¿Atrapado en un bucle de noticias negativas? El Dr. Craig Sawchuk, psicólogo de Mayo Clinic, explica por qué ocurre y cómo proteger tu bienestar emocional ahora.
En un mundo hiperconectado, es común encontrarse al final del día deslizando el dedo por la pantalla del celular, pasando de una noticia catastrófica a otra sin poder detenerse. Este fenómeno, conocido como doomscrolling, no es solo una distracción inofensiva; es un comportamiento que puede socavar profundamente nuestra salud mental, afectando el sueño, el ánimo y nuestras relaciones personales.
Craig Sawchuk, Ph.D., psicólogo en Mayo Clinic en Rochester, explica que la palabra «doom» (fatalidad) no es gratuita, ya que genera una reacción emocional intensa que nos mantiene anclados a la pantalla. Aunque el término se popularizó en 2020 durante los meses más inciertos de la pandemia de COVID-19, la tendencia a buscar información negativa de manera compulsiva persiste hasta hoy, convirtiéndose en un desafío cotidiano para millones de usuarios.

¿Por qué nuestro cerebro busca la «fatalidad»?
Según el especialista, existe una razón evolutiva detrás de este comportamiento. Nuestro cerebro está programado biológicamente para detectar novedades y, sobre todo, amenazas. En el pasado, esta capacidad de identificar peligros antes de que fuera demasiado tarde garantizaba la supervivencia de la especie. Sin embargo, en la era de los algoritmos y las redes sociales, este mecanismo de defensa se vuelve en nuestra contra.
«Cuando piensa en la palabra doom, esta genera una fuerte reacción emocional», explica el Dr. Craig Sawchuk, Ph.D., psicólogo en Mayo Clinic. El experto señala que lo que a menudo comienza como un intento legítimo de comprender una situación para estar mejor preparados, rápidamente se transforma en una búsqueda obsesiva e improductiva. Al encontrar contenido negativo, este actúa como una lente que nos predispone a consumir aún más historias desalentadoras, creando un círculo vicioso de ansiedad y desánimo.
El costo oculto del desplazamiento infinito
El impacto del doomscrolling va más allá de un mal momento. Uno de los efectos más nocivos es la denominada «procrastinación del sueño». Al usar el dispositivo por la noche, es extremadamente difícil desconectarse, lo que retrasa la hora de dormir y deteriora la calidad del descanso. «La alteración del sueño hace que no seamos personas especialmente agradables en el trato. Al día siguiente somos menos tolerantes y más impacientes», afirma el Dr. Craig Sawchuk.
Además, el tiempo dedicado a esta actividad sedentaria suele robarle espacio a hábitos fundamentales para el equilibrio emocional, como el ejercicio físico, el contacto con la naturaleza y la socialización con amigos y familiares. En lugar de obtener respuestas que calmen la incertidumbre, el usuario termina con una sobrecarga de información que, lejos de ayudar a tomar decisiones, genera una parálisis por análisis y una profunda sensación de impotencia.
Estrategias para recuperar el control
Para contrarrestar esta inclinación natural del cerebro hacia lo negativo, el Dr. Sawchuk sugiere realizarse preguntas críticas:
- ¿Esta información realmente me ayuda a planificar mi futuro?
- ¿Puedo hacer algo respecto a esta noticia?
- ¿Cómo me siento realmente después de diez minutos de lectura?
Una vez identificado el problema, el siguiente paso es establecer límites estructurales. Una recomendación eficaz es programar alarmas para limitar el consumo de noticias a períodos cortos, por ejemplo, 15 o 20 minutos dos veces al día. Asimismo, es vital realizar una autoevaluación emocional frecuente. Si tras unos minutos de navegación el estado de ánimo decae, es la señal inequívoca de que es momento de soltar el dispositivo y sustituir la pantalla por actividades reparadoras como caminar, leer un libro o conversar con alguien.
En última instancia, romper la espiral del doomscrolling requiere consciencia y disciplina. No se trata de ignorar la realidad, sino de filtrar el ruido digital para que la información sea una herramienta de utilidad y no una fuente de angustia constante.
*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.

