Un estudio de Stanford Medicine revela que escuchar la voz de su madre promueve el desarrollo de las vías neuronales del lenguaje en bebés prematuros. Al reproducir grabaciones de madres leyendo, los investigadores observaron una maduración significativa en una región clave del cerebro, lo que sugiere una intervención sencilla y poderosa para mejorar el desarrollo cerebral.

Un reciente estudio de Stanford Medicine ha revelado que el simple acto de escuchar la voz de su madre promueve el desarrollo de las vías neuronales del lenguaje en el cerebro de los bebés prematuros. La investigación, publicada en la revista científica «Frontiers in Human Neuroscience», mostró que los bebés hospitalizados que escucharon grabaciones de sus madres leyendo durante varias semanas desarrollaron una vía cerebral clave para el lenguaje con mayor madurez que los que no recibieron esta intervención.

El estudio, el primer ensayo controlado aleatorio de su tipo, es evidencia contundente de que la exposición al habla en una etapa tan temprana del desarrollo es un factor crucial que contribuye al progreso cerebral. De acuerdo con los investigadores, esta estrategia podría transformar el cuidado neonatal, mejorando el futuro desarrollo del lenguaje en niños nacidos de forma prematura.

Los bebés prematuros, que nacen con al menos tres semanas de anticipación, a menudo permanecen en el hospital durante semanas o meses, perdiendo una cantidad significativa de la exposición a la voz de su madre que habrían tenido si hubieran continuado su desarrollo en el útero. Este déficit de estímulo sonoro ha sido una de las principales sospechas detrás de los retrasos en el lenguaje que a menudo presentan estos niños.

Para comprobar su hipótesis, el equipo de investigación decidió aumentar la exposición de los bebés prematuros a las voces de sus madres mientras estaban hospitalizados. El estudio incluyó a 46 bebés nacidos con más de ocho semanas de antelación. Después de que los bebés salieron de la unidad de cuidados intensivos neonatales y se estabilizaron, fueron divididos en dos grupos. El primer grupo, el de tratamiento, escuchó grabaciones de sus madres leyendo un capítulo del libro infantil Paddington Bear, por un total de 160 minutos cada noche. El grupo de control no recibió esta intervención sonora.

“Los bebés fueron expuestos a esta intervención por un tiempo relativamente corto”, indicó la doctora Melissa Scala, profesora clínica de pediatría y neonatóloga en el Hospital Lucile Packard de Stanford, y coautora del estudio. “A pesar de eso, pudimos ver diferencias muy medibles en sus tractos de lenguaje. Es muy poderoso que algo tan pequeño parezca hacer una gran diferencia”.

El equipo de investigación, dirigido por la doctora Katherine Travis, ex profesora asistente de Stanford Medicine y actual profesora asistente en la Escuela de Medicina Weill Cornell y en el Instituto Neurológico Burke, realizó resonancias magnéticas de los cerebros de los bebés antes de su alta hospitalaria. Los escáneres se centraron en los fascículos arcuados, los cuales son haces de fibras nerviosas que ayudan a procesar y entender el sonido. El fascículo arcuado izquierdo, en particular, está especializado en el procesamiento del lenguaje.

Los resultados de las resonancias magnéticas mostraron una diferencia importante: el fascículo arcuado izquierdo era más maduro en los bebés que escucharon las grabaciones de sus madres, en comparación con el grupo de control. El fascículo arcuado derecho se vio menos afectado, lo que coincide con el conocimiento existente sobre cómo los hemisferios cerebrales procesan el habla. Este descubrimiento refuerza la idea de que la exposición al habla en etapas tempranas es crucial para el desarrollo cerebral.

“Me sorprendió lo fuerte que fue el efecto”, afirmó la doctora Katherine Travis. “El hecho de que podamos detectar diferencias en el desarrollo cerebral tan pronto sugiere que lo que hacemos en el hospital es importante. La exposición al habla es importante para el desarrollo cerebral”.

Este hallazgo es especialmente relevante para los padres de bebés prematuros, quienes a menudo experimentan estrés y sentimientos de impotencia durante la hospitalización de sus hijos. A pesar de que los expertos continuarán promoviendo las visitas en persona y el contacto piel con piel, los hallazgos de este estudio ofrecen una herramienta adicional, sencilla y eficaz.

“Esta es una forma en que, incluso si no pueden estar allí tanto como quisieran, el bebé sigue escuchándolos y sabiendo que están allí”, aseguró la doctora Melissa Scala. “Y los padres siguen contribuyendo al desarrollo cerebral del bebé”.

Los científicos planean estudios futuros para determinar si los beneficios se extienden a bebés con complicaciones médicas. Además, están explorando en detalle cómo las grabaciones de voz ejercen sus efectos, para poder crear planes personalizados para los pacientes, con el objetivo de optimizar los sonidos que escuchan los recién nacidos en la unidad de cuidados intensivos, y así promover un mejor desarrollo cerebral.

*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.

Foto de Jonathan Borba