La organización de los prestigiosos galardones que premian la ciencia improbable abandona Harvard y el MIT debido a las dificultades de seguridad para sus invitados.
Tras 35 años de historia ininterrumpida en prestigiosas instituciones, como la Universidad de Harvard, el MIT y la Universidad de Boston, los organizadores de los premios Ig Nobel -también conocidos como los «Antinobel»- han anunciado que la ceremonia abandonará Estados Unidos. La decisión no es menor: la 36ª edición de estos galardones, conocidos popularmente también como los «Nobel de broma», se celebrará el próximo 3 de septiembre en Zúrich, Suiza.
Este cambio de sede marca un hito en la historia de la divulgación científica mundial. Marc Abrahams, fundador y maestro de ceremonias del evento, ha sido tajante al explicar los motivos detrás de este traslado internacional. Según una nota de prensa emitida por la organización, el clima sociopolítico actual en el país norteamericano ha pesado más que la tradición. «Durante el último año, visitar el país se ha vuelto inseguro para nuestros invitados. No podemos pedirles en buena conciencia a los nuevos ganadores, ni a los periodistas internacionales, que viajen a Estados Unidos este año», afirmó Abrahams.
Según informa «El País» de España, la mudanza responde a una crisis estructural que afecta a la ciencia en territorio estadounidense. Desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump, la comunidad científica ha enfrentado recortes drásticos. Se estima que la Administración ha cancelado más de 2.400 proyectos del Instituto Nacional de Salud (NIH) y ha propuesto reducir su presupuesto en un 40,0%, pasando de 47.000 a 27.000 millones de dólares.
Los Ig Nobel, organizados por la revista «Annals of Improbable Research», no son simples parodias. Su misión es despertar la curiosidad pública premiando investigaciones reales, pero insólitas. Cada año, diez galardonados reciben su premio de manos de auténticos premios Nobel en una ceremonia caracterizada por el lanzamiento de aviones de papel y un humor inteligente. Entre los hallazgos premiados en ediciones anteriores se encuentran estudios sobre si el alcohol ayuda a hablar mejor idiomas extranjeros o el efecto disuasorio de pintar rayas de cebra sobre las vacas para evitar picaduras de moscas.
La nueva etapa en Europa promete un dinamismo similar al de grandes eventos culturales. Marc Abrahams ha señalado que el plan a largo plazo es alternar la sede entre Zúrich —cada dos años— y otras ciudades europeas en los años intermedios, comparando el formato con el festival de Eurovisión. En esta transición, la Universidad de Zúrich jugará un rol fundamental. Curiosamente, uno de sus académicos, el epidemiólogo Milo Puhan, profesor de epidemiología y salud pública, ya fue galardonado en el 2017 por demostrar que tocar el didgeridú reduce los ronquidos. «Suiza ha dado cobijo a muchas cosas buenas e inesperadas —la física de Albert Einstein, la economía mundial y el reloj de cuco— y vuelve a ayudar al mundo a apreciar a personas e ideas improbables», destacó Abrahams, según el rotativo español.
A pesar de este traslado a Europa, los investigadores que residen en Estados Unidos no quedarán totalmente olvidados. La organización tiene previsto realizar un evento menor en Boston el 24 de septiembre para reunir a ganadores anteriores. Sin embargo, el grueso de la «ciencia improbable» ahora hablará con acento europeo, buscando un entorno que garantice la movilidad y la seguridad de sus mentes más brillantes. Según Nature, estos premios son el momento más destacado del calendario científico, y ahora Suiza se prepara para recibirlos con los brazos abiertos.
*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.
FUENTE: «El País»





