Esta semana, el pediatra e investigador Enrique Gómez escribe sobre cafeína, sueño, rendimiento y por qué una lata puede contener mucho más de lo que parece.

Por Enrique Gómez, MD, MSc.*

Es lunes por la mañana. Un adolescente durmió cinco horas, tiene clases todo el día y entrenamiento por la tarde. Antes de entrar al colegio compra una bebida energizante.

“Necesito energía”.

Parece una solución sencilla: está cansado, toma algo que promete energía y pocos minutos después se siente más despierto. Pero existe un problema. La bebida no ha corregido la falta de sueño ni le ha proporcionado al cerebro el descanso que necesitaba. Lo que ha hecho es enmascarar temporalmente el cansancio con estimulantes.

Y cuando hablamos de niños y adolescentes, las sociedades pediátricas han sido claras: las bebidas energizantes no deberían formar parte de su alimentación.

¿De dónde viene realmente la “energía”?

El nombre puede resultar engañoso. Cuando el cuerpo necesita energía, la obtiene de los alimentos. Una bebida energizante puede contener azúcar y, por tanto, calorías, pero el efecto que la mayoría de las personas busca no es nutricional. Lo que espera es sentirse más despierto, más alerta y menos cansado. Ese efecto proviene principalmente de la cafeína.

La cafeína actúa bloqueando los receptores de adenosina en el cerebro. La adenosina se acumula a lo largo del día y participa en la sensación de sueño. Al bloquear temporalmente su acción, la cafeína puede hacer que una persona se sienta menos cansada.

Pero sentirse menos cansado no significa estar menos cansado. Si un adolescente durmió cinco horas, la cafeína no transforma esas cinco horas en ocho.

¿Tienen algún beneficio?

En adultos, la cafeína puede aumentar temporalmente el estado de alerta y, en determinadas circunstancias, mejorar algunos aspectos del rendimiento físico. Pero eso no significa que los adolescentes necesiten bebidas energizantes para estudiar, rendir mejor o entrenar.

Además, estas bebidas no son simplemente café en una lata. Muchas combinan cantidades importantes de cafeína con azúcar o edulcorantes y otros ingredientes promocionados para aumentar la energía, concentración o rendimiento. Tampoco deben confundirse con las bebidas deportivas.

Una bebida deportiva está diseñada principalmente para aportar agua, carbohidratos y electrolitos durante ejercicio intenso o prolongado. Una bebida energizante busca estimular. Hidratar y estimular no son lo mismo.

El círculo entre cafeína y mal dormir

Este probablemente sea uno de los problemas más importantes durante la adolescencia. Como ya hemos comentado al hablar del sueño, durante la pubertad el reloj biológico tiende naturalmente a retrasarse. Muchos adolescentes sienten sueño más tarde, pero deben seguir levantándose temprano para ir al colegio.

Ahora añadamos una bebida energizante.

El adolescente duerme poco, toma cafeína para funcionar durante el día, la cafeína puede dificultar que concilie el sueño esa noche y al día siguiente vuelve a necesitar cafeína porque está cansado.

Así comienza un círculo muy fácil de mantener: duermo poco → necesito cafeína → duermo peor → necesito más cafeína.

La bebida no resolvió el problema. Solo ayudó a ocultarlo durante unas horas. Y allí aparece otra confusión frecuente: sentirse más despierto no significa necesariamente haber recuperado el rendimiento perdido por dormir poco. Un adolescente puede notar menos sueño por un rato y, aun así, mantener una deuda de descanso que afecta la memoria, la atención, el aprendizaje, el control de impulsos y el estado de ánimo.

Cuando la lata empeora el problema

La cafeína es un estimulante y sus efectos no se limitan al cerebro. Puede aumentar la frecuencia cardíaca y la presión arterial, y producir temblor, nerviosismo, ansiedad, dolor de cabeza, molestias gastrointestinales e insomnio.

Con cantidades elevadas pueden aparecer palpitaciones y, en algunos casos, alteraciones del ritmo cardíaco. Las intoxicaciones importantes por cafeína pueden requerir atención médica.

El riesgo tampoco es igual para todos. Un adolescente con ansiedad, problemas cardíacos, ciertos trastornos neurológicos o que toma determinados medicamentos puede ser particularmente vulnerable a estos efectos.

Además, la cafeína puede generar tolerancia y dependencia física. Con el consumo frecuente, una persona puede necesitar cantidades mayores para obtener el mismo efecto y presentar dolor de cabeza, irritabilidad, cansancio o dificultad para concentrarse cuando deja de consumirla de forma abrupta.

Un adolescente con ansiedad, problemas cardíacos, ciertos trastornos neurológicos o que toma determinados medicamentos puede ser particularmente vulnerable a estos efectos

Más cafeína de la que parece

Otro problema es saber cuánto se está consumiendo realmente. Una bebida puede contener cafeína añadida directamente y, además, ingredientes como guaraná, que también es una fuente de cafeína. A eso pueden sumarse taurina, ginseng, L-carnitina y otras sustancias promocionadas para aumentar la energía, concentración o rendimiento.

No todos estos ingredientes son estimulantes como la cafeína ni tienen los mismos efectos. Precisamente por eso, presentar una larga mezcla de sustancias como una fórmula para obtener “más energía” puede resultar confuso para el consumidor.

La presencia de estos ingredientes hace que una lata colorida vendida junto a una gaseosa sea, fisiológicamente, algo bastante diferente de una bebida convencional.

Y aquí aparece una confusión importante para muchas familias: que un producto sea legal y fácil de comprar no significa que sea apropiado para un adolescente.

Una sola lata puede contener una cantidad considerable de cafeína, y diferentes productos pueden contener cantidades muy distintas.

Sin azúcar no significa sin riesgo

Existe además una nueva generación de bebidas energizantes que anuncian “cero azúcar” o “cero calorías”. Eso elimina uno de los problemas, pero no el principal.

Una bebida energizante sin azúcar puede seguir aportando cantidades importantes de cafeína. Por eso, evaluarla solamente por sus calorías es un error. Una bebida energizante sin azúcar sigue siendo una bebida energizante.

¿Está cansado porque duerme poco? ¿La usa para estudiar? ¿Antes del entrenamiento? ¿Le gusta el sabor? ¿La consume porque sus amigos también lo hacen?

¿Y antes de hacer deporte?

Aquí existe otra confusión frecuente. Un adolescente puede pensar que si una bebida promete “energía”, debe ayudarlo antes de un partido o entrenamiento. Pero durante el ejercicio el corazón ya aumenta de forma natural su frecuencia, la demanda cardiovascular crece y puede existir pérdida de líquidos por sudoración. Agregar grandes cantidades de cafeína no equivale a hidratarse.

Para la mayoría de los adolescentes que realizan actividad física habitual, el agua sigue siendo la bebida principal. Las bebidas deportivas pueden tener usos específicos durante ejercicio vigoroso y prolongado, pero eso es completamente diferente de una bebida energizante.

¿Qué pueden hacer los padres?

La recomendación es sencilla: niños y adolescentes deberían evitar las bebidas energizantes.

Pero si un adolescente ya las consume, prohibirlas sin preguntar por qué puede hacernos perder una oportunidad importante.

Primero conviene entender qué está buscando. ¿Está cansado porque duerme poco? ¿La usa para estudiar? ¿Antes del entrenamiento? ¿Le gusta el sabor? ¿La consume porque sus amigos también lo hacen?

Si la utiliza repetidamente para combatir el cansancio, probablemente el problema más importante no esté dentro de la lata. Puede estar en las horas de sueño, el horario escolar, las actividades nocturnas, el uso del teléfono o una rutina que simplemente no le permite descansar lo suficiente.

Algunas medidas útiles pueden ser:

  • Hablar del motivo por el que la consume, no solo del producto.
  • Revisar los horarios de sueño y el uso de pantallas por la noche.
  • Evitar tener estas bebidas disponibles en casa de forma habitual.
  • Buscar soluciones reales para el cansancio: dormir más, alimentarse adecuadamente, hidratarse y reorganizar rutinas.
  • Si ya existe un consumo frecuente de cafeína, reducirlo gradualmente puede ayudar a disminuir los síntomas de abstinencia.

La energía no viene en una lata

El marketing de estas bebidas ha conseguido algo muy eficaz: transformar el cansancio en un problema que aparentemente puede resolverse comprando una bebida. Pero el cansancio también es información.

Puede estar diciendo que el adolescente necesita dormir, comer, hidratarse o descansar. Cuando esa señal se tapa repetidamente con cafeína, no se resuelve la causa: solo se posterga.

Una bebida puede hacerlo sentir más despierto durante unas horas. No puede reemplazar el sueño, una alimentación adecuada ni el descanso. La cafeína puede disminuir temporalmente la sensación de cansancio. No puede devolverle al cuerpo el descanso que perdió.

Cinco ideas clave

  • Los niños y adolescentes deberían evitar las bebidas energizantes.
  • Las bebidas energizantes no son bebidas deportivas: estimular e hidratar son cosas diferentes.
  • La sensación de “energía” proviene principalmente de la cafeína; sentirse menos cansado no significa haber recuperado el descanso perdido.
  • “Sin azúcar” o “sin calorías” no significa inocua: una bebida energizante puede seguir conteniendo cantidades importantes de cafeína.
  • Cuando un adolescente necesita estas bebidas repetidamente para funcionar durante el día, además de retirar la lata conviene preguntarse por qué está tan cansado.

Foto: Ketut Subiyanto

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