuando la población daba señales de recuperación, llegó El Niño de 2026.
“Teniendo en cuenta que la población de pingüinos de Humboldt en Perú ya venía en descenso por otros factores desde el año 2.000, el escenario actual es extremadamente preocupante, más aún cuando la misma tendencia se observa hoy en día en las colonias de Chile”, advierte Zavalaga.
Si bien los pingüinos de Humboldt han logrado recuperarse de eventos climáticos extremos en el pasado —como los de 1982-83 y 1997-98—, el investigador señala que hoy confluyen presiones que antes no existían: eventos de El Niño más frecuentes, enfermedades emergentes, competencia por alimento con la pesca, enmallamiento en redes, introducción de roedores en sus colonias y contaminación marina.
“Las poblaciones pueden recuperarse después de eventos naturales, pero cuando estos se combinan con presiones humanas constantes, esa recuperación se vuelve mucho más lenta. Incluso podemos hablar de la extinción de la especie como un posible escenario”, advierte.
¿Qué se puede hacer?
El biólogo reconoce que las posibilidades de intervenir directamente sobre los animales afectados son muy limitadas en este momento: no se cuenta con la infraestructura ni los recursos para rescatar huevos, pichones o adultos moribundos. Sin embargo, propone un paquete de medidas para que, cuando las condiciones mejoren, los pingüinos encuentren un entorno más seguro:
- Excluir la pesca industrial y artesanal durante 2027-2028 en un radio de al menos 20 km alrededor de las principales colonias.
- Suspender temporalmente las actividades turísticas de avistamiento de pingüinos en el mismo periodo.
- Erradicar roedores introducidos en islas y puntas guaneras, y activar un plan de bioseguridad contra reintroducciones.
- Reforzar los planes de extracción de guano para proteger las áreas de anidación y minimizar el disturbio.
- Promover la colonización de nuevas áreas de anidación mediante nidos artificiales y señuelos.
“Nuestro desafío ahora es que, cuando los pingüinos vuelvan a reproducirse, encuentren colonias protegidas y un ecosistema en las mejores condiciones posibles para recuperarse”, concluye Zavalaga.
La situación del pingüino de Humboldt es un recordatorio contundente de que la biodiversidad marina peruana está bajo una presión sin precedentes. Autoridades, academia, ONG, empresas y la sociedad en general tienen la responsabilidad de actuar para evitar que esta especie emblemática llegue a un punto de no retorno.
*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.
Foto principal: Patrick

