A propósito del Día de los Mares que se conmemora cada 29 de setiembre, les compartimos un artículo en el que se describe cómo estas especies cumplen un papel protagónico en la costa de Arequipa.
Por MSc. Ulrich Zanabria Alarcón*
La costa de la región Arequipa se extiende a lo largo de 528 kilómetros y forma parte de la ecorregión humboldtiana. Sus aguas templadas y su estrecha plataforma continental favorecen la presencia de surgencias costeras, lo que convierte a este litoral en una de las zonas de mayor productividad primaria del país.
De hecho, un 62 % de su franja costera está compuesta por formaciones rocosas, base esencial para un ecosistema singular.
En este entorno, las macroalgas pardas cumplen un papel protagónico. Estas especies crecen adheridas a los sustratos duros en la zona intermareal y submareal, formando cinturones, praderas y verdaderos bosques submarinos. Entre las principales macroalgas que habitan el litoral rocoso de Arequipa destacan: la ‘Lessonia berteroana’ (aracanto), ‘Lessonia trabeculata’ (aracanto palo) y ‘Macrocystis pyrifera’ (sargazo).
Más allá de su presencia física, estas macroalgas son piezas clave en el equilibrio marino. Por un lado, actúan como ingenieras de hábitat, ya que su estructura alberga una gran diversidad de especies. En la costa sur del Perú, se ha registrado un total de 90 especies de invertebrados y 21 de peces asociadas a estos bosques submarinos.
Por otro lado, su distribución es utilizada como indicador biogeográfico para definir áreas marinas prioritarias de conservación. Además, ayudan a amortiguar la energía de las olas, reduciendo la erosión costera.
Su aporte va incluso más allá: las macroalgas participan activamente en el ciclo de nutrientes y cumplen un rol fundamental como sumideros del llamado “carbono azul”. Al capturar parte del CO₂ que emitimos, lo almacenan tanto en el sustrato como en su biomasa viva. A nivel global, los lechos de macroalgas pardas son responsables de secuestrar entre 61 y 268 teragramos (Tg) de carbono por año, con un promedio de 173 Tg.
«las políticas tienden a priorizar la ‘recuperación de las pesquerías’ antes que la recuperación integral de los ecosistemas dañados por estas actividades»
No menos importante es su papel en la biorremediación. Estudios recientes han demostrado que las macroalgas pardas, al ser las principales formaciones vegetales de la zona, contribuyen a la translocación de metales pesados suspendidos en el agua, incorporándolos en su biomasa, sobre todo en los rizoides. Esta capacidad convierte a las macroalgas en aliadas naturales frente a la contaminación costera.
Sin embargo, hoy sus poblaciones en el litoral arequipeño enfrentan una situación de vulnerabilidad. Los estresores ambientales, como la polución marina y los eventos climáticos, se suman a los socioeconómicos —en particular, el crecimiento de comunidades que dependen de la pesca— y a los normativos, donde la legislación vigente sigue enfocada en valorar a las macroalgas únicamente como recurso hidrobiológico, relegando su importancia como eje del ecosistema marino.
Este sesgo normativo no es un caso aislado. En términos generales, las políticas tienden a priorizar la “recuperación de las pesquerías” antes que la recuperación integral de los ecosistemas dañados por estas actividades. Esa mirada parcial resulta insuficiente.
Por eso, como sociedad debemos dejar de concebir el mar como una fuente inagotable de “recursos” y reconocer el papel ecológico de cada especie. Solo documentándonos y comprendiendo la dinámica de nuestro ecosistema marino podremos plantear y ejecutar acciones efectivas que aseguren su conservación.









