Descubre las diferencias entre la caída cotidiana y normal y la alopecia, así como sobre los tratamientos actuales y la importancia de un diagnóstico profesional con la doctora Mariana Lavia.

La pérdida de cabello es una de las preocupaciones estéticas y de salud que más impacto genera en la calidad de vida de las personas. Sin embargo, existe mucha desinformación entre lo que es un proceso biológico natural y lo que realmente es una patología. En una entrevista exclusiva con el nuevo podcast Vida y Futuro A Fondo, la doctora argentina Mariana Lavia, médica dermatóloga y especialista en tricología desmitificó varios conceptos sobre la salud capilar y ofreció pautas claras para identificar cuándo estamos ante un problema real.

Ella estuvo en Lima para participar en CROSSMED 360 un summit organizado por Adium Perú, con el que buscan promover la integración multidisciplinaria en el abordaje del paciente, considerando la interconexión entre distintos sistemas y especialidades médicas.

¿Alopecia o caída temporal?

Lo primero que aclara la especialista es que no toda pérdida de cabello es sinónimo de enfermedad. El pelo tiene un ciclo de vida que incluye fases de crecimiento, reposo y caída. «Es habitual y esperable que tengamos caída de pelo a diario. Lo que es normal, en una cuenta básica, es perder entre 100 y 150 pelos por día», explica la doctora Lavia.

Cuando esta caída se acelera por factores externos como el estrés, déficit nutricional o postparto, pero no hay una pérdida de densidad real, se habla de un «efluvio», que es básicamente una aceleración del ciclo piloso. En cambio, la alopecia es un término genérico para la falta de pelo, que puede manifestarse de formas muy distintas, como la alopecia androgénica (calvicie común) o la alopecia areata (pérdida en parches).

Signos de alarma y diagnóstico

Para el paciente, distinguir entre ambos procesos puede ser angustiante. La doctora Lavia señala que debemos prestar atención a cambios específicos: «Momentos de alarma son ver áreas donde falte el pelo realmente, zonas puntuales o una caída exagerada a mechones». También es relevante observar si las entradas se profundizan o si la línea central del cabello se ensancha.

Un error común que cometen las personas al notar que pierden cabello es dejar de lavárselo por miedo a que se caiga más. La especialista es enfática al respecto: «Mucha gente deja de lavarse el pelo porque cree que eso lo genera. Al lavarte cada cinco días, vas a juntar los pelos de todos esos días y vas a ver un montón de pelo, alimentando la idea de que el lavado es el culpable». El consejo profesional es mantener la higiene diaria o día por medio, ya que el pelo que cae en la ducha es pelo que ya estaba desprendido.

El rol del tricólogo y los tratamientos modernos

Cuando el problema persiste, el siguiente paso es acudir al especialista. Aunque el dermatólogo general puede tratar afecciones básicas, existe la figura del tricólogo. «El tricólogo es un dermatólogo que se especializa en las patologías del pelo y del cuero cabelludo», define la especialista.

Hoy en día, la ciencia ha avanzado lo suficiente como para ofrecer soluciones efectivas. Desde lociones y medicación oral hasta el implante capilar, las opciones son variadas. No obstante, el implante no es para todos los casos. En la alopecia androgénica es una opción tras un periodo de tratamiento médico, pero en casos de alopecia areata (de origen autoinmune), generalmente no se recomienda. «Lo más importante es un diagnóstico correcto. Si partimos de ahí, el tratamiento es el primer paso para una evolución favorable», afirma la especialista.

Salud capilar y hábitos de vida

Finalmente, la doctora subraya que el cabello es un reflejo de nuestra salud general. El déficit de hierro (ferritina), la anemia o problemas de vitamina D son causas frecuentes de caída, especialmente en mujeres. Además, el envejecimiento capilar es una realidad. «Dormir bien, no fumar y no tomar alcohol hacen que el pelo envejezca de una manera más saludable», concluye Lavia, recordando que la longevidad capilar depende tanto de la genética como de nuestros hábitos diarios.