Descubre cómo los cambios en tu dieta y el menor consumo de frutas durante los días fríos pueden afectar tu salud respiratoria según expertos del Instituto Carrión.
Con la reciente llegada de temperaturas bajas a Lima, la salud de miles de personas se pone a prueba. Según el reporte del 8 de mayo de 2026, muchas personas modifican su alimentación sin ser plenamente conscientes de ello, lo que incrementa significativamente el riesgo de contraer enfermedades respiratorias. Este fenómeno no es solo una percepción; existe una base biológica que explica por qué nos sentimos más vulnerables cuando el termómetro desciende.
“El cambio de clima genera un estrés fisiológico en el organismo, ya que el cuerpo debe adaptarse a variaciones de temperatura y humedad», explica Aitor Bengoa Domínguez, coordinador académico de la carrera de Nutrición y Dietética del Instituto Carrión. El especialista añade que, durante las épocas de frío, la menor exposición al sol impacta negativamente en los niveles de vitamina D, un componente que resulta fundamental para la correcta función inmunológica del ser humano.
Errores comunes en la mesa
A menudo, la respuesta instintiva al frío es buscar confort en alimentos densos, pero esta elección suele llevarnos a cometer errores críticos. Uno de los fallos más recurrentes es la reducción drástica en el consumo de frutas y verduras frescas. Al mismo tiempo, las personas tienden a optar por productos ultraprocesados y bebidas calientes con niveles excesivos de azúcar.
Este cambio en el patrón alimenticio se ve agravado por una disminución en la actividad física y una marcada preferencia por alimentos que, si bien son más calóricos, carecen del valor nutritivo necesario para proteger al cuerpo. Esta combinación de factores debilita directamente las defensas naturales del organismo, dejándolo expuesto a virus y bacterias estacionales.
Nutrientes esenciales para la protección
Para contrarrestar los efectos negativos del clima y el estrés fisiológico, es imperativo mantener una dieta variada que asegure la ingesta de micronutrientes específicos. De acuerdo con la información técnica proporcionada, existen cuatro pilares vitamínicos y minerales que no pueden faltar:
- Vitamina C: Esencial para el sistema inmune, se encuentra principalmente en cítricos y diversas verduras.
- Vitamina D: Clave para la regulación inmune, especialmente cuando la luz solar es escasa.
- Zinc: Este mineral contribuye a que el organismo genere una respuesta adecuada ante las amenazas externas.
- Vitamina A: Actúa como un escudo para las mucosas, ayudando a protegerlas frente a posibles infecciones.
Además de estos nutrientes, se recomienda dar prioridad a los alimentos naturales y de temporada. La incorporación de proteínas de alta calidad y grasas saludables —como las presentes en la palta o los frutos secos— es vital para mantener la energía y la estructura celular. No debemos olvidar los alimentos fermentados, como el yogurt, que fortalecen la microbiota intestinal, una pieza clave de nuestro sistema de defensa.
Hidratación y calidez
Una excelente estrategia para esta temporada es el consumo de preparaciones calientes. Las sopas, caldos e infusiones no solo ofrecen una sensación de bienestar térmico, sino que son vehículos eficientes para mantener la hidratación y aportar nutrientes de fácil absorción.
Es fundamental entender que la prevención empieza en el plato. Como bien señala Aitor Bengoa Domínguez, coordinador académico de la carrera de Nutrición y Dietética del Instituto Carrión, “pequeños cambios en la dieta pueden marcar una gran diferencia en la respuesta del organismo frente a las enfermedades estacionales”. Ajustar nuestros hábitos hoy es la mejor inversión para un invierno saludable.
*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.





