martes, julio 28, 2026
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Día Mundial de la Hepatitis: claves para detectar el virus

Las hepatitis virales causan un daño silencioso. En estos casos, la vacunación y el diagnóstico temprano son de las estrategias más importantes para prevenir cirrosis.

La hepatitis se ha consolidado como un problema crítico de salud pública mundial. Esta patología se caracteriza por su capacidad para permanecer oculta en el organismo durante varios años sin manifestar ningún síntoma evidente. Sin embargo, mientras el paciente desconoce su diagnóstico, el virus continúa actuando de forma progresiva. Cuando finalmente la enfermedad es identificada, en muchos casos ya ha generado daños sumamente graves e irreversibles en la estructura del hígado.

De acuerdo con cifras oficiales publicadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), las hepatitis virales provocan alrededor de 1,3 millones de muertes cada año. Estas lamentables defunciones se deben principalmente a complicaciones avanzadas como el desarrollo de cirrosis o cáncer hepático. En el marco de la conmemoración del Día Mundial contra la Hepatitis, fecha que se recuerda en todo el planeta cada 28 de julio, se busca que la población comprenda las diferencias entre las principales variantes del virus y adopte medidas de prevención efectivas, considerando que existen vacunas disponibles que pueden evitar su contagio de manera oportuna.

“La hepatitis suele considerarse una enfermedad silenciosa porque muchas personas no presentan síntomas durante las primeras etapas de la infección. Sin embargo, mientras el virus continúa afectando el hígado, pueden desarrollarse complicaciones graves si no se detecta y trata a tiempo”, explica la Lic. Sandy Jessenia Martínez Villar, docente de Enfermería Técnica del Instituto Carrión.

Es vital entender que la hepatitis de origen viral no actúa de una sola forma, ya que existen distintas variantes de la enfermedad y cada una presenta dinámicas de transmisión muy particulares. Por ejemplo, la hepatitis A se contrae habitualmente mediante la ingesta e infección por consumo de agua o alimentos contaminados, generando casi siempre un cuadro de infección aguda en el paciente.

Por otro lado, la hepatitis B se contagia cuando una persona entra en contacto directo con sangre o fluidos corporales de alguien infectado, durante relaciones sexuales sin el uso de protección o de la madre hacia el hijo al momento de producirse el parto. Finalmente, la hepatitis C se transmite primordialmente a través del contacto con sangre que se encuentre contaminada con el virus.

Frente a este escenario, la vacunación contra la hepatitis B se posiciona como la estrategia más segura, duradera y eficiente para frenar el impacto del patógeno. Los protocolos médicos recomiendan que todo recién nacido debe recibir su primera dosis de inmunización obligatoria dentro de las primeras 24 horas posteriores a su nacimiento. Asimismo, en el marco del Esquema Nacional de Vacunación, los ciudadanos que se encuentren entre los 15 y 59 años y no hayan sido inmunizados en su etapa infantil tienen derecho a acceder sin costo alguno a sus tres dosis correspondientes en los centros y puestos pertenecientes al sistema de salud público.

El peligro más alarmante de la hepatitis B radica justamente en que la infección puede avanzar de manera asintomática por décadas. No obstante, cuando el daño en el órgano se intensifica, empiezan a aparecer señales visibles de alerta que no deben ser pasadas por alto. Entre las más habituales destacan una fatiga o cansancio intenso, pérdida drástica del apetito, náuseas recurrentes, molestias o dolor en la zona superior del abdomen, oscurecimiento notable de la orina y la aparición de una tonalidad amarillenta tanto en la piel como en los ojos, condición médica conocida popularmente como ictericia. Si una persona detecta alguna de estas manifestaciones en su cuerpo, resulta imprescindible acudir de inmediato a un centro médico para someterse a una evaluación profesional y realizarse los exámenes de laboratorio necesarios.

Aparte de aplicarse las vacunas correspondientes, existen hábitos cotidianos y medidas de cuidado personal que reducen drásticamente el riesgo de infección. Es imprescindible usar preservativo al momento de sostener relaciones sexuales, así como jamás compartir con otras personas artículos de uso personal como jeringas, agujas, rasuradoras o cepillos de dientes. De igual modo, si alguien decide hacerse un tatuaje o colocar una perforación corporal, debe certificar meticulosamente que los materiales de trabajo estén estériles. En el caso de las gestantes, las pruebas de descarte durante los controles prenatales permiten detectar el virus a tiempo y evitar que sea transmitido al bebé.

Existen también varios mitos que circulan entre la población y que dificultan la prevención. Uno de los más frecuentes es pensar que si no hay síntomas, no hay presencia del virus. La realidad indica que tanto la hepatitis B como la C pueden permanecer ocultas por años mientras destruyen el tejido hepático. Otro mito común es creer que la enfermedad siempre tiñe la piel de amarillo, cuando lo cierto es que la ictericia no siempre se manifiesta en las fases tempranas.

“La mayoría de los casos graves pueden evitarse si la enfermedad se detecta de manera oportuna. Vacunarse, conocer las formas de transmisión y acudir al establecimiento de salud ante cualquier señal de alerta son medidas sencillas que ayudan a proteger el hígado y prevenir complicaciones como la cirrosis o el cáncer de hígado”, concluye la especialista del Instituto Carrión.

*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.

Foto: Gustavo Fring

Redacción Vida y Futuro
Redacción Vida y Futuro
Equipo de analistas y periodistas especializados en temas de ciencia, tecnología, innovación, salud y medio ambiente.
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