Una persona puede empezar su jornada, cumplir con sus labores diarias y sentirse perfectamente bien mientras su presión arterial se mantiene en niveles peligrosamente altos durante meses o años. Es, realmente, un enemigo silencioso que no duele ni avisa, pero que puede desencadenar infartos, accidentes cerebrovasculares o daño renal severo.

Por Miguel A. Arce-Huamani, docente investigador de la Universidad Privada Norbert Wiener.

Una persona puede levantarse, ir a trabajar, hacer sus actividades habituales y sentirse perfectamente bien mientras su presión arterial permanece elevada durante meses o incluso años. Ese es uno de los grandes problemas de la hipertensión: muchas veces no duele, no produce señales claras y puede avanzar silenciosamente hasta que aparece una complicación seria, como un infarto, un accidente cerebrovascular o daño renal.

Por eso se le suele llamar el “asesino silencioso”. No es una exageración. La Organización Mundial de la Salud estima que alrededor de 1.400 millones de adultos de 30 a 79 años vivían con hipertensión en el 2024 y que cerca del 44% desconocía que tenía esta condición. Solo alrededor de una cuarta parte la mantenía adecuadamente controlada. (https://www.who.int/news-room/events/detail/2026/05/17/default-calendar/world-hypertension-day-2026) (https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/hypertension)

En el Perú, el problema también merece atención. Junto con Milagros Gonzales-Falcón y Gino Felandro-Taco analizamos información de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) 2023 para conocer qué características estaban asociadas con la hipertensión en los adultos peruanos. El estudio incluyó a 29 826 personas de 18 años o más y fue posteriormente publicado en “The Journal of Clinical Hypertension”.

Encontramos que el 9,2% de los adultos incluidos reportaba tener hipertensión. Es importante entender correctamente este dato. Nuestro estudio evaluó principalmente el antecedente autorreportado de hipertensión, es decir, personas que informaban esta condición. No significa que solo uno de cada diez peruanos tenga presión arterial elevada.

De hecho, cuando ENDES incorpora también la medición directa de la presión arterial, el panorama es mayor. Para 2023, el INEI estimó una prevalencia de hipertensión de 19,4% en personas de 15 años o más considerando presión arterial elevada medida y/o diagnóstico; en 2024, este indicador llegó a 20,6%. Son definiciones diferentes y no deben compararse como si fueran exactamente la misma medición, pero juntas dejan un mensaje importante: una parte del problema puede permanecer oculta hasta que alguien se mide la presión. (https://proyectos.inei.gob.pe/endes/2023/departamentales_en/map/principal.html) (https://proyectos.inei.gob.pe/files/publicaciones/2024/ENFERMEDADES_ENDES_2024.pdf)

La edad importa, pero no explica todo

Uno de los patrones más claros de nuestro estudio fue el aumento de la hipertensión conforme avanzaba la edad. Es algo esperable desde el punto de vista biológico: con los años, las arterias pierden progresivamente elasticidad y se acumula la exposición a diferentes factores cardiovasculares.

Sin embargo, envejecer no significa que la hipertensión deba aceptarse como inevitable. Precisamente porque el riesgo aumenta con la edad, los controles periódicos se vuelven más importantes.

Nuestro análisis también encontró una asociación independiente entre diabetes e hipertensión. Ambas enfermedades comparten mecanismos metabólicos y cardiovasculares y, cuando aparecen juntas, incrementan considerablemente la preocupación por futuras complicaciones. Por ello, un paciente con diabetes no debería ser evaluado únicamente pensando en su glucosa: el control de la presión arterial, el peso, la función renal y otros factores cardiovasculares debe formar parte del mismo cuidado.

Otro hallazgo relevante fue el relacionado con el peso corporal. Aproximadamente dos tercios de los participantes presentaban sobrepeso u obesidad y observamos un patrón progresivo: la asociación con hipertensión era mayor en personas con obesidad que en aquellas con peso normal.

Esto no significa reducir un problema complejo a “bajar de peso”. Significa reconocer que la hipertensión, la obesidad y la diabetes forman parte de un mismo desafío cardiometabólico que debe abordarse mucho antes de que aparezcan sus consecuencias.

Lo que nuestros resultados no dicen

También es importante explicar lo que el estudio no permite concluir.

El tabaquismo y el consumo de alcohol mostraron asociaciones pequeñas o nulas en nuestro modelo principal. Esto de ninguna manera significa que fumar o beber alcohol protejan contra la hipertensión. En estas variables hubo una cantidad importante de información no reportada especialmente para tabaquismo y los análisis de sensibilidad mostraron que algunas estimaciones podían cambiar dependiendo de cómo se manejaban esos datos faltantes.

Esta es una lección que también trasciende nuestro estudio: en investigación, ausencia de una asociación estadística no equivale automáticamente a ausencia de riesgo. Los resultados deben interpretarse considerando cómo se recogieron los datos, qué variables estuvieron disponibles y cuáles fueron las limitaciones de la encuesta.

Medirse la presión debería ser parte de la rutina

La hipertensión tiene una característica que, paradójicamente, representa también una oportunidad: es relativamente sencilla de detectar.

No necesitamos esperar a sentirnos enfermos para conocer nuestra presión arterial. Su medición puede incorporarse de manera rutinaria en centros de salud, campañas comunitarias y controles de personas con diabetes, obesidad u otros factores cardiovasculares.

Pero detectar no basta. Una persona diagnosticada necesita seguimiento, acceso continuo al tratamiento y apoyo para mantenerlo. También son necesarias medidas que actúen antes de que aparezca la enfermedad: promover actividad física, mejorar la alimentación, reducir el exceso de sal, prevenir la obesidad y fortalecer la educación sanitaria desde edades tempranas.

Desde la perspectiva del sistema de salud, nuestros resultados respaldan una atención primaria mucho más integrada. No tiene sentido enfrentar hipertensión, diabetes y obesidad como problemas separados cuando frecuentemente aparecen en las mismas personas y comparten factores de riesgo.

La investigación basada en encuestas nacionales como ENDES permite identificar dónde se concentran los problemas y qué grupos necesitan mayor atención. Sin embargo, los datos solo adquieren verdadero valor cuando se convierten en decisiones: mejores estrategias de detección, prevención más temprana y continuidad del cuidado.

La hipertensión puede permanecer silenciosa, pero eso no significa que debamos esperar en silencio. Conocer nuestra presión arterial es un procedimiento de pocos minutos que puede cambiar el curso de muchos años de vida.

Foto: Thirdman