La obesidad es una enfermedad y no falta de voluntad | VIDA Y FUTURO A FONDO

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El doctor mexicano Germán González conversa con el podcast y aclara el rol de la semaglutida, así como la importancia de desterrar el estigma social para tratar la obesidad como un mal crónico.

Por años, la sociedad ha mirado a las personas que viven con exceso de peso bajo el lente del prejuicio. Se ha instalado la falsa creencia de que se trata de un problema de autocontrol o pereza. Sin embargo, la ciencia médica es categórica: la obesidad es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial. No se reduce a una simple falta de voluntad. Así lo explicó detalladamente el endocrinólogo mexicano Germán González, en el episodio número 5 del videopodcast Vida y Futuro A Fondo, donde abordó las bases biológicas de esta condición y el impacto de las nuevas innovaciones farmacológicas.

De acuerdo con el especialista, el estigma ha sido una de las grandes barreras para el correcto abordaje de esta patología. “Hace 10 años, en los programas de medicina interna y de endócrino ni siquiera se hablaba de obesidad como enfermedad”, reveló el Dr. González, médico endocrinólogo. Esta falta de formación médica histórica se trasladó a las consultas, donde era común que los pacientes salieran solo con la indicación genérica de comer mejor y moverse más. Si bien la alimentación saludable y la actividad física constituyen la base irremplazable de cualquier intervención, para el especialista no lo son todo, debido a que el organismo cuenta con mecanismos biológicos que juegan en contra de la pérdida de peso espontánea.

El cuerpo humano está evolutivamente diseñado para almacenar energía y no para perderla. El especialista señaló que cuando una persona reduce su peso en un 5% mediante un plan estricto, se activa una alerta interna. Las hormonas encargadas de regular el apetito se elevan de forma natural como respuesta a lo que el organismo interpreta como una agresión. Esto incrementa de forma notable el apetito y genera los conocidos antojos. En este escenario, el tratamiento farmacológico moderno no actúa de forma mágica, sino que interviene modulando precisamente aquellas hormonas que controlan la saciedad a nivel del sistema nervioso central.

El auge y el verdadero rol de los fármacos GLP1

En el último tiempo, medicamentos basados en los llamados fármacos GLP1, como la semaglutida, han acaparado portadas y tendencias en redes sociales. El endocrinólogo precisó que estas sustancias no son nuevas, pues acumulan más de una década de investigación clínica, principalmente en el campo de la diabetes. Su función principal consiste en imitar y potenciar el efecto prolongado de una hormona orgánica que el tubo digestivo libera tras la ingesta de alimentos. Al hacerlo, disminuyen de manera drástica el denominado food noise o ruido de comida, que es ese pensamiento constante y obsesivo por comer que experimentan muchos pacientes sin necesidad de tener hambre física.

A pesar de su efectividad, existe un riesgo latente por el uso desinformado de estas terapias. Las noticias alarmistas sobre ingresos a urgencias por náuseas o diarreas severas suelen originarse, según el médico, cuando el fármaco es recomendado por terceros sin una evaluación profesional previa. “Se están usando para bajar de peso, pero no para tratar la enfermedad de obesidad”, alertó el Dr. González. El especialista mexicano remarcó que el enfoque de la salud pública no debe ser meramente “pesocentrista”, es decir, obsesionado con el número rígido de la báscula. El verdadero éxito terapéutico se mide en la ganancia neta de salud y en la prevención de complicaciones futuras.

El impacto de la obesidad va mucho más allá de lo estético. Científicamente, el exceso de tejido adiposo y la inflamación crónica subyacente se vinculan directamente con más de 200 complicaciones médicas. Entre ellas se encuentran males muy conocidos como la diabetes, la hipertensión arterial, el hígado graso y los infartos cardiovasculares. No obstante, el especialista también hizo hincapié en las complicaciones mecánicas, como el severo desgaste articular en rodillas y caderas por la carga física, y en las complicaciones mentales. Los trastornos de ansiedad y depresión sostienen una relación bidireccional con el peso: la ansiedad puede empujar a comer en exceso, y el estigma social de la obesidad puede detonar cuadros depresivos crónicos.

Un saco a la medida para cada paciente

El panorama epidemiológico es preocupante en la región. En el Perú, más del 60% de la población presenta algún grado de sobrepeso u obesidad. Ante esta realidad, el Dr. Germán González enfatizó que la intervención debe ser temprana. La costumbre médica habitual ha sido esperar a que el paciente desarrolle diabetes o hipertensión a los 40 años para recién iniciar un tratamiento, ignorando una década previa de inflamación constante que daña los órganos. Los pacientes con un índice de masa corporal superior a 30, o aquellos con sobrepeso que ya muestran resistencia a la insulina o grasa visceral, son candidatos idóneos para un manejo médico oportuno.

Finalmente, el endocrinólogo desmitificó la idea de que usar estos medicamentos signifique “hacer trampa” o elegir el camino fácil. El proceso exige una reestructuración completa de los hábitos de vida. Si el paciente no realiza ejercicios de fuerza ni mantiene un consumo adecuado de proteínas, la pérdida de peso puede corresponder a masa muscular y no a grasa, deteriorando su composición corporal. Del mismo modo, el llamado “efecto rebote” al suspender la medicación ocurre cuando se concibe al fármaco como una solución temporal de tres meses y no como parte del manejo de una enfermedad crónica. La clave radica en entender que estos fármacos funcionan como un puente dorado para transformar los hábitos de forma permanente, devolviéndole al paciente la movilidad, el bienestar y el control absoluto de su salud metabólica.