El microbiólogo peruano Pablo Tsukayama advierte, en diálogo con el podcast Vida y Futuro a Fondo, sobre la fragilidad del ecosistema científico nacional y las crecientes amenazas epidemiológicas pospandemia.

La experiencia de la emergencia sanitaria global parecía haber dejado una lección clara sobre la importancia de la inversión en salud y ciencia. Sin embargo, la realidad de la investigación científica en el país revela un panorama preocupante y un preocupante retroceso en la preparación ante futuras crisis sanitarias. Durante la pandemia del COVID-19, el esfuerzo coordinado de laboratorios universitarios y entidades públicas representó la mayor experiencia colaborativa en la historia de la ciencia peruana, pero los recursos asignados estuvieron lejos de los estándares internacionales recomendados para un monitoreo epidemiológico eficiente.

Así lo reveló el biólogo molecular y microbiólogo Pablo Tsukayama, director del Laboratorio de Vigilancia Genómica de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH), en una entrevista para el podcast Vida y Futuro a Fondo. El especialista detalló que, a pesar de lograr un hito histórico al leer el código genético de aproximadamente 50.000 muestras del virus SARS-CoV-2 en el territorio nacional, esta cifra representó apenas el 0,1% del total de los casos registrados, cuando la meta técnica internacional mínima establecida para una vigilancia genómica eficaz se ubica en el 1%.

«Hemos leído el código genético de 50.000 virus distintos de 50.000 infecciones distintas para entender cuánto varía entre las personas, por tratar de inferir patrones de transmisión y cómo va cambiando el virus», explicó el investigador de la UPCH, quien precisó que si bien el programa nacional dirigido por el Ministerio de Salud (Minsa) y el Instituto Nacional de Salud (INS) continúa generando cierta información, el financiamiento y la inversión pública han disminuido drásticamente tras el fin de la emergencia.

Esta reducción del presupuesto no solo afecta el monitoreo de los coronavirus, sino que deja desprotegido al país frente a múltiples amenazas biológicas y zoonosis vigentes como la influenza aviar, el resurgimiento global del sarampión por la caída en las tasas de inmunización, o brotes regionales de dengue y leptospirosis, los cuales se agudizan debido a los impactos del cambio climático y fenómenos como El Niño. Tsukayama enfatizó que las infecciones operan como un fenómeno ecológico donde intervienen el patógeno, el hospedero humano y las variables ambientales, un enfoque integrador conocido globalmente bajo el concepto de Una Salud.

El panorama para el capital humano en el ámbito científico también es desalentador. El especialista lamentó la falta de incentivos estatales y oportunidades laborales que empujan a los jóvenes investigadores peruanos formados en el extranjero a no retornar al país, generando una severa fuga de cerebros en áreas biomédicas críticas. De igual forma, criticó la marcada visión utilitarista de las autoridades políticas que exigen soluciones tecnológicas inmediatas sin comprender que las herramientas de emergencia, como las pruebas moleculares o las vacunas de ácido ribonucleico (ARN), son el resultado directo de décadas de inversión sostenida en investigación básica y conocimiento abstracto.

«La ciencia, la investigación, es la que nos ha sacado de una pandemia y la que nos va a sacar de los siguientes problemas de salud. ¿Por qué no vas a invertir en eso?», cuestionó el microbiólogo, tras señalar con profunda preocupación el avance de corrientes de desinformación e ideologías antivacunas que han escalado a las esferas más altas del poder global, debilitando el financiamiento de organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS).

*En la creación de este texto se usaron herramientas de inteligencia artificial.